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PAQUETE LEGISLATIVO ANTI-VIDA
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las
Casas
VER
Aprovechando que no es tiempo de
elecciones, y que por ello no se exponen a perder votos de manera inmediata,
algunos legisladores lanzan ahora la propuesta de legitimar la eutanasia para
enfermos terminales. La llaman con términos que suenan compasivos y válidos,
pero equivalen a ayudar a morir a quien ya no quiera vivir. Y como el debate
está candente por la despenalización total del aborto, consideran oportuno el
momento para de una vez, en paquete, legislar contra la vida humana.
Se molestan legisladores del
Distrito Federal porque la jerarquía católica calificamos como un asesinato su
propuesta de liberalizar totalmente el aborto, y quieren que las autoridades
federales nos callen la boca. Se defienden diciendo que no impulsan el aborto,
sino que sólo protegen la salud de las mujeres con embarazos no deseados. Nos
acusan falsamente de que no nos importa la vida de esas mujeres, y nos hacen
aparecer como insensibles ante ellas. Es una manera de defenderse,
vituperándonos por todos los medios posibles.
Hay una guerra de spots
televisivos: el de Chespirito, dando gracias a su mamá por no haberlo
abortado, y el de Paulina, que lamenta no haber tenido la libertad para
abortar. Lo grave es el mensaje final de este spot: “Abortar es un
derecho social”. ¡Qué absurdo! Llamar bueno a lo que es malo. Calificar el
“derecho” a matar, como algo de justicia social. Eso es pervertir totalmente la
ética y la convivencia social. Cuando alguien no tiene un Ser Superior que le
oriente con certeza en sus criterios, se absolutiza a sí mismo como dios.
Uno que otro legislador chiapaneco
se está subiendo al barco proabortista, como si no hubiera otras urgencias en
nuestro Estado. Quizá obedezca a consignas de su partido, y si no lo hace pierde
oportunidad de subir. Quizá carezca de ideas propias y sea un oportunista.
JUZGAR
Un sacerdote amigo
envió a mi correo electrónico lo que le narró una mamá:
“Pasó algo curioso
con mis hijos: en la noche estaba viendo las noticias, cuando salió eso de la
legalización del aborto. Después de un rato, el peque corrió, me abrazó fuerte y
dijo:
“Mami, gracias por no haberme matado cuando estaba indefenso adentro de ti”.
El mayor se acercó y agregó, mientras me abrazaba también:
“Lo que quiere decir es que estamos muy contentos de que no nos hayas abortado
cuando apenas éramos un cigoto. ¡Gracias!!!”
Me dieron
un beso y se fueron a dormir. Escuché que comentaban antes de dormir, a solas en
su cuarto. No estaba espiando; se oía hasta afuera. Dijo el peque:
"Nosotros ya la libramos, pero te imaginas todos los que están en peligro de
morir sin poder defenderse? ¡Dios los ayude!”
Me quedé pensando mucho en todo. Quien diga que los niños no saben lo que
dicen, debería reconsiderar. A algunos niños les preocupa la vida. Mis hijos
tienen 7 años y medio y 11, respectivamente”.
Los legisladores anti-vida dicen
que los obispos queremos imponer a todo el país nuestros criterios católicos, y
que eso es contrario al laicismo del Estado mexicano. Nada más falso. Lo único
que pretendemos es defender la vida de los seres humanos recién concebidos, lo
cual no sólo es conforme con los mandatos bíblicos, sino también con las normas
jurídicas que el país ha firmado internacionalmente, como consta en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, del año 1948, ratificada por
nuestros legisladores: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad
y a la seguridad de su persona” (Artículo 3). “Toda persona tiene todos
los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna
de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra
índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier
otra condición” (Artículo 2). ¡No nos salgan con que el ser humano,
durante sus primeros días y semanas en el seno materno, no es individuo, no es
persona!
Recordamos
lo que dijo el Papa Juan Pablo II en su visita a México en 1999: “Que ningún
mexicano se atreva a vulnerar el don precioso y sagrado de la vida humana en el
vientre materno”. Pero como es probable que los legisladores no den marcha
atrás en su encarnizada decisión, tengamos en cuenta lo que el mismo Papa
expresó a los obispos de Austria, el 20 de noviembre de 1998:
“Aunque la mayor parte de la sociedad decidiera lo contrario, la dignidad de
cada ser humano sigue siendo inviolable desde su concepción en el seno materno
hasta su fin natural querido por Dios”. Por tanto, aunque las leyes civiles
permitan el aborto provocado, la ley de Dios es inmutable y sigue obligando a
todos, en particular a los que nos gozamos de tener esta fe, que nos enseña a
respetar la vida.
Otros legisladores, demostrando su
crasa ignorancia de lo que es la fe, sostienen que una cosa es la religión, y
otra la vida política, y que no se deben mezclar. Al respecto, dice el Papa
Benedicto XVI, en su Exhortación Sacramentum Caritatis: “El culto
agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en
nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la
propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una
importancia particular para quienes, por la posición social o política que
ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y
la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la
familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación
de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no
son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos,
conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente
interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar
leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana” (No. 83).
ACTUAR
Las mamás de los legisladores
abortistas, si aún viven, les habrían de exhortar a no hacerse responsables de
tantas vidas que se van a destruir impunemente en el seno materno.
Mantenernos firmes al defender la
vida desde su inicio intrauterino, hasta su término natural, y prepararnos al
debate sobre la eutanasia. Que nadie se avergüence de su fe, como las mujeres
que acompañaron a Jesús hasta la cruz, cuando injustamente fue ajusticiado. Nada
pudieron hacer para evitar su muerte, pero estuvieron con él hasta el fin.
Los pastores de las diferentes
creencias revisemos la evangelización que hemos impartido, pues no está dando
los frutos deseados en los políticos.
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