
COMUNICADO ANTE LOS RETOS QUE AFRONTA LA CULTURA DE LA VIDA
México D.
F., 27 de Mayo de 2008
Nuestro pueblo tienen
derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con
unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del
hambre y de toda forma de violencia. Por esta razón, los
Obispos consideramos que es nuestra obligación fomentar una
cultura de la vida, don maravilloso que Dios nos ha
entregado y que los católicos, creyentes, hombres y mujeres
de buena voluntad; estamos llamados a cuidar y defender.
Nuestro país está inmerso
en una espiral de violencia ocasionada por los cárteles de
la droga. Reconocemos el esfuerzo de las autoridades que
combaten este flagelo y elevamos a Dios nuestra oración por
todos nuestros hermanos que han muerto víctimas del crimen
organizado y pedimos por sus familias. Al Pueblo de México,
le pedimos que no se desentienda; que no se siente a esperar
la solución, porque ésta depende de todos. Ninguna
iniciativa, programa u operativo logrará erradicar este
grave problema si no cuenta con la colaboración de la
sociedad.
Los Obispos pensamos que el
respeto por la vida del ser humano debe comenzar en el
momento de la concepción y continuar hasta la muerte
natural, por lo que hemos seguido con gran interés las
audiencias públicas convocadas por la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, relacionadas con las acciones de
inconstitucionalidad contra del dictamen por el que se
despenaliza el aborto hasta la doceava semana en el Distrito
Federal. Consideramos que los argumentos presentados, desde
las diferentes disciplinas, han enriquecido este debate, en
el que el factor común es la preocupación por la vida, la
del concebido y la de su madre.
Como pastores, agradecemos
y seguimos alentando las manifestaciones en favor de la vida
que se han dado en varios estados de nuestra nación.
Saludamos a todos los hombres y mujeres comprometidos con la
promoción de una cultura de la vida y les pedimos que
continúen con mucho ánimo e intensifiquen su trabajo en la
formación de conciencias que valoren, respeten y promuevan
la vida. Les pedimos también que este tipo de
manifestaciones no sea coyuntural, sino permanente. Solo con
el trabajo constante podremos permear en todos los sectores
de la sociedad. Estamos con ustedes, no tengan miedo. La
Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y
defensora de los pobres y los indefensos.
Ante las alzas en los
precios de los alimentos básicos, ocasionadas por la crisis
alimentaria mundial, los Obispos queremos manifestar que
compartimos la preocupación de nuestro pueblo,
mayoritariamente pobre, campesino, obrero e indígena, por
las consecuencias dolorosas que traerán consigo estos
aumentos. Existe el riesgo real de un mayor empobrecimiento,
y de que aumente el número de personas que pasan hambre en
nuestro país. Esta crisis alimentaria es sin duda la
emergencia y el desafío mayor que tiene que afrontar el
mundo actual, y presenta una tarea importante y urgente para
las autoridades y para la sociedad civil.
Sólo a través de una mayor
solidaridad y preocupación por los más vulnerables podremos
hacer frente a los desafíos inmediatos, trabajando para
asegurar que el progreso de hoy sea la piedra angular de un
mañana más justo y seguro. Invitamos a todos los católicos a
hacerse solidarios con la situación que viven nuestros
hermanos más indefensos. La palabra de Jesús no nos permite
la comodidad del egoísmo y de la pasividad, sino que nos
lanza a que hagamos cuanto podamos por los más vulnerables.
La Iglesia, que formamos todos los bautizados, no puede ni
debe quedarse al margen en la lucha por la vida.
Por los Obispos de México,
|
+
Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Presidente de la CEM |
+ José
Leopoldo González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara
Secretario General de la CEM |
Para
descargar el documento entregado a los medios de
comunicación
click aquí

|