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LA VIDA HUMANA: VALOR FUNDAMENTAL Y BASE DE LOS DEMÁS
VALORES
Tehuacán,
Puebla, 29 de Mayo de 2008
La Suprema Corte de
Justicia de la Nación ha convocado a Audiencias públicas
para discutir si la ley del aborto que se aprobó en el
Distrito Federal el año pasado, va contra la Constitución
Mexicana o no. Es una sensata disposición, pues favorece el
derecho a la información, la discusión abierta con
argumentos expresados, la transparencia en el quehacer
público y la imparcialidad en la impartición de justicia.
Dichas Audiencias se han tenido durante el mes de mayo y se
prolongarán durante el mes de junio.
Ciertamente la mujer tiene
derecho a ver por su propia salud, por su propio bien, pero
sin afectar a terceras personas. Cuando la mujer decide
interrumpir el embarazo, por los motivos que sean, por
ejemplo que ha sido embarazo no deseado, está afectando a un
ser humano concebido y del que ella está llamada a ser la
principal protectora, al ser la madre.
Sin entrar en aspectos
religiosos, la ciencia dice que desde el momento de la
concepción, o sea cuando se unen la célula femenina –el
óvulo- y la célula masculina –el espermatozoide- aparece una
nueva entidad biológica, llamada cigoto. Este embrión desde
la fase de cigoto es un organismo nuevo, que pertenece a la
especie humana por el número y la naturaleza de los
cromosomas; es un organismo programado, con un ADN único y
singular, o sea con un patrimonio genético de un nuevo
individuo humano, diferente al del papá y la mamá, y que en
adelante se irá desarrollando de modo coordinado, continuo y
gradual según ese genoma, desde la estatura y el color de
los ojos, hasta el tipo de enfermedades genéticas a las que
estará sujeto. Científicamente hablando, no hay un salto
cualitativo en el desarrollo entre la semana doce y trece.
Es absurdo e injusto que la legislación busque proteger la
vida del concebido que cuenta con 85 días de gestación y que
deje en desamparo a aquél que cuenta con 84 días de
gestación, como si entre uno y otro hubiera una diferencia
cualitativa.
La Constitución (en sus
artículos 1, 4, 14, 16 y 22) reconoce garantías
individuales, empezando por el derecho a la vida, base de
los demás derechos. También la Constitución prohíbe la
discriminación por cualquier causa (incluyendo la fase
biológica en que se encuentre la persona).
Cualquier autoridad, ya sea
del poder ejecutivo, legislativo o judicial, federal o
local, carece de facultades para restringir o eliminar
derechos humanos, por derivar éstos de la dignidad inherente
al ser humano. Los derechos humanos, entre ellos el de la
vida, son derechos imprescriptibles, irrenunciables e
inembargables, anteriores al Estado, el cual únicamente debe
reconocerlos y protegerlos en su legislación nacional e
internacional, pero no los otorga. Tampoco dependen del
reconocimiento social y, por lo tanto, no están sujetos a
consensos. Es la persona la que hace las leyes no son las
leyes las que crean a las personas.
Ahora bien, no se trata de
enfrentar los derechos de la mujer contra los derechos del
concebido. Los dos son valiosos. Busquemos que vivan los
dos: dando protección a las mujeres con embarazos en crisis;
el aborto provocado trae más peligros que si se da
continuidad al embarazo; si la madre no ve posibilidades de
asumir la responsabilidad sobre la criatura que nazca, la dé
en adopción; que se faciliten los procesos de adopción; se
garantice jurídica y socialmente la conciliación entre
trabajo y familia; se promueva el establecimiento de
guarderías; se proteja a las madres solas, a los niños que
crecen en la calle.
Más que combatir el aborto,
hay que ser defensores de la vida. Ahora sí entro en
aspectos religiosos: Oremos intensamente para que Dios
ilumine a los Magistrados, en esta delicada decisión que han
de tomar. Oremos intensamente para que, más allá de la
prohibición o permisividad de la ley, nuestras conductas
sean según un valiente y decidido respeto y promoción de la
vida humana, desde la concepción y hasta su muerte natural,
especialmente de los más indefensos y necesitados.
Que Cristo Jesús, Quien no
vino a ser servido sino a servir y dar la vida (cf. Mateo
20, 28) y así la entregó totalmente en la cruz, nos sostenga
para estar dispuestos a gastarnos y desgastarnos como
perseverantes discípulos y entusiastas misioneros suyos, a
fin de que con nuestras palabras y acciones a todos llegue
fecundo el Evangelio de la Vida.
+ Rodrigo Aguilar
Martínez
Obispo de Tehuacán

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