EXHORTACIÓN PASTORAL
SOBRE LAS ELECCIONES EN CHIAPAS

 

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            El próximo domingo 3 de octubre, en nuestro Estado tendrán lugar las elecciones para renovar los 118 Ayuntamientos Constitucionales y los 40 diputados que habrán de integrar el Congreso Local.

            El proceso de selección de candidatos, la coalición de partidos, las posturas individuales y colectivas, han causado gran revuelo y no pocos problemas en las comunidades, hasta en los lugares más apartados de nuestra entidad. Es natural que así sea, pues es de todos sabido que, en gran parte, el progreso, la estabilidad y la justicia dependen de las personas que nos gobiernan y establecen las leyes.

            Ante tal situación, los Obispos de Chiapas, en nuestra condición de pastores de la Iglesia y ciudadanos preocupados por el bienestar del Estado, ofrecemos a todos los ciudadanos una palabra desde la fe cristiana, que ayude a encontrar criterios sobre la participación política y que aliente la esperanza en este delicado momento.

            En la construcción de una nueva sociedad, el principio, sujeto y fin de todas las instituciones debe ser la persona humana, ser único e irrepetible, imagen de Dios. Todo proyecto de una sociedad justa y fraterna ha de sustentarse en una visión del mundo y de la historia que esté fundada en la primacía de la persona y, por ello, empeñarse en el bien común. Es decir, debe luchar por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos, promoviendo que los más pobres y excluidos logren el puesto que les corresponde como miembros de la gran familia humana: que sean actores y partícipes de su propio destino.

            Cualquier manipulación social, política o religiosa de la persona, implica una violación a su dignidad y va en contra del desarrollo integral de la humanidad. No es legítima una sociedad que sacrifique los derechos de uno solo de sus miembros, por más pequeño o pobre que sea, o que responda solamente a los intereses y proyectos de unos cuantos y deje en el olvido a la mayoría de sus miembros.

            En contraste con este criterio fundamental, estamos conscientes de los graves problemas que enfrenta nuestro Estado. Es necesario reconocer que aún existen lacerantes situaciones de injusticia, dolor y hambre; retraso en la educación, migración creciente por falta de empleos y de atención al campo. Hay un conflicto no resuelto y persisten las hondas raíces que lo provocaron. Hay divisiones en las comunidades, inseguridad, violencia, tráfico de drogas y graves violaciones a los indocumentados. Se necesita reconocer todo esto, porque hay voces que se elevan alegremente queriendo ocultar la realidad, y la hacen más difícil y dolorosa.

            ¿Qué se necesita para que haya una verdadera paz en nuestro Estado? Ciertamente mucho más que un nuevo gobierno, por más justo, sabio y equitativo que sea. Pero un buen gobierno y unos buenos legisladores, con la colaboración de toda la sociedad, pueden llevar adelante el camino hacia la paz; una paz que no es sólo una bandera que se enarbola, sino un estilo de respetar las personas, los partidos, las organizaciones, las comunidades, las diferentes posturas y religiones. Es poder construir juntos, sin exclusiones, el camino de la justicia y de la solidaridad.

 Pero si a las graves carencias en salud, educación, trabajo e infraestructura, añadimos autoridades no legítimamente reconocidas, brotadas de pugnas, insultos y descalificaciones, tanto al interior de los partidos como en confrontación con otros grupos, tendremos un triste panorama en la búsqueda de una verdadera paz y una verdadera justicia.

            Por eso es de vital importancia este momento. Se necesita construir en paz y para la paz. Y esto se hace con propuestas serias y con compromisos que tomen en cuenta a todos los sectores. Necesitamos legisladores y autoridades municipales que sean capaces de promover la paz, que armonicen intereses de grupos, organizaciones y partidos. Urgen personas visionarias, que ayuden a destrabar la situación confusa de dobles autoridades en algunos municipios, que integren en la unidad a los que son diversos y contrarios entre sí.

¿Tenemos obligación de votar? ¿Por quién hemos de votar?

            Ciertamente hemos llegado a una situación muy difícil, por la desconfianza que han propiciado los mismos partidos con sus escándalos políticos y económicos. Algunos candidatos cambian de partido no por convicción ideológica, sino por conveniencia oportunista. El pueblo cada día es más consciente de las promesas no cumplidas y está cansado y desconcertado por tantas descalificaciones y mecanismos corruptos que aún persisten.

            Sin embargo, el voto es, por el momento, la forma práctica de participar seriamente en la conducción de la vida pública, y de evitar que unos pocos decidan por todos. Por ello, nadie puede, por apatía, indiferencia o descuido, dejar de lado este derecho y obligación. Abstenerse de votar, aunque se esgriman razones fuertes, es hacerse a un lado y permitir que otros hagan de nuestro pueblo lo que quieran. Si alguien decide conscientemente no votar, debe respetar la decisión de los demás, permitir la instalación de casillas, evitar la violencia y la quema de urnas.

            A la hora de decidir a qué candidato o partido apoyar con el voto, la piedra de toque será el análisis que hagamos sobre quiénes ofrecen programas serios y viables que tengan en cuenta la dignidad de la persona, el respeto a los derechos, la necesidades  básicas que aún no han sido satisfechas en nuestro Estado. Debemos preguntarnos: ¿Cuál es su posición frente a la vida, al aborto, al matrimonio, a la migración, a la creación de fuentes de trabajo, al respeto de la cultura y de los derechos indígenas? ¿Qué proyectos presentan de salud, educación, seguridad social, ecología, y cómo piensan realizarlos? ¿Qué programas ofrecen para el campo y para el justo precio del café y de los demás productos agrícolas? ¿Han demostrado que son servidores confiables? ¿Han dado muestras sinceras de amor a los pobres? ¿Les mueve el interés por ayudar a los demás? ¿Son constructores de justicia y de paz? ¿Cómo es su vida privada y su estabilidad familiar?

            La Iglesia no es filial de ningún partido y no apoya a ningún partido, coalición u organización. Si alguien nos pregunta por quién votar, la respuesta se encuentra al estudiar cuidadosa y críticamente las propuestas de cada partido y de cada persona, para descubrir quién ofrece más garantías en el respeto a la dignidad de la persona, quién tiene un proyecto más legítimo de sociedad, quién es capaz de avanzar en la construcción de la justicia y la paz.

            Es obligación también de todo ciudadano cuidar la limpieza y transparencia de las elecciones, que den como resultado autoridades realmente respaldadas por el pueblo. Nadie puede comprar ni vender el voto; a nadie se le puede obligar por su pertenencia a un grupo, corporación, organización o religión, a votar por determinado candidato. Luchemos por que, en efecto, el voto sea libre y secreto.

            Como cristianos y pastores comprometidos, estaremos atentos al desarrollo legítimo y transparente de estas elecciones, al mismo tiempo que estaremos en oración constante para que este momento sea un paso adelante hacia el Chiapas justo y fraterno que anhelamos. Invitamos a todos a orar por esta intención.

  

9 de agosto de 2004

    

              + José Luis Chávez Botello                                            + Rogelio Cabrera López

       Arzobispo de Antequera-Oaxaca                                            Obispo de Tapachula                                    

                                                                                        Administrador Apostólico de Tuxtla Gutiérrez                       

 

              + Felipe Arizmendi Esquivel                                         + Enrique Díaz Díaz

    Obispo de San Cristóbal de Las Casas                        Obispo Auxiliar de San Cristóbal L. C.

 

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