PLAN DIOCESANO DE PASTORAL
1.
IGLESIA
AUTÓCTONA
FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS
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Presentación
38. Nuestra historia de salvación empieza cuando Dios labró y regaló este paraíso
que llamamos Chiapas y envió a estas tierras a sus primeros habitantes, hará
unos 20,000 años . Con el tiempo se forjaron aquí las primeras culturas
locales: olmeca, zoque, zapoteca, maya y chiapa. Así, desde antes que llegaran
los españoles, Dios, a quien estos pueblos concebían como Padre-Madre de todos,
acompañaba y velaba por nuestros pueblos. En el siglo XVI, Dios nos
invitó a la fe en su amado Hijo, Jesucristo Nuestro Señor, con el anuncio del
Evangelio realizado por los primeros misioneros europeos. Después, con aciertos
y fallas, con riesgos y esperanzas, hemos venido construyendo nuestra Iglesia.
39. En el Tercer Sínodo Diocesano, decidimos reafirmar
seis preciosos dones con que el Espíritu nos ha favorecido (a los que hemos
llamado “horcones”, o columnas). Ellos son:
a) Iglesia autóctona
b)
Iglesia liberadora
c) Iglesia
evangelizadora
d) Iglesia
servidora
e) Iglesia
en comunión
f
) Iglesia
bajo la guía del Espíritu.
Ellos nos dan “raíz, corazón y rostro
propios” y ahora queremos reforzarlos en nuestro Plan Diocesano, con la
conciencia de que seguimos siendo una Iglesia en búsqueda de mayor fidelidad a
Dios y a nuestros pueblos, una Iglesia en construcción y fatigas diarias, una
Iglesia en peregrinación hacia “la Casa para todos”, mujeres y hombres,
indígenas y mestizos: una Iglesia de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas
en la que primero estén los pobres y los humildes.
Desde ellos, guiados por Jesucristo, seguimos anunciando la Buena Nueva y
asumimos los riesgos y dolores como signo de salvación.
Somos una
Iglesia en proceso de inculturación
40.
Abiertos a la acción del Espíritu, dispuestos a
encontrar y valorar aquellas “Semillas del Verbo”
sembradas en las culturas, que son la presencia del Dios vivo,
y motivados por el Concilio Vaticano II, hemos venido caminando en un empeño
serio de inculturación del Evangelio. La riqueza encontrada en nuestros
pueblos a lo largo de los años es mucha. Somos testigos del surgimiento de una
Iglesia Autóctona como que tiene diversas manifestaciones. Esto ha implicado
naturalmente un doloroso –y a la vez gozoso- proceso de conversión y de respeto
al pueblo y a su cultura. Este proceso va permitiendo, en un esfuerzo
evangelizador integral, el desarrollo de nuestra acción pastoral.
Reconocimiento de la voz del Espíritu en la sabiduría
indígena
41. Al reconocer las riquezas
conservadas durante miles de años en la palabra de consejo y de guía que tienen
los pueblos indígenas, descubrimos que, en general, la sabiduría de los
mayas no contradice al Evangelio, sino que se asemeja y hace más visible las
enseñanzas de Jesús de Nazareth. Así, damos fe del proceso de
revelación iniciado desde el Génesis, manifestado plenamente en Cristo,
anunciado y comprendido por incontables apóstoles en las diferentes culturas, ya
sea por la luz de la razón o gracias a las “semillas del Verbo”, ya sea por los
signos de los tiempos o por la “Palabra Antigua”, lugares, escritos, tradición
oral venerable; y en definitiva, por las Sagradas Escrituras.
La ”Palabra
Antigua”
42. Al recordar y profundizar nuestras raíces culturales, como Iglesia vamos
retomando las buenas costumbres de nuestros pueblos, como los acuerdos
comunitarios, la mirada de fe ante el mundo, el respeto a los ancianos, el
servicio y responsabilidad en los cargos, el mantener la palabra dada, el
perdón, el diálogo, el respeto mutuo, la unidad y la solidaridad, la
hospitalidad y las comidas en común. En la Palabra Antigua de nuestros mayores
encontramos veneración y respeto por todo lo que existe, porque hay conciencia
de que todo está vivo y tiene una misión. De igual manera, es fácil descubrir la
presencia de Dios en cada persona, en cada comunidad, en cada pueblo (cf Jn
4,23-24), reconociendo que cada uno de ellos tiene dignidad y merece respeto.
La oración
indígena es comunitaria y desde la fe
43. Nuestros pueblos indígenas oran de una manera integral a un Dios que es Padre y
que nos ama como una Madre.
Es una oración profundamente comunitaria, hecha desde la vida, sentida y
realizada en libertad frente a los demás. Es el pueblo con su lengua, música e
instrumentos: tambores, flautas, guitarras; con sus símbolos: banderas,
incienso, candelas, flores, imágenes, maíz, agua, machete, que así le habla a
Dios y se sabe y siente escuchado por El. Es impresionante constatar el profundo
sentido religioso y sagrado de nuestras comunidades que expresan sus rezos con
ritos, danzas, alabanzas, peticiones de perdón, acciones de gracias,
peregrinaciones; en los montes, cuevas, nacimientos de agua y ermitas.
Aquí debemos reconocer que muchos de los primeros misioneros despreciaron y
destruyeron la tradición religiosa de nuestros pueblos. Por esas acciones hemos
olvidado gran parte de nuestras tradiciones, muchas de las cuales reflejan una
auténtica evangelización inculturada que realizaron algunos misioneros, cuyos
frutos persisten hasta hoy.
Ahora, con
una comprensión cada vez mejor de estas culturas y a la luz del Concilio, vamos
haciendo nuestro su hondo significado como expresión verdadera de su relación
con Dios.
Es nuestro servicio evangelizador evitar lo que sea contrario a la fe y anunciar
la plena revelación en Cristo.
La Religiosidad
Popular, espacio privilegiado para la inculturación
44.
La religiosidad popular es un espacio privilegiado para la inculturación de la
fe. Sus grandes valores como la paciencia y la resistencia ante las
adversidades, el sentido de la Cruz en la vida cotidiana, el desapego ante los
bienes materiales, la aceptación de los demás, el profundo sentido de los
atributos de Dios como su paternidad y maternidad, su presencia amorosa y su
providencia constante entre nosotros, nos ha llevado en la Diócesis a valorar y
respetar esta “piedad popular”.
Esto nos lleva a recuperar nuestras tradiciones y nuestra cultura.
Gracias a ella el pueblo se evangeliza a sí mismo cuando celebra los momentos
fuertes de su fe, en las fiestas litúrgicas y patronales.
45. Por esto el Sínodo exhorta a respetar y asumir los acuerdos, ritos,
mitos, símbolos y costumbres de cada lugar; así como las formas e instrumentos
propios de cada cultura: peregrinaciones, procesiones y convivios. Sin embargo,
nuestra religiosidad también contiene desviaciones y ambigüedades que requieren
de evangelización, redención y purificación de eventuales deformaciones,
como la brujería, el abuso del alcohol y tapar el camino a lo nuevo.
La
inculturación de la liturgia
46. En algunos lugares, poco a poco la celebración de los sacramentos ha ido
incorporando símbolos y elementos propios de la cultura indígena, para expresar
el momento de gracia que vive la comunidad en su encuentro con el Señor,
especialmente durante la celebración litúrgica de la “fiesta”. En la
fiesta desbordan los indígenas toda su creatividad, participación y
responsabilidad, asumiendo diferentes cargos e impregnando de toda esa riqueza
la expresión sacramental. Esto ha propiciado que los sacerdotes y diáconos
desempeñen mejor su oficio en las comunidades y los indígenas participen más en
las celebraciones. En las ciudades nos falta estar más familiarizados con dichos
símbolos.
47. Para poder llegar a ser Iglesia Autóctona madura, no sólo se requiere
identidad, reflexión de fe y espiritualidad propias, así como celebraciones,
ritos y símbolos que broten de su misma cultura, sino también ministerios
ordenados y laicales surgidos de ella misma, para que se pueda avanzar en una
liturgia inculturada, que cuente con sus propios rituales,
aprobados por la autoridad de la Iglesia.
La Teología
India
48. Este proceso de encarnación del Evangelio en nuestras
culturas llega a un punto decisivo con la elaboración de la Teología India. No
seríamos una Iglesia verdaderamente autóctona, es decir: mestiza, urbana, tseltal, tsotsil, ch’ol, tojolabal, zoque, etc., si sólo repitiéramos la
teología de manuales europeos o norteamericanos. Nuestras comunidades,
animadas también por el Espíritu Santo, se relacionan con Dios como un Padre y
una Madre, como el corazón del cielo y de la tierra, el Dios del cerca y del
junto. Toda la riqueza de nuestra tradición de fe tiene que ser repensada
y asimilada en los moldes culturales con que el Espíritu nos ha enriquecido.
Así, sin cambiar el Evangelio predicado por los apóstoles, buscamos recoger y
valorar la reflexión de fe que nuestros antepasados nos dejaron y que día con
día se va enriqueciendo con las reflexiones de la Palabra de Dios en nuestras
ermitas, con el trabajo de la catequesis, con las señas
y cantos populares que nos dan vida.
Nuestro Sínodo asume lo afirmado por el Vaticano II: que se
busque por qué caminos puede llegar la fe a la inteligencia, teniendo en cuenta
la filosofía o sabiduría de los pueblos, y de qué manera pueden compaginarse las
costumbres, el sentido de la vida y el orden social con la moral manifestada por
la divina revelación.
49. En este
proceso de Iglesia Autóctona, nuestra Diócesis se siente abierta a aprender de
otras experiencias y a aportar la riqueza evangelizadora del proceso del
Diaconado Permanente Indígena.
DIAGNOSTICO
LOGROS:
Iglesia Autóctona en comunión con la Iglesia universal
Nuestra Iglesia Diocesana:
50. Ha avanzado en el respeto y
valoración de las diferentes culturas.
51. Descubre,
reconoce y da fuerza a las “Semillas del Verbo” que Dios ha puesto en ellas.
52. Reconoce todo lo bueno que Dios ha sembrado en las
culturas para que, con la luz del Evangelio, puedan llegar a su plenitud.
53. Fortalece las costumbres que dan vida a las
comunidades y hace pensar en cómo cambiar las costumbres que dan muerte.
54. Para ser fiel al Evangelio y al Espíritu, e inspirada
en el Concilio Vaticano II, construye una Iglesia Autóctona, con participación
de hombres y mujeres, en comunión con la Iglesia universal y en diálogo con
otras religiones, aunque haya grandes dificultades y críticas.
55. Acoge e impulsa el nacimiento y ejercicio de los
diversos servicios y ministerios, reconociendo al mismo tiempo los ministerios
tradicionales ya existentes. Entre esos sobresale el ministerio del Jcanan
Lum (cuidador y protector del pueblo).
RETOS:
Inculturación de la Iglesia
56. Que la
Iglesia Autóctona siga creciendo y madurando en la gran pluralidad de
ministerios propios, y desarrolle caminos cada vez mejores de formación
adecuados para ellos.
57.
Que, guiada por la fuerza del Espíritu, continúe promoviendo hombres y mujeres
que participen como sujetos en la creación de formas propias de celebrar la fe,
para lograr una liturgia más inculturada.
58.
Escuchar con atención la solicitud que están haciendo algunas comunidades para
que diáconos indígenas casados puedan ser admitidos a la ordenación sacerdotal,
y ayudarles a discernir su petición, iluminados por el Espíritu Santo y guiados
por el Magisterio de la Iglesia universal, advirtiendo con toda claridad que no
hay esperanzas de que la Iglesia cambie su práctica, que viene del Evangelio y
de la tradición de muchos siglos, y seguirá admitiendo al sacerdocio sólo a
hombres célibes.
59.
Seguir preparando el camino para el sacerdocio de indígenas y campesinos, con
una formación y ejercicio del ministerio de acuerdo a nuestras culturas. Que
sean como el Buen Pastor: que sientan nuestro sufrimiento, que sean mediadores
en los problemas, que nos ayuden a conservar las buenas costumbres y nos
corrijan, que ofrezcan nuestras ofrendas a Dios a quien nuestros antepasados
reconocen como Padre y Madre, que ayuden a quitar los males que existen en
nuestras comunidades y en el mundo, que retomen la palabra sagrada del pueblo
maya (Chilam Balam, Popol Vuh y otros) y que nos orienten sobre los derechos
humanos y el respeto a nuestra cultura.
60.
Recuperar y valorar la sabiduría de los pueblos indígenas y acompañar la
reflexión de su experiencia de fe. Motivar a los mestizos a reconocer y valorar
sus raíces indígenas .
61.
Lograr que los Agentes de Animación y Coordinación Pastoral entren a fondo en la
cultura del pueblo con el que trabajan.
62.
Recuperar y defender la relación de profundo respeto que tienen los pueblos
indígenas con la naturaleza, con la creación entera y con Dios.
63. Fortalecer la
unidad de las familias.
64. Promover en los pueblos mestizos una re-evangelización,
revalorando su religiosidad popular, para que surja su estructura eclesial de
ministerios y servicios.
LÍNEAS DE ACCIÓN
Una
Iglesia Autóctona con diversos rostros
65. Aplicar los principios generales de la Iglesia Autóctona, expresados en el
Sínodo, a cada cultura en particular (ch’ol, tseltal, tsotsil, tojol’abal,
zoque, mestiza). Mantener el respeto de las diversas comunidades o culturas en
su forma de relacionarse con Dios, según sus costumbres y tradiciones. Recuperar
los caminos propios de conversión que tiene cada una de ellas. A partir de esta
riqueza, caminar como un solo pueblo en la diversidad de las culturas (S 1-3).
Pastoral
indígena
66. Priorizar en nuestro trabajo evangelizador, a nivel diocesano, la pastoral
indígena, iluminada siempre por la opción preferencial por los pobres (S 4).
Rescate cultural
67. Cada uno de nuestros pueblos indígenas (tseltal,
tsotsil, ch’ol, tojol’abal, zoque) es portador de una riqueza y particularidad
propia, en sus ritos, su lenguaje y sus tradiciones. Para realizar un serio
trabajo de fortalecimiento y rescate cultural, debemos:
A) Reconocer la identidad propia de cada uno de ellos y
buscar los medios para que nuestra organización territorial no los divida.
B) Conservar e impulsar las
expresiones artísticas y tecnológicas de nuestros antepasados.
C) Recuperar, profundizar y difundir la
sabiduría contenida en la tradición oral y la literatura maya y zoque.
D) Rescatar, fortalecer, trasmitir y
hacer vida nuestros ritos y ceremonias tradicionales (salud, trabajo en el
campo, nacimientos, matrimonios y demás).
E) Respetar y seguir las buenas
costumbres y los valores de nuestros pueblos y confrontar las costumbres que nos
quitan vida.
F) Reconocer y valorar críticamente el
sistema tradicional de cargos comunitarios, fomentando y rescatando la
participación de las mujeres y los jóvenes en el mismo.
G) Promover el amor responsable y el
cuidado de nuestra madre tierra, del agua y demás recursos naturales,
oponiéndonos a la amenaza de su destrucción y viviendo en armonía con la
naturaleza, con los pueblos y con Dios.
H) Crear una Comisión Diocesana de
Historia, que se responsabilice de salvaguardar el caminar histórico de nuestra
Iglesia Autóctona (S 5, 10, 25, 31, 45-47, 433, 435).
Inculturación
68. Implementar medios y mecanismos para que los Agentes
de Animación y Coordinación Pastoral puedan comprometerse en el aprendizaje de
las culturas en las que realizan su misión: lenguas, costumbres y tradiciones.
Lograr que vengan por tiempos más prolongados a la Diócesis. Que las comunidades
puedan corregir a sus Agentes de Pastoral, cuando no abren su corazón al trabajo
de inculturación (S 14-17, 435, 446).
Respeto a la participación
69. Respetar y dar fuerza y cumplimiento a la
participación activa del pueblo en las reuniones y a la capacidad de las
comunidades y pueblos para tomar decisiones, en lo que les corresponde. En
asuntos de Iglesia, deben tener presentes los lineamientos del Magisterio de la
Iglesia en general y de esta Iglesia Diocesana en particular, estando abiertos
al Espíritu y a los signos de los tiempos.
Construcción de la paz desde los valores
culturales
70. Buscar la solución a problemas y divisiones al interior de las comunidades,
desde los valores de la propia cultura y con una actitud evangélica (S 22).
Traducción de la Biblia
71. Traducir la Biblia según la manera de ser y de hablar de cada uno de nuestros
pueblos, mediante un equipo de traductores y con espíritu ecuménico (S 12).
Evangelio y religión del pueblo
72. Descubrir
y fortalecer los grandes valores que contiene la “religión del pueblo”,
iluminarla críticamente con el Evangelio y promover que lleve a prácticas que
dan vida (S 35-39).
Ministerios eclesiales inculturados
73. Dar fuerza en nuestra Iglesia Autóctona a los
ministerios, laicales y ordenados, así como a la vida consagrada, tanto en la
cultura mestiza como en las culturas indígenas, de acuerdo a las necesidades del
pueblo, contando con la participación activa y corresponsable de la comunidad en
la elección y en la realización de los diferentes servicios y ministerios,
garantizando la formación y capacitación que necesita el caminar de la Iglesia
Autóctona (S 26-30, 69, 433).
74. Promover la oración y la pastoral por las vocaciones
autóctonas y dar los pasos necesarios para tener un Seminario inculturado, donde
se formen sacerdotes desde su cultura y de acuerdo a las normas de la Iglesia
universal, para que contribuyan a consolidar la Iglesia autóctona, con la
capacidad de asumir lo diferente e integrarlo en la unidad eclesial.
Liturgia encarnada
75. Promover, respetar y vivir una liturgia encarnada y
participativa según la lengua, la espiritualidad, los ritos, los símbolos, las
formas, los usos y creatividad de cada lugar y pueblo. Para esto, elaborar, con
la aprobación del Obispo y a la luz de las normas de la Iglesia universal,
rituales para cada cultura, partiendo primero de las adaptaciones previstas en
los libros litúrgicos (S 256).
76. Animar a la Comisión Diocesana de Liturgia Inculturada,
para que continúe con empeño su trabajo de conformidad a lo señalado en el III
Sínodo Diocesano (S 13, 20, 32-33, 257-258, 446).
Teología India
77.
Impulsar el desarrollo de la instancia diocesana de Teología India, para que
continúe profundizando sobre la Palabra sembrada en las culturas y experiencias
religiosas de nuestros pueblos y, así, pueda seguir compartiendo su reflexión y
metodología con los Agentes de Animación y Coordinación Pastoral y miembros de
todas las comunidades y de todas las instancias de la estructura diocesana, a
través de cursos, encuentros y talleres. Así mismo, que continúe participando en
los encuentros de la Región Mayense y Latinoamericana.
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