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Profundos
anhelos de liberación
78. La fe de la Iglesia está empapada de profundos anhelos
de liberación, de un fuerte compromiso hacia la construcción de una sociedad que
busque dignidad y vida en abundancia. Desde el Éxodo, los Jueces, los Profetas,
la Virgen María con su canto del Magnificat, hasta el mismo Jesús cuando
presenta su plan de proclamar una feliz noticia para los pobres y oprimidos (cf
Lc 4,16-18), descubrimos la constante intervención de Dios para liberar a su
pueblo (cf Is 25,7-9). Por ello, es necesario que nuestra Diócesis camine al
lado de los pobres, que anunciemos un Evangelio integral que pueda liberar a la
persona, a la comunidad, a la economía, a la sociedad, a la política, a la
educación, a la ecología, a la cultura y a la misma religión. De hecho,
somos testigos de la evangelización de una fe que se compromete, llegando
incluso hasta el martirio. La liberación nace desde el interior del
corazón y debe abarcar costumbres, tradiciones y estructuras sociales.
Así, Cristo Liberador se manifestará en todo el pueblo y en
la realidad concreta de cada época y de cada lugar. Al final, hasta la creación
misma se verá liberada por el Señor, de toda ambición e intereses egoístas.
Ante la
angustia de la pobreza
79. Al ver la realidad y al acercarnos a las comunidades, descubrimos que nos falta
mucho camino por andar. Vemos grandes carencias y sufrimientos de nuestro
pueblo, pobreza y miseria que no son casuales, sino fruto de un sistema que
genera injusticia, desigualdad, marginación, desempleo, migración y
deshumanización. Como cristianos, en esta Iglesia diocesana, ¿qué nos toca
hacer? Siguiendo el ejemplo del buen samaritano, tenemos que convertirnos, no
pasando de largo, sino sintiendo compasión y haciendo lo que podemos y debemos
para salir de la situación de muerte. Nuestro compromiso de bautizados nos exige
anunciar la Buena Nueva y denunciar las injusticias y la opresión.
El
camino para la liberación nace cuando tomamos conciencia de nuestra dignidad de
hijos e hijas de Dios, cuando descubrimos las raíces profundas del sufrimiento
del pueblo. Entonces, esta toma de conciencia y reflexión comunitaria de la
Palabra de Dios, sin separar la fe y la vida, nos moverá a capacitarnos y
organizarnos integralmente para enfrentar cualquier problema y así lograr el
cambio que Jesús, recién ungido, anuncia como obra del Espíritu.
Avanzar hacia
una humanidad nueva
80. Todos somos responsables de la situación social; por eso todos y todas tenemos
que participar más en la construcción de una nueva “Casa para todos”.
Creemos en un Dios que da vida, libertad, armonía, felicidad, dignidad y
humanización plena para su pueblo y para toda la creación; que escucha y atiende
especialmente el clamor de los pobres (cf Ex 3,7-8) y oprimidos (cf Is 49,6-9).
Ese Dios tenemos que proclamar en nuestra acción eclesial. Si nos unimos, si
actuamos en comunidad conforme al Plan de Dios, si respetamos nuestros acuerdos,
si juntos respondemos a nuestros retos sociales y eclesiales, si impulsamos
procesos de cambio personal y comunitario, entonces será posible que avancemos
hacia una humanidad nueva, donde la vida triunfe sobre la muerte, la libertad
sobre la esclavitud, la verdad sobre la mentira, la hermandad sobre el egoísmo y
el amor sobre el odio.
El empeño por
la mediación, la reconciliación y la paz
81. Los pueblos de nuestra Diócesis, particularmente los indígenas, viven amenazados
por la violencia de la guerra; familias y comunidades han sido desplazadas,
hostigadas y amenazadas por la proliferación de armas y la militarización. En
este tiempo de inseguridad, desconfianza y ausencia de paz, el trabajo de
mediación se vuelve prioritario entre nosotros y se constituye en tarea urgente
en las comunidades, entre las organizaciones y en la sociedad.
Estamos invitados a restaurar nuestra relación con Dios,
con los demás y con la creación, para alcanzar lo que anhelamos; pero la paz se
obtendrá cuando trabajemos por obtener un orden económico, social y político
nuevo.
Para ser instrumentos de paz, nuestra fuerza la recibimos
de la Palabra de Dios, de la oración, de los sacramentos, en particular de la
Eucaristía, del análisis de la realidad, de la verdad, del discernimiento, del
amor, de los ancianos y ancianas, del acuerdo comunitario, de la escucha y el
diálogo. Es necesario comprometernos en esta tarea y mantener el anuncio
profético del Evangelio. Este es el camino hacia los cielos nuevos y la tierra
nueva esperados desde antiguo y realizados en Cristo, Príncipe de la Paz (cf Is
9,5). Nuestra fe nos alienta a asumir los riesgos y consecuencias por
mantenernos fieles a este designio de Dios.
DIAGNÓSTICO
LOGROS:
Peregrina con
el pueblo que sufre y lucha por cambiar la situación de pecado
82.
Nuestra Iglesia que avanza en la liberación, es una con el pueblo, está
integrada en su mayoría por un pueblo que sufre, hace escuchar su grito, siente
y expresa sus necesidades, exige desde la fe justicia, dignidad y paz, entrega,
amor y decisión. Así avanza en su proceso de liberación integral, a la manera de
Jesús liberador.
83.
Un buen número de comunidades reflexionan la realidad y las causas o raíces
profundas de sus problemas, a la luz de su sabiduría ancestral y de la Palabra
de Dios. Toman conciencia de su dignidad de hijos e hijas de Dios al conocer,
defender y exigir sus derechos. Se comprometen y organizan para cambiar la
situación de injusticia y de pecado y promover los valores del Reino, en los
espacios político, económico, social, cultural y religioso.
RETOS:
Construir la
unidad y la paz
84. Continuar el
proceso de conversión del corazón de todos los que formamos esta Iglesia
Diocesana: Obispo, Agentes de Pastoral y pueblo.
85. Analizar y
compartir las situaciones de conflicto entre comunidades y al interior de la
Diócesis, buscando caminos que nos lleven al respeto y a la reconciliación en
nuestros pueblos.
86. Denunciar con insistencia y con fuerza lo que daña la
vida del pueblo, aceptando los riesgos y consecuencias.
87. Seguir
anunciando con fe, esperanza y testimonio, la Palabra liberadora de Dios.
88.
Concientizar para construir, mediante el diálogo, la unidad, para lograr la paz
justa y digna, desde una vida de oración, de fe y de compromiso profético.
89. Participar
creativa y responsablemente en los procesos de paz, ante las necesidades del
pueblo.
90. Fortalecer la
práctica de la justicia y la opción por los pobres, ante los cambios actuales.
91. Entrar en diálogo maduro con las diferentes
organizaciones, denominaciones religiosas, autoridades, instancias eclesiales y
demás sectores de la sociedad.
LÍNEAS
DE ACCIÓN
Con el pueblo
92.
Buscar métodos para seguir escuchando la voz del pueblo, viendo sus necesidades,
compartiendo sus esperanzas y alegrías, acompañándolo en sus sufrimientos y en
su caminar organizado en búsqueda de una nueva vida.
93. Impulsar y
reconocer los trabajos y luchas de las mujeres en todos los ámbitos (S 48).
94.
Acompañar pastoralmente al pueblo, formando comunidades con conciencia cristiana
crítica, atentas a todos los aspectos de la vida humana digna. Que de la oración
y de la reflexión comunitaria de la Palabra de Dios, salgan acuerdos en orden a
la transformación evangélica de la realidad (S 54-56, 62-64).
Procesos de
conversión
95. Desarrollar procesos de
concientización y conversión para:
A) Reconocer nuestros errores, evitar
toda clase de abusos y explotación con los que nos hacemos daño, y aprender a
perdonar.
B) Mantener la práctica de las
celebraciones penitenciales comunitarias y promover la confesión sacramental
personal.
C) Vivir en una conversión continua y
luchar contra el pecado personal, social y estructural, estando dispuestos a
pasar por los mismos sufrimientos que pasó Cristo, manteniendo vivos la fe y el
amor, dando razón de nuestra esperanza en medio de los problemas, la persecución
y el martirio (S 49-53, 58-59, 184).
Pastoral de la
acción social
96.
Desarrollar una pastoral integral, solidaria y liberadora, que responda a las
necesidades socioeconómicas, políticas y culturales del pueblo, cuidando que los
proyectos que asumimos en el campo social no caigan en asistencialismo y
dependencia (S 57, 179).
97.
Impulsar procesos educativos liberadores en todos los proyectos alternativos.
Espiritualidad
evangélica
98.
Desarrollar una espiritualidad evangélica que dé fuerza a nuestro corazón, a
nuestro proyecto de vida, a nuestro caminar, a nuestra esperanza, para seguir
influyendo con mayor fuerza en la transformación de la sociedad (S 66).
Derecho a la
organización
99.
Fomentar en las familias, en nuestras comunidades cristianas y en el
pueblo, la fuerza que empuja a la acción organizada, para la denuncia de las
injusticias y la superación de los problemas y necesidades comunes, tanto
sociales como eclesiales. Así mismo, velar, defender, respetar el derecho que el
pueblo tiene a organizarse (S 71-74, 181).
Impulso a los
procesos de cambio
100. Impulsar y acompañar procesos de cambio social y comunitario, por medios
pacíficos, a través de las organizaciones y movimientos de la sociedad civil,
que se enfoquen tanto a la atención de necesidades primarias, como a la
promoción del desarrollo integral, a la transformación de las estructuras
sociales injustas, a la construcción de la paz con justicia y dignidad, y a la
aceptación fraterna de los pobres (S 75-77, 179-180).
Por los
derechos de los pueblos
101. Promover que en Chiapas y en México se promulguen y se respeten leyes
justas que defiendan los derechos de los pueblos en cuanto a su cultura,
lengua, tenencia de la tierra, uso de los recursos naturales, etc., y ayudar a
clarificar su proceso de autonomía (S 78-79).
Acompañamiento
a los cristianos comprometidos en política
102. Desarrollar mecanismos de acompañamiento pastoral específico a los laicos
comprometidos que participan de diferentes maneras en la acción política en
todos los niveles, guiados por la Doctrina Social de la Iglesia (S 80).
Servidores de
la unidad
103. Asegurar que los Agentes de Animación y Coordinación Pastoral y demás
servidores no tengan cargo de dirigencia en un partido u organización política
mientras dure su trabajo en la Iglesia; ni que se usen acciones pastorales con
fines de proselitismo político (S 186, 388, 422, 458).
Pastoral para
la Paz
104. Desarrollar en todo el trabajo pastoral que hacemos en este tiempo de
conflicto, las actitudes evangélicas y los caminos pastorales que nos lleven a
la construcción de la paz digna, justa y fraterna (S 81-82).
Fortalecimiento
de la coordinación
105. Fortalecer la coordinación y el diálogo entre los diversos niveles,
áreas e instancias de la pastoral, entre catequistas, servidores y Agentes de
Animación y Coordinación Pastoral, y de todos con el Obispo, para animar el
trabajo conjunto por la paz (S 68, 87).
Análisis de la
realidad y discernimiento evangélico
106. Implementar mecanismos de análisis permanente y discernimiento
evangélico de las situaciones y de los actores sociales, políticos, económicos y
religiosos, procurando la comprensión profunda de los conflictos, para alcanzar
soluciones reales y justas, y para que nuestra acción o palabra no contradiga al
proyecto y a los valores del Reino (S 70, 88, 94, 509-514).
Acción política
según los valores del Evangelio
107. Fomentar en los cristianos la conciencia del derecho y obligación que
tienen de participar en la acción política según el Evangelio, buscando la
unidad y la reconciliación, recordando que como Iglesia no podemos
identificarnos ni depender de partidos y organizaciones políticas o militares (S
89, 272).
Cultura de la
Paz
108. Impulsar el desarrollo de una cultura de la paz, de la unidad y la
reconciliación, a través del diálogo y la educación en el pueblo (S 90-93, 98).
109.
Buscar siempre la unidad entre los distintos grupos y el acuerdo desde la
justicia. Que la Vicaría de Justicia y Paz tome un papel más activo en la
reconciliación.
Vigilantes de la paz
110. Promover y exigir que el gobierno y otros actores
sociales escuchen el clamor del pueblo, respeten sus derechos y den cumplimiento
a los acuerdos que hacen para lograr la paz (S 95).
Oración por la
paz
111. Impulsar en las parroquias y comunidades jornadas de oración y ayuno por
la paz con toda clase de iniciativas, sobre todo en los momentos en que ésta se
vea más gravemente amenazada (S 96-97).
Comisiones de
dialogo y reconciliación
112. Promover la formación de cargos comunitarios y
comisiones de apoyo al diálogo y a la reconciliación comunitaria y eclesial (S
99-100, 183).