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PLAN DIOCESANO DE PASTORAL

4. IGLESIA SERVIDORA
FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS

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La abundancia del Espíritu

195. Todo ministerio es participación, amor y servicio para la comunidad y no para provecho propio. Cuando una comunidad va logrando que sus integrantes sean miembros vivos de un cuerpo, cada uno ejerciendo su función,[1] entonces es más visible la acción del Espíritu como alma en el cuerpo, y tenemos una Iglesia toda ella ministerial.  

196. Cualquier ministerio encuentra su fuerza en el Señor mismo y en el Espíritu Santo, en la Palabra de Dios, en la comunidad, en la fe vivida del pueblo, en la celebración y participación de los sacramentos.

         Los ministros o servidores también se fortalecen con la realización del ministerio mismo, con la acción de la Iglesia en la evangelización y con el acompañamiento de los agentes de animación y coordinación pastoral y el Obispo.

197. Los dones, carismas y poderes son regalos de Dios puestos al servicio de la comunidad[2]. Podemos ver que el Espíritu ha dotado a nuestras culturas con una impresionante variedad de dones y carismas adaptados a nuestra manera de ser y de pensar. Señalamos algunos ejemplos:

a) Si se trata de la sabiduría, ahí están los ancianos de las comunidades, que saben de las tradiciones y de los secretos de la vida, que tienen experiencia de Dios y hablan con Él y de Él.

b) Si es el don de la inteligencia, ahí están los hermanos y hermanas de la Teología India que recuperan, relacionan y sistematizan las expresiones de fe de sus comunidades.

c) Si es el don de consejo, ahí están los “principales”, que orientan la vida de los jóvenes y de toda la comunidad cuando hay problemas; ahí están los matrimonios, que dan consejo a sus hijos en toda la etapa previa al matrimonio, para que com­prendan con profundidad el estado de vida que van a tomar; ahí están los coordinadores, los visitadores y los consejos parroquiales.

d) Si es el don de fortaleza, ahí están nuestros mártires y todos los servidores de la Palabra, verdaderos “confesores” que han resistido aún en medio de los más grandes sacrificios y amenazas.

e) Si es el don de ciencia, ahí está el aprendizaje de las lenguas y de otras culturas por parte de los creyentes.

f) Si es el don de piedad, ahí está la inigualable oración tradicional, ahí está su adoración a Dios y respeto a lo sagra­do en todos los momentos de la vida.

g) Si es el don de discernimiento para sortear las dificultades de nuestro caminar, no nos ha faltado la luz y la asistencia del Espíritu.

h) Si es la caridad, ahí está la entrega desinteresada de tantos agentes de pastoral y servidores que gastan su vida en estas tierras en bien de su hermanos.

Diversidad de ministerios y servicios

198. Los múltiples servicios que en la Diócesis se prestan por razones de fe, son también fruto del Espíritu para la edificación del Cuerpo de Cristo, continuando su misión salvadora en el mundo. Tales ministerios participan del sacerdocio de Cristo; responden a necesidades de la comunidad y son presentados o elegidos por la misma. Muchos de esos servicios tienen una finalidad claramente eclesial y litúrgica; pero también hay otros que sirven para que las relaciones sociales tengan una vida más dinámica con orientaciones de fe. Hoy, la toma de conciencia de su compromiso como cristianos, motiva a los laicos a asumir esos ministerios como respuesta de su fe para la construcción de la Iglesia autóctona y para servir al Pueblo de Dios.

199. Así, de acuerdo a la cultura de los diferentes grupos étnicos, fueron apareciendo ministerios, tanto en el campo eclesial como en el social. En el campo eclesial surgieron estos ministerios: catequistas, presidentes de ermita, principales y ancianos, coordinadores o jefes de zona, coros, capitanes, alféreces, mayordomos, sacristanes, rezadoras, patronatos, coordinadoras de mujeres, representantes del Pueblo Creyente, etc. También encontramos otros dones y carismas en el ambiente mestizo, como animadores de Comunidades Eclesiales de Base, coordinadores de grupos de jóvenes, catequistas de niños y coros. Podemos nombrar además el don de profecía, de reconciliación y unión en las comunidades. En el campo social aparecieron los ministerios siguientes: jueces y arregladores de problemas, promotores de salud, de derechos humanos, de educación, de artesanías, trabajos colectivos, médicos tradicionales y parteras.[3]

200. Agradecemos al Señor y al Espíritu por estos miles de servi­do­res quienes, en su propia lengua y cultura, han trabajado durante muchos años por el Evangelio y por su comunidad. Todos los ministerios y servicios que surgen como fruto del proceso diocesano, han de estar coordinados con la diócesis, respetando críticamente y con discernimiento evangélico, los principios de su cultura.

Catequistas y Diáconos

201. Uno de los ministerios centrales en la vida de nuestra diócesis son los más de 8000 catequistas —hombres y mujeres— que, como Jesucristo, anuncian la Buena Nueva a los pobres y que, conscientes de su vocación y misión, se comprometen a servir a su pueblo para la edificación y el florecimiento de la Iglesia hoy. Somos testigos de que, quienes se desempeñan como catequistas, han recibido un llamado de Dios y responden con una fe adulta y madura; por su compromiso con la verdad y con la justicia encuentran con frecuencia dificultades y problemas y, a pesar de ellos, mantienen su compromiso. Su servicio constituye la base de la evangelización en la Diócesis.

202. De toda la labor eclesial y evangelizadora, especialmente del semillero de los catequistas, fue surgiendo el ministerio de los Diáconos permanentes, don precioso con el que Dios nos ha enriquecido como Iglesia Particular; ahora son 340 diáconos y un buen número de candidatos al diaconado. Este ministerio que reciben los diáconos es sacramento del Orden, por el que, mediante la imposición de manos del Obispo, reciben al Espíritu Santo para que proclamen el Evangelio a nombre de la Iglesia, santifiquen al Pueblo de Dios presidiendo las celebraciones de los sacramentos y sacramentales propios de su ministerio, animen y coordinen pastoralmente a las comunidades a ellos encomendadas. Los diáconos casados ejercen su ministerio en íntima unión con su esposa. Los diáconos, al ejercer el ministerio desde su cultura, hacen más comprensible tanto el mensaje del Evangelio como la celebración de los sacramentos; realizan su ministerio con entrega, con espíritu de pobreza, con sencillez y gran amor al pueblo, en comunión con el Obispo, el párroco y el equipo pastoral, cuentan con el reconocimiento y aceptación de sus comunidades y gozan de autoridad moral.

203. El Espíritu nos ha puesto en camino en este proceso de crecimiento y madurez de nuestra Iglesia autóctona, pero reconocemos con humildad que aún no ha llegado a su consolidación plena. Sin embargo, sabemos que se trata de algo impulsado por el Espíritu y, así como el diaconado constituye una esperanza para nuestra Iglesia particular, también enriquece a la Iglesia Universal.

Ministerios de Animación y Coordinación Pastoral

204. Alrededor de 300 personas, llamadas “Agentes de Animación y Coordinación Pastoral”, procuran hacer vivo y actual el mensaje de Jesucristo, profundizan e impulsan la recuperación de valores indígenas y mestizos, la historia de los pueblos con sus símbolos y signos religiosos. Los presbíteros convocan a la comunidad, proclaman la Palabra, presiden la Eucaristía y ejercen el ministerio de la reconciliación. Es preciso que se pongan al servicio del sacerdocio común de los fieles, a ejemplo de Cristo Pastor.

205. Siguiendo las directrices del Concilio y habiendo madurado los tiempos, vemos que el crecimiento eclesial del Pueblo de Dios se ve cada vez más urgido de complementarse con los sacramentos de la Eucaristía, la Reconciliación y la Unción de los Enfermos. No podemos negar estas gracias a quienes forman parte de la Iglesia por su Bautismo y además por su decidido compromiso. Por tanto, sentimos en nuestra entraña eclesial y pastoral la necesidad de llegar a la constitución de comunidades de fe que cuenten con la plenitud de los sacramentos, incluido necesariamente el ministerio sacerdotal asumido por los campesinos, indígenas y mestizos, desde la raíz y el corazón de sus propias culturas, con la formación requerida por la Iglesia.

206. Los Institutos Religiosos que laboran y conviven entre nosotros son expresión de la riqueza y de la universalidad de la Iglesia que, de esta forma, se hace presente en nuestra Diócesis y, lejos de ser un obstáculo para la unidad, evidencian con su servicio desinteresado y su testimonio personal y comunitario, la bondad inmensa de Dios que, a través de su Espíritu, distribuye generosamente sus dones como a Él le place, siempre para la construcción del Cuerpo de Cristo.


DIAGNOSTICO

LOGROS:

Una Iglesia ministerial y autóctona

207. Esta Iglesia ministerial, guiada por el Espíritu Santo, opta preferencialmente por los pobres, indígenas, campesinos y mestizos, donde ellos son sujetos de su historia.

208. La Iglesia es servidora, encarnada, comprometida; promueve y acompaña los procesos de evangelización y liberación, anunciando así el Reino de Dios.

209. Esta Iglesia es autóctona, tiene rostro, corazón, costumbres y tradiciones propias, unifica y fortalece la comunión y la participación con responsabilidad, dentro de la Iglesia Universal.

210. Hay ministerios que nacen de las necesidades del pueblo. Los servidores son elegidos y aceptados en las comunidades por sus cualidades; viven del trabajo de sus manos y ofrecen su servicio gratuitamente; elaboran normas y acuerdos en coordinación con la parroquia, el equipo pastoral, la Diócesis y su Obispo; tienen espacios de formación con base a los lineamientos del Sínodo Diocesano; promueven formas de vivir y de pensar de acuerdo al Evangelio; se articulan entre sí, con los agentes de animación y coordinación pastoral y con la Diócesis.

211. Se eligen y ordenan diáconos que administran los sacramentos y acompañan los procesos pastorales de sus zonas.

212. Los servidores profundizan su compromiso en la espiritualidad de Cristo servidor y lo enriquecen desde los valores comunitarios de su cultura.

213. En la formación de los diáconos permanentes, es tomada en cuenta la participación y la voz de su esposa, reconociendo así la dignidad de la pareja.

214. Hay en nuestra diócesis unos 8000 catequistas que, con admirable consagración, animan a las comunidades, fortalecen su fe y celebran la Buena Nueva. Ellos son la base de la evangelización en nuestra Iglesia diocesana.

215. Existen ministros y ministras extraordinarios de la Sagrada Comunión, celebradores de la Palabra y otros.

216. Los servicios de muchas personas que tienen cargos, motivan a otras a seguir sirviendo a Dios y a transmitir al pueblo lo que ellas reciben.


RETOS:

Servidores de la Comunidad

217. Evangelizar a un pueblo marginado, dividido y oprimido, que también opte por los más pobres, anunciando abiertamente la igualdad, el respeto mutuo y la solidaridad con el que sufre.

218. Que todos los agentes de animación y coordinación pastoral y servidores vivan el Evangelio y sean pastores encarnados, conozcan los documentos de la Iglesia y la realidad, valoren la cultura, la importancia de los antepasados y las tradiciones, respeten a los ancianos del pueblo; su cargo sea un verdadero testimonio de servicio sencillo y humilde, sin ningún interés personal, a ejemplo de Jesús.

219. Fomentar la participación y formación de todos los que dan un servicio, por medio de talleres, encuentros, cursos, etc.  

220. Promover a agentes de animación y coordinación pastoral que nazcan de las mismas comunidades.

221. Crear condiciones favorables para que haya más servicios y ministerios tanto en las zonas urbanas, como en las comunidades rurales, en coordinación con su parroquia y la Diócesis.

222. Que los agentes de animación y coordinación pastoral se tomen en cuenta mutuamente y se ayuden entre sí; promuevan y respeten el trabajo y la corresponsabilidad de los servidores.

223. Acompañar el Área de Derechos Humanos.

224. Profundizar en la mística de servicio, mediante una sana espiritualidad que prevenga a los agentes de animación y coordinación pastoral y a los servidores de las tentaciones del autoritarismo, caciquismo, orgullo religioso y búsqueda de ganancias económicas.

225. Continuar el proceso para la aceptación y ordenación de los diáconos; sólo así podremos avanzar en la Iglesia autóctona.

226. Pedir al Señor y promover la vocación de sacerdotes indígenas, pues ellos conocen mejor la cultura, los ritos, las costumbres y la vida del pueblo; así también las comunidades podrán tener los sacramentos de la Unción de los Enfermos, la Eucaristía y la Confesión con mayor frecuencia.

227. Nuestra Iglesia Diocesana debe realizar toda su pastoral de conjunto, inculturada, desde el Evangelio, tomando en cuenta el pensamiento y el corazón de cada pueblo al que sirve.


LÍNEAS DE ACCIÓN

Una Iglesia toda ella ministerial

228. Animar a todos los bautizados a tomar conciencia de su derecho y obligación de participar en el trabajo de evangelización. Promover en todas las comunidades y parroquias los servicios y ministerios que sean necesarios en la tarea de construir la comunidad, para que viva la hermandad.

Intervención de la comunidad

229. Garantizar que la comunidad participe, junto con los agentes de animación y coordinación pastoral, en el nombramiento de sus catequistas y servidores, en la elaboración de criterios sobre la duración del cargo y cualidades de los candidatos, en el apoyo y acompañamiento permanente de sus servidores y catequistas, en la evaluación de su trabajo y en la destitución temporal o definitiva de los mismos.

Promoción Vocacional

230. Darle fuerza al equipo de promoción vocacional de la Diócesis que, coordinado con el Seminario y con las áreas diocesanas de pastoral juvenil y pastoral familiar, trabaje para que surjan vocaciones laicales, a la vida consagrada y al sacerdocio autóctono, tanto en las zonas urbanas como en las campesinas e indígenas, respetando siempre la diversidad de pueblos y culturas de nuestra Diócesis.

231. Animar a las comunidades para que promuevan más catequistas al servicio de la Palabra de Dios. Que se acompañe y ayude en la formación de los mismos y se prosiga la formación permanente de catequistas antiguos.

Capacitación para Servidores

232. Fortalecer en cada zona pastoral una capacitación permanente que tome en cuenta todos los aspectos de la vida, para que los diferentes servidores o trabajadores de la Palabra de Dios puedan hacer mejor su trabajo de evangelización. En los lugares donde sea posible, crear una escuela de capacitación o centro de formación.

Papel de los agentes de animación y coordinación pastoral

233. Procurar que los agentes de animación y coordinación pastoral cumplan con su tarea en la capacitación y acompañamiento a los servidores o trabajadores de la Palabra de Dios.

234. Buscar que, en cada zona, haya coordinadores de las diferentes áreas e instancias de la Diócesis.

Ministerios Tradicionales y de la Religiosidad Popular

235. Lograr que todos los ministros tradicionales y de la religiosidad popular sean nombrados y evaluados por la comunidad cristiana, y que lleguen a estar suficientemente coordinados con el Consejo Pastoral Parroquial, para garantizar su correcto ordenamiento en la vida de la Iglesia y su necesaria formación, sobre todo en el caso de los ministerios que tienen que ver con el manejo de dinero y con tareas más estrictamente evangelizadoras.

236. Elaborar, en aquellos lugares en que sea necesario, normas y criterios que rijan la vida interna de los patronatos de templos, juntas procuradoras, juntas de fiestas patronales y asociaciones, su relación con la pastoral parroquial y su articulación y coordinación con los Consejos Parroquial y Diocesano de Asuntos Económicos. Es necesario que establezcan espacios de formación para sus miembros y que periódicamente rindan informe sobre el manejo de la economía.

Consejo Diaconal Diocesano

237. Consolidar el Consejo Diaconal Diocesano que debe ser el organismo eclesial que, bajo la presidencia del Obispo, impulse, garantice y vigile el sano desarrollo del carisma y ministerio de los diáconos permanentes, uxorados (casados) ó célibes (no casados), en toda nuestra Diócesis.

Diaconado Permanente

238. En todas las parroquias y misiones con significativa población indígena, impulsar el desarrollo del diaconado indígena permanente, bajo las indicaciones y criterios del Directorio Diocesano para el Diaconado Indígena Permanente, adecuadamente vinculado con el Consejo Diaconal Diocesano.

239. Impulsar el desarrollo del carisma y ministerio del diaconado permanente de célibes y casados en todas las parroquias de población y culturas mestiza–campesina y mestiza–urbana, en vinculación con el Consejo Diaconal Diocesano.

Sacerdocio encarnado

240. Clarificar e impulsar más, en sus diferentes aspectos, el proyecto de un sacerdocio ministerial encarnado en las culturas indígenas y campesinas, y elaborar los lineamientos que garanticen su plena integración en la universalidad de la Iglesia.

Vida Consagrada de Mujeres indígenas y campesinas

241. Promover, impulsar, fortalecer y acompañar a los grupos de mujeres indígenas y campesinas llamadas a consagrar su vida, y formarlas en su propio medio y cultura, para que vayan encontrando su propia manera de dar el servicio apostólico a las comunidades.

Articulación y Coordinación de Equipos

242. Continuar nuestra búsqueda de unidad y coordinación entre los agentes de animación y coordinación pastoral y demás servidores de la Palabra de Dios de las distintas parroquias, evitando divisiones y conflictos y fortaleciendo el trabajo en equipo.

Apoyo económico a los Agentes de animación y coordinación pastoral

243. Reglamentar el apoyo económico que se debe dar a los agentes de animación y coordinación pastoral y a otras personas que trabajan a tiempo completo.

Estipendios

244. Reglamentar el monto de la aportación económica solicitada por la prestación de algunos servicios religiosos, respetando los acuerdos y las necesidades propias de las comunidades, zonas o parroquias indígenas y campesinas.

Colecta diocesana

245. Promover la corresponsabilidad de toda la Diócesis en la colecta diocesana.


[1] Ver 1 Cor 12, 12ss.

[2] Ver 1Cor 12, 7

[3] Ver Mt 20, 1–7; 1Cor 12,12–31.

 

 

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