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PLAN DIOCESANO DE PASTORAL

5. IGLESIA EN COMUNIÓN
FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS

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Una vivencia sentidamente Comunitaria

246. La Iglesia somos la comunidad de los creyentes formada a imagen de la comunidad trinitaria, esto es del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.[1] Esta vivencia comunitaria, amenazada por el proyecto de globalización del neoliberalismo, aún está presente en nuestras culturas indígenas, campesinas y urbanas, en donde hay una sincera búsqueda de vivir en comunidad, dentro de las cuales nuestra Diócesis ha tratado de encarnarse. Para fortalecernos en este espíritu y “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión”[2], Dios nos pide un compromiso real en la elaboración y realización del presente Plan Diocesano de Pastoral. Para hacer nuestro Plan empezamos con un análisis de la realidad, nos iluminamos con la Palabra de Dios, y todos los creyentes, en sus diferentes ministerios y servicios, trabajaremos en un mejor acompañamiento del Pueblo y en la construcción de una Iglesia que busca vivir una experiencia de comunión y compromiso en la transformación de la realidad.[3]

Instancias de Comunión dentro de la Iglesia

247. Reconocemos que nuestras comunidades son el cimiento  de una Iglesia  de comunión y participación, —no hay que olvidar que iglesia es “convocación”, “asamblea de Dios”—; por eso, nuestras estructuras diocesanas tienen que ser también espacios de comunión y de participación. La Asamblea Diocesana por ello es el órgano de expresión, decisión y coordinación diocesana, en comunión con el Obispo y presidida por él. Participan en la misma quienes tienen un ministerio de coordinación pastoral en la Diócesis y los delegados de cada una de las parroquias. Algo semejante se puede decir del resto de los Consejos, del Colegio de Consultores, Equipos Pastorales, Áreas, Comisiones y otras instancias que han brotado con este mismo espíritu.[4]

Siempre en comunión con la Iglesia Católica

248. Estamos enraizados en el tronco milenario de la Iglesia Católica[5] y queremos estar siempre en comunión con la Iglesia Universal, con el sucesor de Pedro,[6] con las demás diócesis, empezando por la Iglesia Mexicana y las diócesis colindantes, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y la Región Pacífico Sur. Desde la primera evangelización y especialmente durante los dos últimos siglos, Chiapas ha estado hermanada con las demás iglesias particulares del país. También, por un pasado común, hemos trabajado unidos a las demás Iglesias de Centro y Sudamérica. A través del Consejo Episcopal Latino–americano (CELAM) y de sus grandes Conferencias: Río de Janeiro, Medellín, Puebla y Santo Domingo, seguimos el gran proyecto pastoral de nuestro continente.

249. El Espíritu nos impulsa a vivir la comunión y solidaridad, afectiva y efectiva, donde se viva el mandamiento del amor con las Iglesias. Movidos por el mismo Espíritu, hermanas y hermanos de otros lugares de nuestro país, de América y de otros continentes se han agregado al camino común de nuestra Diócesis como agentes de animación y coordinación pastoral, participando en los sufrimientos y sueños de estos pueblos. Así, de muchos países han llegado hasta nosotros no sólo sus aportes evangelizadores, teológicos, catequéticos y litúrgicos, sino también su solidaridad, como en el caso de los refugiados centroamericanos, de los desplazados, de los mártires de Acteal y su apoyo a las causas indígenas.

La colaboración y el espíritu ecuménicos

250. La comunión no se agota entre nosotros. Estamos en diálogo con otras confesiones no católicas; nos une el mismo Espíritu y, con algunas, tenemos relaciones más estrechas de oración, solidaridad, búsqueda de la justicia y anhelos de paz y unidad. En este espíritu caminamos, pues adoramos al mismo Dios, Padre de todos. Este mismo respeto es para quienes tienen otro credo religioso y para quienes no pertenecen a ninguna fe o se declaran no creyentes. Ellas y ellos buscan, muchas veces como nosotros, un mundo más justo, más democrático y más fraterno.[7]


DIAGN
ÓSTICO

LOGROS:

Iglesia de comunión y participación

251. Se nota cada vez más una participación activa y responsable de la mayor parte de los miembros de los equipos pastorales, en sus diferentes edades, desde sus distintos  ministerios, áreas, instancias e incluso en  la misma Asamblea, en el proceso de la Diócesis, sobre todo en la toma de acuerdos, la convivencia y las fiestas. 

252. Ha habido avances en el diálogo con algunas confesiones religiosas, viviendo los valores de justicia, de paz y respeto. En algunas comunidades también se está buscando las formas para un diálogo entre católicos, y tradicionalistas, y con movimientos discoordinados.

253. Las instancias parroquiales, como asamblea y consejo parroquial, coordinaciones y áreas, van favoreciendo la comunión y participación entre la pastoral de la cabecera y de las comunidades.

254. Reconociendo que todavía falta mucho por hacer, contamos con una pastoral de conjunto, desde la cual se va motivando a los agentes de pastoral para que tomen en cuenta y asuman los acuerdos expresados en nuestro III Sínodo Diocesano.

255. Nuestras estructuras diocesanas se modifican según las necesidades y etapas del proceso, para que haya una mayor participación y comunión en la diversidad de culturas y lenguas.

256. Vamos entendiendo poco a poco lo que significa e implica el cargo que se nos encomienda, valorando lo que se va haciendo y comprendiendo que no nos mandamos solos, que necesitamos ayudarnos unos a otros y juntos darnos ánimo en el corazón.

257. Estamos logrando mejor coordinación en algunas instancias y áreas de trabajo en los diferentes niveles de la Diócesis.


RETOS:

Más corresponsabilidad en los planes y decisiones pastorales

258. En las decisiones y tareas pastorales, mantener con fidelidad las prácticas de corresponsabilidad de todos los Agentes de pastoral, de las laicas y los laicos y, en consulta con las comunidades, trabajar unidos de acuerdo al proceso, al espíritu del III Sínodo Diocesano y a las normas de la Iglesia universal, valorando el aporte específico de cada miembro, promoviendo su participación y evitando los egoísmos y rivalidades.

259. Que todos los sacerdotes pongan especial empeño en asumir los acuerdos del  III  Sínodo Diocesano y en fortalecer, junto con su pueblo, la vida en comunidad, poniendo en práctica los acuerdos tomados en nuestras reuniones y asambleas.

260. Promover y apoyar una participación más activa y responsable de laicas y laicos, valorando sus propuestas y acuerdos en las diferentes asambleas y trabajos colectivos, sin hacer exclusiones por su participación en los distintos partidos políticos y organizaciones.

261. Que todos los Agentes de pastoral promuevan una mayor integración de las cabeceras al proceso diocesano.

262. Promover una formación eclesiológica de acuerdo al Vaticano II, para una mayor participación y comunión.

263. Superar las divisiones en las comunidades y grupos discoordinados.

264. Mantener un diálogo abierto y honesto con aquellas organizaciones y partidos que buscan un nuevo proyecto de nación; es un acercamiento que propicia, sin desconfianza, la integración que nos pide Jesús.


LÍNEAS DE ACCIÓN

Estructuras para la colegialidad

265. Conocer, vigilar y evaluar todas las estructuras de nuestra Iglesia Diocesana para que lleguen a ser y actuar de manera dinámica, participativa y corresponsable como el III Sínodo nos indica, respetando lo que a cada quien le toca hacer, considerando la importante labor de laicos y laicas.

Asamblea Diocesana

266. Tratar de que la Asamblea Diocesana esté formada por todos los Agentes de Animación y Coordinación Pastoral y por un número equivalente de laicas y laicos con responsabilidades pastorales, y buscar condiciones y formas de trabajar que aseguren la participación de todos sus miembros.

Tribunal Eclesiástico

267. Es necesario y urgente fortalecer el Tribunal Eclesiástico Diocesano, para que ayude a resolver los aspectos jurídicos que le competen. Que se integre por gente experta en la materia.

Consejo Diocesano de Asuntos Económicos

268. Formalizar el Consejo Diocesano de Asuntos Económicos con personas de cada equipo pastoral y dar a conocer su trabajo.

Consejo de Pastoral

269. Promover la revisión de la estructura y metodología del Consejo de Pastoral, para que pueda responder con eficacia y agilidad a las necesidades y al proceso que vive el Pueblo de Dios en esta nueva etapa diocesana, sabiendo que es de carácter consultivo.

Comisión de Animación Pastoral

270. Clarificar los trabajos de la Comisión de Animación Pastoral y su relación con el Consejo de Pastoral, para responder mejor a la nueva etapa de la Diócesis.

Núcleo

271. Evaluar el cumplimiento de los objetivos del Núcleo, para que responda mejor a la nueva etapa de la vida diocesana. Impulse y comparta la información a las comunidades.

Seminario

272. Revisar el directorio, reglamento, programas de estudio, personal, consejo y funcionamiento del Seminario, para que se adapte a las necesidades y características de nuestra Iglesia Autóctona; de modo que, en su vida actual, formadores y seminaristas asuman el espíritu de evangelización y pastoral integrales del III Sínodo Diocesano. Así mismo valorar la cultura de cada lugar y promover más las vocaciones sacerdotales, para que nuestro Seminario actualizado dé frutos a favor de la Iglesia.

273. Los seminaristas han de tener una experiencia indígena inculturada, aprender a convivir y caminar junto con los pobres, para que fortalezcan su identidad e impulsen  nuestra Iglesia Autóctona.

Vicaría de Pastoral

274. Clarificar la identidad y función del Vicario de Pastoral, que anime y agilice el trabajo de acuerdo al plan pastoral, para responder mejor a la nueva etapa de la vida diocesana. Que tenga un equipo, como lo marca el Sínodo.

275. Que el Vicario de Pastoral y su equipo, al acompañar el proceso diocesano, elaboren y propongan criterios generales para unificar la pastoral.

Vicaria de Justicia y Paz

276. Clarificar la identidad y las funciones de la Vicaría de Justicia y Paz, en el marco de la Pastoral Social, de acuerdo a los lineamientos del Sínodo y de la Asamblea diocesana, escuchando la voz de las comunidades y de los equipos. Que el Vicario de Justicia y Paz se dedique a tiempo completo a su ministerio.

Algunas de sus funciones son:

a) Dar seguimiento a la situación y proceso del conflicto armado en Chiapas y a los conflictos no resueltos en las comunidades. Promover el proceso de paz.

b) Animar y coordinar la pastoral social desde los lineamientos de la doctrina social de la Iglesia y de acuerdo al Directorio Nacional de Pastoral Social de la CEM.

c)  Promover la pastoral de la tierra.

Pueblo Creyente

277. Valorar y potenciar al Pueblo Creyente por ser una instancia que, desde el corazón de las comunidades, convoca al Pueblo de Dios, superando la división existente en nuestras comunidades por organizaciones y partidos.

Cáritas Diocesana

278. Promover y difundir las actividades de Cáritas Diocesana en los equipos.  Impulsar, para las situaciones de emergencia, una forma ágil de coordinación entre Cáritas Diocesana, los equipos zonales y las áreas de la Pastoral Social.

Reestructuración de los equipos pastorales de zona

279. Fortalecer y/o reestructurar los Equipos Pastorales, integrando orgánicamente la participación de todos los agentes de pastoral, de las áreas, instancias y ministerios, mejorando la planeación y la coordinación del trabajo, así como el acompañamiento, formación y renovación espiritual de todos sus miembros, de acuerdo con el Plan Diocesano de Pastoral, tomando en cuenta las necesidades de las comunidades.

Consejo Pastoral Parroquial

280. Formar, fortalecer y acompañar en cada parroquia el Consejo Pastoral Parroquial, con las características y derechos descritos en el III Sínodo Diocesano.

281. Establecer, según el derecho de la Iglesia y con la asesoría de las instancias diocesanas, la reglamentación que regirá internamente a los Consejos Pastorales Parroquiales.

Consejo Parroquial de Asuntos Económicos

282. Formar en cada parroquia un Consejo Parroquial para los Asuntos Económicos, mediante un proceso de capacitación y formación permanente tanto en la administración como en la elaboración de informes. Que este Consejo fomente la corresponsabilidad económica tanto de la cabecera como de las comunidades, para lo cual debe estar integrado por un número adecuado de representantes. Promover una economía parroquial para fortalecer el trabajo pastoral.

En comunión con la Iglesia Mexicana y Latinoamericana

283. Mantener vivos los lazos de fraternidad y solidaridad con la Iglesia Latinoamericana, con las diócesis de la Región Pacífico–Sur, con la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y con el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

En comunión con la Iglesia Universal

284. En todo momento, desde nuestra particularidad como Iglesia Autóctona, mostrar nuestra profunda comunión afectiva y efectiva con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia Universal.

Diálogo entre las diferentes Religiones

285. Teniendo en cuenta la conflictividad social que existe actualmente, lograr, en lo posible, que en cada parroquia haya encargados de atender la relación con miembros de otras iglesias y grupos religiosos, con los criterios expresados por el III Sínodo Diocesano. Que se coordinen a nivel zonal y por medio de representantes con la Comisión Diocesana para el Ecumenismo, buscando así caminos de reconciliación para construir la unidad y la paz entre los pueblos.

286. En este proceso debemos cuidar y fortalecer nuestra identidad como católicos, sobre todo en el amor a la Eucaristía.

287. Es necesario mantener en la diócesis un análisis más profundo de los diversos grupos religiosos y seguir impulsando el diálogo con otras religiones en actitud de respeto.

Testimonio de unidad

288. Construir la casa del Padre en donde todas y todos, independientemente de raza, lengua, color y credo religioso o político, tengamos un lugar de hijas e hijos de Dios.

289. Dar testimonio y ser fermento de unidad para que el mundo crea en Jesús, y construir su reino de amor, justicia y paz[8]. Para eso es necesario actualizar continuamente nuestro análisis de la realidad, para entender mejor el conflicto y el dinamismo interno de organizaciones, partidos y sociedad, y poder dialogar con los mismos.
 

290. Crear conciencia de que el camino de la unidad pasa por la tolerancia, el perdón, la reconciliación, la concordia y la alegría.


[1]       San Cipriano De ort. Dom. 23: PL 7,96, Hch 2,42-47.

[2]     Juan Pablo II: Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, 43

[3]       Cf III Sínodo Diocesano, págs. 165-167; nn 18, 24; Juan Pablo II: Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (NMI), 43.

[4]       Cf III Sínodo Diocesano, nn. 469-476, 477-568; pág. 171; NMI 45.

[5]       LG 13; EN 62,63.

[6]       Cf III Sínodo Diocesano, nn. 570-572; págs. 16,197,199.

[7]       Cf III Sínodo Diocesano, págs. 201-204.

[8]       Jn 17,21
 

 

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