PLAN DIOCESANO DE PASTORAL
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Lo político
1. Desde la llegada de los
conquistadores, los pueblos de Chiapas han sufrido sometimiento, esclavitud,
aplastamiento brutal y destrucción física, cultural y moral. Los gobiernos
legítimos de las etnias indígenas fueron eliminados o convertidos en instancias
de control político por los encomenderos y por el gobierno central. Chiapas ha
sido tradicionalmente una región ocupada por conquistadores, por criollos, por
cuerpos policíacos y militares. Esta situación ha originado numerosos
levantamientos, que han sido aplastados con baños de sangre y que han producido
más miseria y mayor opresión.
2. Con ocasión del levantamiento armado que se
manifestó el 1 de enero de 1994, se implementó una guerra contrainsurgente
llamada “de baja intensidad”, con represión selectiva, formación de grupos
paramilitares, división y desgarramiento de las comunidades. La guerra ha
provocado terror, gravísima miseria, violencia armada, miles de desplazados,
atentando contra los más elementales derechos humanos. En torno a los
emplazamientos del ejército federal aumentaron la droga, la prostitución, el
alcoholismo, el SIDA, la contaminación ambiental y la violación de mujeres;
también se han destruido algunas comunidades. Todo esto trajo como consecuencia
la venganza, en un ambiente de impunidad.
3. Se intentó callar y
controlar toda voz que comunicara con fidelidad la opresión del pueblo y la
represión, corrupción y complicidad existente en las diversas instancias de
gobierno. Se ha querido controlar y hostigar, a través de retenes militares, la
libre circulación de ciudadanos y, muy especialmente, de extranjeros. Los
ataques del gobierno federal y estatal, así como de un sector de nuestra
Iglesia, crearon un ambiente de inseguridad y de descalificación contra nuestros
pastores y servidores. Hubo expulsiones y encarcelamiento de agentes de
pastoral; oficialmente se legisló la visita de observadores internacionales para
neutralizarla. México comenzó a tener problemas con países europeos por la
violación de los derechos humanos. Continúa una presencia excesiva del ejército
en el Estado de Chiapas y la impunidad de los grupos paramilitares. En
ocasiones, el control militar se disfraza de “labor social” de los propios
militares, que con sus acciones dividen a las comunidades.
4. En 1999, el gobierno
estatal impulsó la remunicipalización, lo que produjo polarización y división
entre las comunidades. En las elecciones del año 2000, fue derrotado el
PRI a nivel nacional y estatal, pero quedó vigente toda su estructura. En las
elecciones del 2001, salió fortalecido el PRI y aparecieron nuevos partidos, que
aumentaron la división en el pueblo. Nos preocupa que ante un gobierno de
cambio legítimamente establecido, continúen las divisiones y no se satisfagan
las demandas verdaderas del pueblo.
5. La intervención de
partidos políticos, organizaciones sociales, denominaciones religiosas y
programas gubernamentales ha roto en muchos casos la dinámica comunitaria y ha
introducido divisiones y polarizaciones antes desconocidas en los pueblos
indígenas.
6. 6.
La ausencia de una política gubernamental de respeto a los derechos humanos
generó violaciones a los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y
culturales, las cuales se ahondan por un sistema de administración y procuración
de justicia que permite la impunidad.
7. A pesar de todo, aún existen algunas comunidades indígenas y mestizas que
se han esforzado por mantener la esperanza de una vida mejor, cuidan sus
tradiciones y organizaciones comunitarias básicas, las adaptan a las condiciones
actuales, defienden su cultura y derechos. Muchas comunidades se unen en
organizaciones regionales y hasta nacionales, en busca de reivindicaciones
políticas y sociales y también de mejoría económica.
8. Ante la miseria creciente y el fracaso de todas las acciones de petición y
protesta; ante el deterioro de una economía campesina que ya no garantiza la
sobrevivencia, surgen grupos que buscan con radicalidad la solución a los
problemas de su existencia con diversos planteamientos, hasta llegar a medios
violentos.
9. Así surgió el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) contra el gobierno, en búsqueda esperanzada de justicia y paz
con dignidad. Atrajo la atención de organizaciones sociales del mundo entero,
despertando simpatía, conciencia, organización y solidaridad nacional e
internacional. Esto es un desafío para el gobierno.
10. Los pueblos indígenas, diversos grupos de la sociedad
civil e intelectuales, ayudaron a abrir el diálogo y la discusión con los
órganos gubernamentales, para lograr la firma de los “Acuerdos de San Andrés”.
En auténtica actitud de servicio evangélico, sobresale la intervención mediadora
de nuestra Diócesis, de su obispo Don Samuel Ruiz García, de la Comisión
Nacional de Intermediación (CONAI) y de la Comisión Episcopal para la
Reconciliación y la Paz.
11. La movilización del EZLN, del Congreso Nacional Indígena y de la Sociedad
Civil, no fue suficiente para lograr que el Congreso de la Unión reconociera en
la legislación nacional todos los derechos de los pueblos indígenas, según los
“Acuerdos de San Andrés”. Al presente, no se ve esperanza de una pronta
reanudación del diálogo entre el EZLN y el gobierno federal. Las causas
profundas del conflicto armado no han sido resueltas y persiste la confrontación
al interior de las comunidades campesinas, lo que constituye una verdadera
amenaza para la vida y crecimiento de nuestros pueblos.
12. A partir del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre
del 2001, se refuerza a nivel mundial la política de seguridad nacional y de
lucha contra el terrorismo, sin importar los medios. El gobierno mexicano
modifica su tradicional política exterior y se involucra cada vez más en la
política hegemónica de los Estados Unidos y en su estrategia económica, que
concentra más los bienes de toda la tierra y controla a los países productores
de petróleo y otros recursos estratégicos. Por su frontera sur con
Centroamérica, México, y muy especialmente Chiapas, sufre las consecuencias de
tales cambios en la política internacional y nacional.
Lo económico
13. Dios bendijo a Chiapas con una naturaleza abundante y admirable biodiversidad;
pero la estructura injusta que ha prevalecido durante años, ha impedido que sus
recursos naturales sean aprovechados para crear condiciones de vida digna para
la mayoría de su población; es más, la necesidad de la mayoría, unida al egoísmo
de unos pocos, va destruyendo la ecología a un ritmo alarmante. Chiapas ha sido
despojado de sus bienes culturales, de sus riquezas del campo: madera, café,
ganado, maíz, cacao y de sus recursos energéticos: petróleo y electricidad. El
trabajo de sus campesinos e indígenas ha sido explotado como mano de obra
barata.
14. La reforma agraria exigida por la revolución mexicana llegó tarde y muy
amañada a Chiapas; sólo la lucha social permanente posibilitó el acceso a la
tierra a cientos de miles de campesinos, que hoy conforman los ejidos. Junto a
esta forma de tenencia de la tierra, hay pequeña propiedad, tierras comunales y,
todavía, algunos latifundios. A partir de 1992, con las reformas al artículo 27
constitucional, se afecta el sistema de propiedad ejidal de la tierra,
abriéndose las puertas a su privatización. Esta reforma constitucional, aunada a
la escasa voluntad política en reactivar el campo, así como a las políticas globalizadoras y a los tratados de libre comercio, han agravado la situación de
los campesinos y han provocado la creciente migración y una mayor dependencia
alimentaria. Los conflictos agrarios se multiplican y la disputa por la tierra
sigue viva.
15.
La política económica del gobierno y la ambición de unos cuantos ‑usureros,
coyotes, atajadores, polleros y caciques–, causa excesivo desequilibrio
económico: riqueza en pocas manos y empobrecimiento para la mayoría de la
población. La caída del precio del café y demás productos del campo trae
consigo una gravísima crisis económica al campo chiapaneco. Las organizaciones
independientes se van fracturando y pierden fuerza. Ante la irresponsabilidad
financiera del capital chiapaneco, al esquivar la creación de fuentes de trabajo
y la capacitación de la abundantísima mano de obra, se instalaron algunas
empresas maquiladoras foráneas o transnacionales, que violan los derechos de sus
trabajadores, en el marco del Plan Puebla Panamá. A las ansias de
justicia del pueblo, el gobierno responde con algunos proyectos de desarrollo y
con programas paternalistas de ayuda y de control, que dividen a las comunidades
y aumentan la dependencia interna y externa.
16. La siembra, el consumo y el comercio de drogas han aumentado debido a la pobreza
creciente y a la influencia de grupos de narcotraficantes, y en algunos casos a
la presencia del ejército mexicano, o a pesar de él.
17. La situación de pobreza aguda que sufren los pueblos de Centroamérica,
produce una creciente migración hacia Chiapas, de aquí hacia el interior del
país y hacia Estados Unidos, junto con un creciente tráfico de indocumentados, a
los cuales las autoridades enfrentan con gran falta de solidaridad, con abuso,
corrupción y violencia.
18. Existe el esfuerzo de construir una economía
solidaria surgida de la creatividad de las comunidades organizadas, que va
contribuyendo a crear un proyecto alternativo que garantice su estabilidad
social, política y cultural, que haga frente a las estructuras injustas y a la
globalización.
Lo
socio-cultural
19. Desde antes de nacer nuestra Diócesis, hubo en su territorio diversas etnias: mayenses (tseltal, tojolabal, ch’ol y tsotsil), zoque, chiapa, náhuatl; luego
llegaron los españoles, nacieron los mestizos y quedaron pequeños grupos de
criollos que no han querido mezclarse. Se puede decir que un 75% de la población
diocesana vive dentro de un marco cultural indígena, aunque parte de ellos ya no
vistan su ropa tradicional ni hablen las lenguas de sus padres.
20.
El acuerdo comunitario, la solidaridad, el respeto a los mayores y la
integración de lo religioso en la vida, son también aspectos valiosos de estas
culturas, que buscan preservar y exigir el reconocimiento de sus “usos y
costumbres”. En las ricas tradiciones de las culturas de nuestros pueblos
resalta el sistema de cargos, que permite el servicio desinteresado de los
individuos a su pueblo y que, contra el mercantilismo y economicismo imperantes,
establece el servicio como norma última del valor de la persona.
21. La globalización está teniendo un fuerte impacto en las comunidades de
nuestra Diócesis, pues trae una profunda transformación cultural, social y
económica, en particular en las generaciones jóvenes. Según se exponen al
influjo occidental, las culturas se ven sometidas a transformaciones positivas y
negativas, sufren divisiones internas, desgarramientos y rivalidades. La
violencia motivada por múltiples factores, estructurales y sociales, se vuelve
común. El sistema tradicional de cargos, en algunas ocasiones, se
convierte en un sistema de opresión con intereses caciquiles y particulares. La
influencia de los medios de comunicación social, la introducción de carreteras y
el sistema educativo provocan cambios en el modo de vivir de las sociedades
indígenas y campesinas, destruyen o modifican su cultura y sus valores, provocan
la desintegración familiar y comunitaria y deterioro moral. Los que emigran se
desarraigan e influyen a veces negativamente en la cultura de sus pueblos. Por
otra parte, la riqueza cultural de nuestros pueblos es explotada por grupos que
buscan acomodarla en su proyecto. Otros la explotan como mero folklore.
22. Hay notables desequilibrios sociales entre el campo y la ciudad. En el
campo faltan muchas veces los servicios elementales de salud, agua, energía
eléctrica. La educación es deficiente y es prácticamente imposible para el
indígena acceder a la educación superior. Chiapas sobresale en el país por su
alto nivel de analfabetismo; ocupa el último lugar en educación. Mientras
que en torno a las ciudades más importantes se crea una infraestructura de lujo,
muchas comunidades aún permanecen aisladas.
23. La discriminación, el racismo y el desprecio al indígena son una triste
realidad entre nosotros. Tampoco faltan casos de desprecio del indígena hacia
los mestizos.
24. La mujer comienza a participar en los diferentes
niveles de la vida social; sin embargo, aún es muy grande la marginación,
opresión, violencia y el atropello que se imponen sobre la mujer, aún dentro de
la Iglesia.
25. Entre el mismo pueblo se mantienen costumbres e instituciones, o se
introducen otras nuevas, que le quitan vida: alcoholismo, droga, caciquismo,
aplastamiento de la mujer, consultas a espiritistas y a ciertos curanderos de
mala fe que favorecen el odio y la venganza.
26. Sin embargo, el pueblo consciente sigue esforzándose por cambiar la
situación social injusta y no pierde su carácter festivo, que lo anima para
enfrentar su futuro con esperanza. Se prepara, se une, lucha y va aportando
elementos que se integran en modelos alternativos al sistema actual. El proyecto
de autonomía que nace de las etnias, intenta defender el propio ser y la
identidad del pueblo indígena.
Lo religioso
27. Reconocemos que en las culturas indígenas y en su religiosidad Dios sembró las
“semillas de la Palabra”, que los dispuso maravillosamente para asumir la fe en
Cristo. Por desgracia, la cruz llegó a Chiapas unida a la espada. Esto impidió
que se realizara una inculturación del Evangelio más profunda. La religiosidad
popular ha asumido en Chiapas muchos elementos religiosos ancestrales, los
cuales fueron mucho tiempo condenados como paganismo por una Iglesia encerrada
en la cultura europea que, unida al dominador, se había vuelto incapaz de
encarnarse en las culturas.
28. Desde el principio de la evangelización en nuestro continente, no faltaron
quienes, motivados por la fe que anunciaban, defendieron la dignidad y los
derechos de los pueblos indígenas, como Antonio de Montesinos, Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga, Bartolomé de Las Casas, etc. En nuestra era, el
Concilio Vaticano II, las asambleas posteriores del Episcopado Latinoamericano,
las enseñanzas de Pablo VI y de Juan Pablo II, la presencia colegial de nuestro
obispo Samuel Ruiz García en la actividad y en las inquietudes suscitadas por el
Espíritu Santo en nuestro continente y en otras partes del mundo, nos han
animado a caminar hacia una renovación profunda, hacia una práctica pastoral
propia y a una serie de opciones que han modificado el espíritu de nuestra
Iglesia diocesana. Reconocemos que no en todos los lugares de la diócesis se han
dado estos avances. Sigue siendo una tarea para nosotros conocer las costumbres
de nuestros pueblos, diferenciando las que dan muerte y asumiendo las que dan
vida.
29. Nuestra Iglesia sólo se puede concebir a partir de la opción preferencial
por los pobres, que no es exclusiva ni excluyente. Con un espíritu misionero,
nuestra Iglesia busca encarnarse en las culturas y en la historia, al servicio
del mundo, acompañando al pueblo en sus luchas por abrir el camino del Reino de
Dios, en una
práctica profética de anuncio y denuncia, que nos ha traído persecuciones y
muerte.
30. Así se fortalece como Iglesia autóctona, con rostro y
corazón propio, con espiritualidad y ministerios inculturados, corresponsable y
unida a las demás Iglesias dispersas por el mundo, en especial a las de América
Latina. Expresa su catolicidad en la variedad de sus tradiciones, unida al
ministerio de Pedro en la Iglesia universal, y en comunión con su obispo como
pastor de la Iglesia particular.
31. La encarnación de la Iglesia y de la Palabra de Dios es palpable en la
historia del pueblo y en su cultura, en la integración de ritos y signos
tradicionales a la celebración de los sacramentos, en la rica participación del
pueblo, en el diaconado y otros ministerios eclesiales, en la traducción de la
Biblia que se ha venido haciendo a las diversas lenguas autóctonas de la
Diócesis. En nuestra Iglesia Católica hay todavía instancias que no logran
asumir la encarnación de la Iglesia en las culturas de los pueblos, como la ha
pedido repetidamente Juan Pablo II. Diferentes visiones de Iglesia dificultan
también el avance de la Iglesia Autóctona entre nosotros y una encarnación más
profunda en las culturas de nuestros pueblos por parte de los agentes de
animación y coordinación pastoral. Sus cambios frecuentes retardan también el
proceso de encarnación de la Iglesia.
32. Con alegría constatamos el florecimiento de la fe del pueblo sencillo, que
vive el misterio pascual construyendo el Reino de Dios, uniendo a la piedad la
solidaridad, el amor a la justicia y el compromiso con la historia.
33. También vemos con tristeza cómo los intereses materiales de quienes
anteponen el prestigio, la clase social o la riqueza, dificultan la
participación y a veces cierran la pertenencia humilde y activa a la Iglesia del
Señor en el camino a Dios.
34. Aunque sabemos que el último censo fue realizado con muchas deficiencias,
nos preocupa que los resultados para Chiapas a nivel de lo religioso arrojen lo
siguiente: El 64.46% de la población se reconoce católica; el 22.59% evangélicos
o protestantes; el 12.16% sin religión; el 0.79% en otras religiones no
especificadas. Entre la población que se dice católica hay diferentes niveles y
modos de participación y conciencia. Es importante el esfuerzo que se hace en
nuestra Iglesia por establecer el diálogo ecuménico y por buscar la unidad con
los diversos grupos eclesiales que se consideran católicos, pero que no están
coordinados: tradicionalistas, carismáticos, apóstoles de la palabra y otros.
35. La fe cristiana de la mayoría de los que participan en
los movimientos sociales y políticos que vive Chiapas, se hace notar en que la
protesta y las reivindicaciones del pueblo sencillo, en general, están empapadas
por un sano humanismo, por la búsqueda de proyectos alternativos, de justicia,
de verdad, de libertad y paz con dignidad para todos y por la ausencia de
actitudes de violencia radical.
36. La Palabra de Dios es anunciada oficialmente por más de
8000 catequistas, 340 diáconos permanentes, bastantes candidatos al diaconado y
muchos otros servidores que colaboran en la evangelización. Trabajan también
entre nosotros 191 religiosas y 43 religiosos de 38 congregaciones y órdenes; 25
seglares de tiempo completo en funciones de animación pastoral; 82 sacerdotes:
34 religiosos, 48 diocesanos (de los cuales 13 son chiapanecos). Hay 34 alumnos
en el Seminario: 10 en el Menor y 24 en el Mayor.
O B J E T I V O
Bajo la
guía del Espíritu Santo y llevando a la vida
las
orientaciones del III Sínodo Diocesano,
queremos
colaborar para que nuestros pueblos
-indígenas
y mestizos-
avancen en
su proceso de salvación en Cristo,
procurando
que nuestra Iglesia particular
sea
autóctona, liberadora, evangelizadora,
servidora y
en comunión con toda la Iglesia.
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