 |

EL ABORTO, EXTERMINIO HITLERIANO
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las
Casas
VER
El partido
mayoritario en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal promueve
despenalizar aún más el aborto. Es otro paso que dan, cediendo a presiones de
moda de grupos minoritarios, después de haber aprobado la ley de “sociedades en
convivencia”, una fórmula farisaica de avanzar hacia la legitimación de
matrimonios entre homosexuales. Y todo esto alentado por legisladores que,
oficialmente, se consideran “católicos”...
En la mayoría de Estados del país,
desde hace tiempo se despenalizó el aborto cuando se trata de un feto que viene
con malformaciones físicas, cuando la madre corre peligro en su vida por el
embarazo, o cuando éste es producto de una violación. En algunos casos, se han
ampliado más las causales, para no juzgar el aborto como crimen.
En 1991, el Lic. Patrocinio
González Garrido, siendo Gobernador de Chiapas, envió al Congreso local una
iniciativa de ley para permitir toda clase de abortos, incluso por pobreza de la
madre. En diálogos prolongados con él y con el Presidente del Congreso, los tres
obispos de ese tiempo hicimos ver que se eliminaba un ser humano. Por fortuna,
dieron marcha atrás a su proyecto. Algunas ONGs le recriminaron haber cedido
ante la Iglesia, pero respondió que era respetuoso de la vida y no pretendía
dividir más a la sociedad.
JUZGAR
El 5º. Mandamiento de la Ley de
Dios es muy claro: “No matarás” (Ex 20,13; Deut 5,17). Jesús remarca y
reasume este mandato (cf Mt 19,18). No hay duda, pues. Quitar la vida a un ser
humano, es un asesinato. El feto es un ser humano, aunque tenga un segundo de
existencia. Desde el momento en que se unen el óvulo y el espermatozoide,
empieza un nuevo ser, distinto a la madre, con todos sus derechos, el primero de
los cuales es la vida.
San Pablo incluye el homicidio
entre los signos de depravación de los romanos. Los califica de “llenos de
toda injusticia, perversidad, maldad, henchidos de homicidio, de engaño, de
malignidad, detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones,
ingeniosos para el mal, insensatos, desleales, despiadados, los cuales, aunque
conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales
cosas practican, no sólo las practican, sino que aprueban a los que las cometen”
(Rom 1,29-32).
El Código de Derecho Canónico
establece que “quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en
excomunión latae sententiae” (canon 1398); es decir, se excluye de la
Iglesia a sí mismo en forma automática, sin necesidad de juicio canónico. La
Iglesia no excomulga; la persona misma se pone fuera de la Iglesia, aunque se
siga declarando católica. Esto es para los casos en que el aborto se realiza en
forma intencionada, no cuando sucede de manera involuntaria. Y son culpables del
delito quienes lo realizan, quienes lo aconsejan, quienes ayudan a practicarlo.
Algunos alegan que México es un
Estado laico, y que por tanto las cuestiones religosas y morales no deben regir
la vida ciudadana. Se equivocan. El derecho a la vida no depende de una
religión, sino que es algo connatural al ser humano. Nuestra Constitución, en su
artículo 14, consagra el respeto a la vida, como fundamento de los demás
derechos: “Nadie podrá ser privado de la vida”. Así lo reconoce también
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la ONU, ratificada por
nuestro país desde 1948. Lo que pasa es que, quienes defienden el derecho de la
mujer a abortar, es muy probable que ya tengan en su historia personal este
delito, y no quisieran que pesara sobre su conciencia como un crimen.
Es una aberración y una ignorancia
culpable, afirmar que la mujer es dueña de su cuerpo y que se puede deshacer del
feto que lleva en su seno. Este no es responsable de los deslices de la madre.
Además, no somos dueños de nuestro cuerpo, sino administradores del mismo. El
feto, aunque está en el cuerpo de la mujer, es una persona distinta. La misma
ciencia nos confirma que, desde el primer instante, el óvulo ya fecundado tiene
todos los elementos que constituyen la identidad genómica de un nuevo ser
humano.
Al respecto, en el año 2002, la
Congregación para la Doctrina de la Fe, en una “Nota Doctrinal sobre algunas
cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida
política”, afirma: “Se asiste a tentativas legislativas que ... se proponen
destruir el principio de la intangibilidad de la vida humana. Los católicos, en
esta grave circunstancia, tienen el derecho y el deber de intervenir para
recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad que todos
tienen ante ella... Quienes se comprometen directamente en la acción legislativa
tienen la precisa obligación de oponerse a toda ley que atente contra la vida
humana... A ninguno de ellos les está permitido apoyar semejantes leyes con el
propio voto... La conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer
con el propio voto la aprobación de una ley particular que contenga propuestas
alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral”
(No. 4).
ACTUAR
Exhortamos
respetuosamente a los legisladores del Distrito Federal y de los Estados, que
respeten la vida humana desde su inicio en el seno materno, hasta su término
natural, y que no despenalicen más el aborto. Lo pedimos en particular a los
legisladores católicos.
Una ley no puede cambiar la
moralidad de un hecho, sólo por haber sido aprobada por unos legisladores sin
escrúpulos. La conciencia cristiana considera el aborto como un asesinato y, por
tanto, un pecado grave, mortal, penado con la excomunión, que no puede ser
levantada sino con la confesión sacramental ante un obispo, o ante un sacerdote
facultado por el obispo para remitirla.
Los ciudadanos, al elegir a
gobernantes y legisladores, deben averiguar si, con su voto, apoyarán a
abortistas, porque se convierten en colaboradores, quizá ingenuos, de asesinatos
exterminadores, que en nada se distinguen de los crímenes perpetrados por Adolfo
Hitler.
Los organismos de derechos humanos
deberían centrar su atención también en la defensa fundamental de la vida
humana, aunque esto política y económicamente no les traiga dividendos
favorables a su fama. ¿Acaso no les interesa defender la vida humana?
|
 |