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NO ES FÁCIL SER CRISTIANOS
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+ Felipe Arizmendi
Esquivel Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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Según el censo del año 1990, en el país se declararon
católicos el 90.4%. En el del año 2000, el 88.22%. Unos
Estados rebasaron esta cifra, como Aguascalientes y
Guanajuato con 96.07%, Jalisco con 95.39%, Querétaro con
95.37% y Michoacán con 95.12%. El resto de los Estados
fluctuaron entre 85 y 95%. El Distrito Federal llegaba a un
90.57%. Los más bajos eran Campeche con 75.04%, Tabasco con
72.26%, Quintana Roo con 71.76% y Chiapas con sólo el
64.16%. A pesar de ser nuestro Estado el menos católico, se
ha frenado la deserción. De 1970 a 1980, dejaron el
catolicismo el 14.3% de la población; de 1980 a 1990, el
9.3%; de 1990 al 2000, sólo el 3.44%.
A nivel nacional, dijeron ser protestantes el 7.35%.
Agregándolos al 88.22% de católicos, éramos un total de
95.57% de cristianos en el país. Los que se declararon “sin
religión”, eran sólo el 3.49%. El resto faltante para el
100%, sin especificar. Veremos cuánta variación nos ofrece
el censo de 2010, en este rubro tan importante para conocer
la realidad religiosa estadística en el país.
Sin embargo, a pesar de ser el 95.57% de bautizados,
católicos y protestantes, la violencia, el narcotráfico, los
secuestros, la extorsión, la corrupción, la infidelidad
matrimonial, los divorcios, las injusticias, el alcoholismo,
el abuso de la sexualidad, la aprobación de leyes contra la
vida y la familia, los abismos entre clases sociales, el
racismo persistente, los robos, la inseguridad, etc.,
demuestran que muchos cristianos no somos coherentes con
nuestra fe. Cierto que escándalos clericales y
antitestimonios de pastores evangélicos, que también se dan,
alejan a muchas personas de nuestras iglesias y de
Jesucristo; con todo, es la vida inmoral y antievangélica de
muchos creyentes la que más afecta al país.
JUZGAR
En Aparecida, describimos unas sombras de nuestra
realidad, como “debilidades, compromisos mundanos e
incoherencias” (5), “una fe católica reducida a
bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a
prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas
y parciales de las verdades de la fe, a una participación
ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de
principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que
no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor
amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la
Iglesia; la fe se va desgastando y degenerando en
mezquindad” (12); “una cultura sin Dios y sin sus
mandamientos, o incluso contra Dios” (13).
Hace poco, dijo el Papa Benedicto XVI: “No olvidemos el
inmenso don que recibimos el día en que fuimos bautizados.
En ese momento Cristo nos unió a sí para siempre; pero, por
nuestra parte, ¿seguimos permaneciendo unidos a él con
opciones coherentes con el Evangelio? No es fácil ser
cristianos. Hace falta valentía y tenacidad para no
conformarse a la mentalidad del mundo, para no dejarse
seducir por los señuelos a veces poderosos del hedonismo y
el consumismo, para afrontar, si fuera necesario, incluso
incomprensiones y a veces hasta verdaderas persecuciones.
Vivir el Bautismo implica permanecer firmemente unidos a la
Iglesia, también cuando vemos en su rostro alguna sombra y
alguna mancha. Es ella la que nos ha engendrado para la vida
divina y nos acompaña en todo nuestro camino. ¡Amémosla,
amémosla como a nuestra Madre! Amémosla y sirvámosla con un
amor fiel, que se traduzca en gestos concretos en el seno de
nuestras comunidades, sin caer en la tentación del
individualismo y del prejuicio, y superando toda rivalidad y
división. Así seremos verdaderos discípulos de Cristo”
(8-XI-09).
ACTUAR
Es necesario convertirnos todos, para vivir con coherencia
el Evangelio. Católicos y protestantes deberíamos ser los
que más ejemplo demos de justicia, honestidad, respeto a los
derechos de los demás, trabajo, responsabilidad, amor a la
verdad, solidaridad con los pobres, defensa de los débiles,
sobriedad en compras, bebidas y alimentos, leyes acordes al
orden natural, protección del medio ambiente, fidelidad
conyugal, etc. No es fácil convertirnos, pero sí es posible,
con la ayuda de Dios.
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