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LA IGLESIA NO ES ENEMIGA
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+ Felipe Arizmendi
Esquivel Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
VER
Es frecuente leer y escuchar opiniones contra nuestra amada
Iglesia Católica. Se le descalifica y condena, no tanto con
razones, sino trayendo a colación errores y deficiencias
innegables del pasado y del presente. Nos quieren silenciar
a los obispos, y tener libertad sólo ellos para ofendernos y
desacreditarnos. Quisieran volver a la Constitución de 1917,
cuando no se reconocía ni la existencia jurídica de la
Iglesia. Se burlan de nuestras posiciones sobre moral sexual
y de nuestra defensa de la vida y del matrimonio. No
quisieran que recordáramos al pueblo lo que no es doctrina
inventada por nosotros, sino Palabra de Dios. Premios Nóbel
de Literatura, ignorantes de los géneros literarios y de los
contextos en que se escribió, se burlan de la misma Biblia,
como si fuera el peor libro, y Dios el más sanguinario. No
dejan de caricaturizarnos. Nos consideran enemigos a vencer.
JUZGAR
Ya Jesucristo nos advirtió que mucha gente no quiere
escuchar su Palabra. Si a El, que es el Maestro y la Verdad
misma, lo rechazaron, ¡con cuánta mayor razón nos repelen a
nosotros! Si lo crucificaron a Él, que es Dios mismo, santo,
perfecto, sin pecado, que hizo milagros portentosos, que
demostró su sabiduría infinita, ¡qué nos espera a nosotros!
No nos extraña, pues, que quienes son de este mundo
pecaminoso, nos traten de silenciar, se burlen de nosotros,
nos ofendan y nos amenacen con llevarnos a los tribunales
civiles. Se atreven a citar aquello de que al César lo
que es del César, pero olvidan la otra parte de que a
Dios lo que es de Dios. Ni a Dios aceptan, mucho menos a
su Iglesia, que les debe recordar que ellos no son dioses,
para promover leyes y costumbres contrarias al camino de
vida y felicidad que Dios nos enseña. Si se prescinde de
Dios, la humanidad se derrumba.
San Pablo, en sus cartas a Timoteo, le advierte lo que debe
hacer, frente a quienes, enemigos de la cruz de Cristo,
propalan toda clase de doctrinas. Le dice: “Proclama la
Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza,
exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un
tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina,
sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con
un montón de maestros por el prurito de oír novedades;
apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las
fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia,
soporta los sufrimientos, realiza la función de
evangelizador, desempeña a perfección tu ministerio” (2
Tim 4,2-5).
Al respecto, ha dicho el Papa Benedicto XVI: “El mundo
-en la acepción que tiene este término en San Juan- no
comprende al cristiano, no comprende a los ministros del
Evangelio. En parte porque de hecho no conoce a Dios, y en
parte porque no quiere conocer a Dios, para que no lo
perturbe su voluntad, y por eso no quiere escuchar a sus
ministros; eso podría ponerlo en crisis” (3-V-09).
“La Iglesia, como la Virgen María, ofrece al mundo a Jesús,
el Hijo que ella misma ha recibido como un don, y que ha
venido para liberar al hombre de la esclavitud del pecado…
La Iglesia anuncia por doquier el Evangelio de Cristo, no
obstante las persecuciones, las discriminaciones, los
ataques y la indiferencia, a veces hostil, que más bien le
permiten compartir la suerte de su Maestro y Señor” (25-XII-09).
“Es posible una sana colaboración entre la Iglesia y la
comunidad política. No quiere de ningún modo sustituir a los
responsables del gobierno; sólo desea poder participar, con
espíritu de diálogo, en la vida de la nación, al servicio de
todo el pueblo”
(27-VI-09).
ACTUAR
La Iglesia no es enemiga a vencer, pues no pretende imponer
el catolicismo a todo el país. Sólo pedimos libertad para
exponer el Evangelio, para ofrecer a Jesucristo como único
camino de verdad, de libertad y de vida plena. Este servicio
no es tarea exclusiva de la jerarquía eclesiástica, sino de
todo el pueblo de Dios, que debe ser profeta para denunciar
lo que es contrario al Evangelio, y anunciar el camino de
Jesucristo, como opción de vida para el pueblo. También los
legisladores cristianos y católicos son Iglesia, y han de
ser testigos del Evangelio en su servicio político.
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