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¿CATÓLICOS INTOLERANTES?
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+ Felipe Arizmendi
Esquivel Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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Con frecuencia salen notas periodísticas en que se acusa a
católicos de ser intolerantes contra protestantes o
evangélicos. Dejan la impresión de que éstos son blancas
palomas, perseguidos sólo por su decisión de cambiar de
religión, como si en el fondo no hubiera otras causales. No
se toma en cuenta la historia, la identidad cultural de un
pueblo, los acuerdos comunitarios, las ofensas de que son
objeto los católicos, los problemas agrarios, las
tradiciones religiosas, etc.
La Comisión
Nacional de los Derechos Humanos pidió al gobierno estatal
que proporcione “medidas cautelares” a los evangélicos de
algunos de nuestros municipios, como si estuvieran en
peligro constante, como si los católicos los hubieran
amenazado casi de muerte, o no los dejaran vivir en paz.
¡Qué fácil es dejarse presionar y actuar desde lejos, sin
conocer a fondo la realidad! En Chiapas, no hay guerra
religiosa. Nuestra Iglesia no alienta la intolerancia. En
general, hay armonía entre las diferentes confesiones, pues
nuestro Estado es el más plurirreligioso. Son muy pocos los
conflictos sólo por religión, pero por intolerancias de
ambas partes.
JUZGAR
Los integrantes del Consejo Interreligioso de Chiapas, en
que compartimos presbiterianos, bautistas, adventistas,
nazarenos, mormones, Buen Pastor, asambleas de Dios, algunos
otros y los obispos católicos, emitimos hace poco esta
declaración:
1. Nuestro Dios en quien creemos, es un Dios de amor y de
libertad (cf Jn 3,16-18). A todos los seres humanos nos ha
hecho a su imagen y semejanza (cf Gén 1,27),
independientemente de nuestras razas, culturas, ideologías y
religiones. Por tanto, toda persona es digna de respeto y de
amor, sin hacer exclusiones por motivos religiosos o de otra
naturaleza (cf 1 Jn 3,14).
2. Jesucristo reprocha a su amigo más cercano, el apóstol
Juan, cuando éste le dice que prohibió a una persona
expulsar demonios en nombre de Jesús, porque no era del
grupo de los doce. Ordena que no se lo impidan (cf Mc
9,38-40). Por ello, debemos respetar a quienes pertenecen a
otras confesiones religiosas y no son de la nuestra. Como
dice el apóstol Pablo, lo que importa es que Cristo sea
predicado, y esto es lo que nos debe alegrar, aunque algunos
lo hagan con intenciones no puras (cf Flp 1,15-18).
3. Apoyados en esta luz de la Palabra de Dios, exhortamos a
las comunidades de nuestro Estado a respetar la libertad
religiosa de todas las personas. Cada quien es libre de
profesar la religión que le parezca mejor, y a nadie se
puede expulsar de una comunidad por practicar una religión
distinta a la de la mayoría. Son muy respetables los
acuerdos que se toman por consenso en las asambleas, pero
ante todo se debe respetar la libertad de cada persona y de
cada familia. No puede haber armonía social y cristiana, sin
el respeto de los individuos a la comunidad, y de la
comunidad a cada persona y a cada familia.
ACTUAR
4. Por tanto, no es justo ni válido exigir cuotas de
cooperación para fiestas o celebraciones de una religión
diferente a la propia, ni ofender con juicios y frases
bíblicas a quienes sinceramente viven su religión. En
concreto, una asamblea comunitaria no puede obligar a los
que se declaran evangélicos o de otras confesiones a pagar
una cuota para una fiesta católica, mucho menos a quemar sus
casas y templos o expulsarlos de la comunidad. Por su parte,
los evangélicos y los de otras confesiones han de respetar a
los católicos y sus fiestas, y no calificarlos como
idólatras, pues estos confiesan que no adoran imágenes, sino
sólo las veneran y respetan, como un medio para llegar a
Dios, encarnado en Jesucristo.
5. Pedimos a nuestro Padre Dios que nos conceda su Espíritu,
para que todos nos esforcemos por vivir en unidad y amor, y
así hagamos realidad la petición de Jesús: “Que todos
sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos
también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú
me has enviado” (Jn 17,21). Si seguimos divididos y
enfrentados, impedimos que los incrédulos acepten el
Evangelio. Si nos respetamos y nos amamos, demostraremos que
en verdad somos discípulos de Jesús (cf Jn 13,35).
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