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RETOS DE LA IGLESIA EN AMÉRICA LATINA
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las
Casas
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El próximo domingo 13 de mayo, el Papa Benedicto XVI inaugurará, en Aparecida,
Brasil, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (V
CG). No es Asamblea ni Conferencia del CELAM, sino del episcopado del
subcontinente, en comunión con Pedro y bajo Pedro. Participaremos 266 personas:
162 miembros, entre cardenales y obispos, con derecho a voz y voto; más 81
invitados, 8 observadores y 15 peritos, con derecho sólo a voz.
En nombre del Papa, tres
cardenales presidirán la V CG, con la ayuda de dos secretarios y de expertos.
Estarán 14 cardenales latinoamericanos, la Presidencia del CELAM y de la
Pontificia Comisión para América Latina, los presidentes de las 22 Conferencias
Episcopales de la región, los 93 obispos escogidos por los episcopados de cada
país, 15 miembros nombrados por el Santo Padre, el Secretario General del Sínodo
de los Obispos, tres Nuncios Apostólicos, y varios representantes de las
Conferencias Episcopales de Estados Unidos, Canadá, Europa, África, Asia y
Oceanía.
Irán 24 sacerdotes diocesanos,
cuatro diáconos permanentes, 16 religiosos y religiosas, 15 laicos, cinco
superiores mayores, tres miembros de la CLAR, una consagrada de la Confederación
de Institutos Seculares, representantes de cinco movimientos eclesiales con
presencia en América Latina, organismos de ayuda y ocho observadores de otras
religiones.
De México, vamos 26 personas (el 10% del total de participantes): 13 obispos que
fuimos elegidos por la asamblea plenaria del episcopado, los dos cardenales, el
presidente de la CEM, un cardenal de la Curia Romana, dos sacerdotes diocesanos
y dos religiosos, dos laicas y un laico, una religiosa y un diácono permanente.
Sólo de Brasil van más delegados.
¿Cuáles son los
retos más inquietantes, que debemos afrontar desde la fe? ¿Qué debemos hacer,
como Iglesia, ante la situación de nuestros pueblos?
JUZGAR
El tema central
de la V CG es: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros
pueblos en El tengan vida”. Nos replantearemos cuestiones fundamentales:
¿Qué significa ser verdaderos seguidores de Cristo, en el contexto social,
político, económico, cultural y religioso que vive el subcontinente? ¿Por qué
avanza el secularismo, copia de lo que sucede en Europa y en el Norte de
América? ¿Por qué legisladores, en su mayoría católicos, promueven y aprueban
leyes contra la vida y contra la familia? ¿Por qué muchos católicos optan por el
protestantismo, siendo que lo que allá encuentran lo tenemos nosotros? ¿Por qué,
en una población cristiana, persisten graves rezagos de marginación, con abismos
infranqueables entre pocos excesivamente ricos y una masa persistente de pobres?
¿Qué decir y hacer ante el mundo globalizado, donde los pobres son excluidos?
¿Por qué los pueblos, con el señuelo de salir de la pobreza, se dejan seducir
por caudillismos y populismos, con graves peligros para las democracias?
Los
pueblos indígenas, empobrecidos y excluidos, sufren
graves ataques a su identidad y supervivencia, pues la globalización económica y
cultural pone en peligro su ser como pueblos diversos. La migración indígena,
forzada por la pobreza, influye profundamente en el cambio de costumbres y de
relaciones, e incluso de religión. La progresiva transformación cultural que los
invade, provoca la desaparición de lenguas y culturas.
Persiste un
racismo
inhumano y anticristiano contra ellos,
incluso en ambientes eclesiales.
La injusticia es
anticristiana. Es una contradicción con el Evangelio que la riqueza se acumule
cada día más y más en pocas manos, y que grandes muchedumbres sigan sin resolver
necesidades básicas, como la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, el
descanso. Nada detiene la migración interna y externa, no sólo por mejorar la
condición de la familia, sino porque la globalización de los mercados hace que
lo que producen los campesinos no es competitivo, y se sienten obligados a
abandonar el campo y exponerse a todos los peligros para subsistir. El
narcotráfico, con sus secuelas de violencia y corrupción, parece invadir todas
las esferas sociales. ¿Qué nos corresponde hacer como Iglesia, para que pongamos
en práctica el plan de nuestro Padre Dios, que quiere vida para sus hijos?
Nos cuestiona el
aumento de ofertas espiritualistas, como un supermercado religioso. Nos preocupa
el no contar con suficientes traducciones católicas de la Biblia y de los ritos
litúrgicos a los idiomas indígenas, la formación poco inculturada de los
candidatos al presbiterado, la disminución de vocaciones al sacerdocio y a la
vida consagrada, la superficialidad de muchos creyentes, la fragilidad de los
matrimonios, la deficiente formación integral de los laicos para su compromiso
social y político, etc.
La pastoral de la
Iglesia no puede estar ajena a estas realidades, religiosas y sociales, pues
Jesús nos pide preocuparnos por la predicación de la Palabra de Dios, por los
sacramentos, por la oración, por la fe, pero también por que a los pobres no les
falte lo necesario para comer y vivir con dignidad. La fe en Cristo tiene
respuestas adecuadas a estos problemas, y son las que procuraremos intensificar,
para que la Iglesia sea un signo más visible el Reino de Dios. Quien ha
descubierto al Señor, necesariamente se hace misionero, no sólo para enseñar una
doctrina, sino para colaborar en la transformación integral de nuestros pueblos,
siempre a la luz de Cristo y ofreciendo la vida plena que El nos ha traído.
ACTUAR
Invitamos a los
creyentes a hacer mucha oración, para que se nos concedan los dones del Espíritu
Santo, tengamos un corazón sensible a lo que vive nuestro pueblo, y una mente
lúcida para señalar caminos de mayor fidelidad a nuestra vocación de discípulos
de Jesús.
Hay que ser
críticos ante las informaciones tendenciosas que algunos medios puedan difundir
sobre esta V Conferencia, como hubiera graves divisiones, o desde fuera
quisieran manipularla o contradecirla. Unos comentaristas aparentan ser muy
sutiles y conocedores de estos temas, pero no los están viviendo desde dentro; a
veces son ignorantes y enemigos.
Después de la V
Conferencia, se desea promover una gran Misión continental, para reactivar el
catolicismo. Preparemos nuestro ánimo para convertirnos y ser auténticos
discípulos y misioneros de Jesucristo. Con El, la vida de nuestros pueblos será
distinta.
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