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ECOS DE LA V CONFERENCIA
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San
Cristóbal de Las Casas
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Al término de
la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, al
abordar, en Sao Paulo, el avión de regreso a México, escuché a dos jóvenes
mexicanos (no participantes en la Conferencia) que conversaban sobre sus
experiencias en Brasil. En tono sarcástico, uno dijo al otro: “¿Oíste que el
Papa recomendó a los jóvenes la castidad? Que primero convenza a X (personaje de
la jerarquía católica)… Que pidió a las familias tener más niños… Es que, si no
hay, ¿a quién van a violar?”. El otro le contestó: “Que diga lo que
quiera. Yo en mi vida hago lo que me parece mejor…”
Ya dentro del
avión, con tristeza leí, en un periódico mexicano del día anterior, una columna
de alguien que denostaba al Papa en forma muy tendenciosa, falsa y hasta vulgar.
Para esos
jóvenes y escritores, así como para las grandes mayorías, ¿sirvió de algo el
viaje del Papa? ¿Qué les significa nuestra Conferencia y el documento que
elaboramos?
JUZGAR
En el vuelo de
ida, el Papa contestó a un reportero que preguntó su opinión sobre quienes no
querían escuchar su mensaje: “En todas partes de la tierra hay muchísimos que
no quieren escuchar lo que dice la Iglesia. Esperemos que al menos oigan y
después podrán disentir, pero es importante que al menos oigan para poder
responder. Busquemos convencer también a aquellos que disienten y no quieren
escuchar. No podemos olvidar que también nuestro Señor no logró que todos lo
escucharan. No esperamos convencer a todos en un momento. Pero yo busco que
muchos quieran escuchar y que muchos puedan también convencerse que éste es el
camino que hay que seguir”.
Yo regreso de
la V Conferencia en Aparecida muy animado y lleno de esperanza, porque somos, en
América Latina, una Iglesia viva y dinámica. Padecemos muchas carencias, pero
hay entusiasmo, no cansancio; hay perspectivas, no desilusión; hay dinamismo, no
sólo burocracia; hay creatividad, no derrotismo. Esa es mi renovada experiencia.
Nos preocupa la disminución de católicos, pero celebramos la profundidad de la
fe de muchos otros que incluso han dado su vida por mantenerse fieles a su
Iglesia, como son tantos mártires.
El Papa, en su
discurso inaugural, enumeraba algunas cosas bellas que tenemos en nuestra
Iglesia, sin dejar de reconocer las limitaciones: “En las Comunidades
eclesiales de América Latina es notable la madurez en la fe de muchos laicos y
laicas activos y entregados al Señor, junto con la presencia de muchos abnegados
catequistas, de tantos jóvenes, de nuevos movimientos eclesiales y de recientes
Institutos de vida consagrada. Se demuestran fundamentales muchas obras
católicas educativas, asistenciales y hospitalitarias. Se percibe, sin embargo,
un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de
la propia pertenencia a la Iglesia católica debido al secularismo, al hedonismo,
al indiferentismo y al proselitismo de numerosas sectas, de religiones animistas
y de nuevas expresiones seudoreligiosas”.
Otra cosa
importante es que se recupera, en el documento final, el método de “ver, juzgar
y actuar”, que tantos frutos ha dado entre nosotros, pero con una nueva
dimensión: Ver la realidad con los ojos de Dios Padre, con amor, ternura y
compasión. Juzgarla y discernirla a la luz de Jesucristo, camino, verdad y
vida. Actuar con la fuerza del Espíritu Santo, no sólo con nuestras
iniciativas y actividades.
Las
injusticias, la pobreza persistente, la corrupción, el narcotráfico, la
migración, el racismo contra indígenas y afroamericanos, la marginación de la
mujer, etc., son un reto permanente a la acción pastoral de la Iglesia; pero al
mismo tiempo disponemos de una gran riqueza en Cristo y de un dinamismo
renovador del Espíritu Santo.
El Papa
describía algunos de nuestros problemas: “En América Latina y el Caribe,
igual que en otras regiones, se ha evolucionado hacia la democracia, aunque haya
motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas
ideologías que se creían superadas, y que no corresponden con la visión
cristiana del hombre y de la sociedad, como nos enseña la Doctrina social de la
Iglesia. Por otra parte, la economía liberal de algunos países latinoamericanos
ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales
que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de
los propios bienes naturales”.
No nos podemos
quedar insensibles ante el dolor de tanta gente. Por ello, no sólo se retomó el
amor misericordioso por los pobres, sino que se reforzó en su más profunda
dimensión, como dijo expresamente el Papa: “La opción preferencial por los
pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre
por nosotros, para enriquecernos con su pobreza”. Es decir, aceptar a Cristo
como nuestro Salvador, lleva irremisiblemente al encuentro con los que sufren,
en cuyos rostros se hace presente el mismo Cristo. En este sentido, la opción
por los pobres es tan inderogable e irrenunciable, que quien nada hace por su
promoción y liberación, no es cristiano; quien no los ama, no ha conocido a
Cristo.
ACTUAR
Responder a
tantos retos, exige ofrecer a laicos y laicas una formación más cimentada en el
Catecismo de la Iglesia Católica y en su Doctrina Social, incluso a los líderes
de la sociedad, como políticos, maestros y comunicadores. Debemos organizar
procesos de evangelización y catequesis que lleven al encuentro con Cristo vivo,
celebrar más dignamente los sacramentos, promover una participación más
creciente y consciente en la Eucaristía dominical. Se nos pide alentar a las
comunidades eclesiales de base (CEBs) y a los nuevos “movimientos eclesiales”,
integrados a las parroquias y a la diócesis. Se ve la urgencia de promover las
vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, también entre los indígenas, y
cuidar su formación en los seminarios y casas religiosas.
El Papa nos
dijo: “Ante la nueva encrucijada, los fieles esperan de esta V Conferencia
una renovación y revitalización de su fe en Cristo… De esta fuente podrán surgir
nuevos caminos y proyectos pastorales creativos, que infundan una firme
esperanza para vivir de manera responsable y gozosa la fe e irradiarla así en el
propio ambiente”. Y una respuesta a esa inquietud es el compromiso que
hicimos de promover una gran Misión continental, poniendo nuestras diócesis en
misión permanente.
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