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NO SOMOS
CATÓLICOS, SINO CRISTIANOS
+ Felipe
Arizmendi Esquivel
Obispo de San
Cristóbal de Las Casas
VER
En días
pasados, llegaron a mi oficina de la Curia una mujer y dos hombres, que habían
solicitado la entrevista conmigo “para hablar de la Palabra de Dios”. De
entrada, abriendo cada quien su Biblia, empezaron diciéndome: “Le traemos un
mensaje de parte de Dios”. Les pregunté quiénes eran y si eran católicos. Me
dijeron: “No somos católicos, sino cristianos”. Uno de ellos dijo que
había sido católico, pero que nunca le habían enseñado lo que dice la Biblia. Es
obvio que no los rechacé, pues con frecuencia tengo encuentros con líderes
protestantes o evangélicos, dentro del Consejo Interreligioso de Chiapas, que
presido, y en el que participamos los obispos y representantes legales de las
principales denominaciones no católicas del Estado. Me dispuse a escucharlos con
respeto y atención.
Sin más
preámbulos, uno de ellos me leyó este texto del Levítico 18,6: “Ninguno de
ustedes se acerque a una consanguínea suya para descubrir su desnudez. Yo,
Yahvéh”. Le pregunté qué me quería decir, porque nunca en mi vida he hecho
eso. Su respuesta: “Usted conoce su conciencia y eso es lo que Dios le manda
decir, para que se convierta”. Me molesté mucho y les dije: “O ustedes o
su Dios son mentirosos, porque soy pecador, pero no tengo ese pecado que ustedes
me adjudican”.
Y empezaron a
sacar otros textos bíblicos. Al principio, les había dicho que yo escucharía su
mensaje y no haríamos discusiones; pero al arremeter contra la Virgen María,
contra la Iglesia y las imágenes, no tuve más remedio que responder. Expongo
algo de lo que me dijeron y lo que les respondí, porque puede servir a muchos
católicos que son acosados por hermanos de otras religiones y, por su ignorancia
bíblica, no saben defender su fe, la pierden o la cambian.
JUZGAR
Insistían en su cantaleta
clásica: que somos idólatras, porque tenemos imágenes y nos postramos ante
ellas, lo cual está prohibido por Dios en el libro del Exodo 20,1-5. Y como en
mi escritorio conservo una talla de madera, hecha por indígenas ecuatorianos,
con la figura de la sagrada Familia, que me acompaña desde hace muchos años, uno
me dijo que debía tirar ese “bulto”, y que lo mismo debía hacer en la catedral y
en todas partes: tirar las imágenes, pues no son más que “bultos”. No sé cómo no
los corrí de la oficina, y les pedí que leyeran el mismo Exodo, apenas cinco
capítulos más adelante, donde Dios ordena a Moisés hacer dos imágenes de
querubines (Ex 25,18), y el libro de los Números 21,8-9, cuando le manda hacer
la figura de una serpiente, y el Génesis 1,26-27, en que se dice que Dios nos
hizo a su imagen y semejanza. Uno de ellos leyó estos textos con extrañeza y
quedó pensativo, pero los otros me redargüían con el Salmo 115 (113 B) y otros
textos.
Por más que quise
explicarles que nuestras imágenes son sólo eso, imágenes, no dioses, no aceptan
nuestras razones. Están casados con esa convicción y no hay forma de hacerles
ver que los católicos no somos tontos ni ignorantes, para dar una categoría
divina a las figuras materiales. Lo que Dios prohíbe es adorar imágenes como si
fueran El. Nosotros no las adoramos. Las valoramos como un recuerdo de la Virgen
y de los Santos, que estuvieron cerca de Jesús y ahora están con El en el cielo,
para que intercedan por nosotros. Ellos no hacen milagros, porque no son Dios;
son sólo nuestros hermanos, que nos ayudan con su intercesión ante Dios, como
hicieron los apóstoles que rogaban a Jesús atendiera a la mujer cananea que
pedía la curación de su hija (cf Mt 15,23), o los ancianos de Cafarnaúm que
intercedieron ante Jesús por la salud del siervo de un centurión (cf Lc 7,1-10).
Las imágenes no hacen milagros, pues no son dioses, pero nos ayudan a
comunicarnos con quienes representan, para que rueguen por nuestras necesidades.
Esto es perfectamente acorde con la Biblia, salvo para aquél que tenga la mente
obcecada y el corazón cerrado.
El más aguerrido me decía
que por qué no enseñamos esto a la gente; que él, cuando era católico, nunca
escuchó lo que yo le decía. Claro, como era un ignorante del catolicismo y no lo
practicaba, nunca lo escuchó de un sacerdote o catequista. Me preguntaba si
podían decir que el Obispo afirma que las imágenes no son dioses, como si con
ello pretendiese acabar con nuestra religión. Y por más que le decía que esto es
lo que afirmamos siempre, no se convencía. Le insistía en que nuestras imágenes
son un recuerdo, como una fotografía de alguien a quien queremos, no dioses. Le
pregunté si él tenía en casa fotos de su familia y si las apreciaba; me
respondió que las tiró… Así no se puede dialogar; con personas en esta actitud,
es imposible un diálogo fraterno. ¡Y se llaman cristianos!
El punto más álgido fue
cuando me dijo que él respetaba a los apóstoles, porque estuvieron con Jesús y
predicaron el Evangelio; pero de ninguna manera a María, porque Jesús nunca la
llamó “madre”, sino “mujer”, lo cual significaba que era “una mujer cualquiera”.
Esto sí me molestó muchísimo y nuevamente comprobé que cualquier texto de la
Biblia que usemos para aclarar nuestro punto de vista, no lo aceptan, y caemos
en discusiones sin lógica, en ataques mutuos y en exacerbamiento. ¿Esto es
cristiano?
Por más que le decía que la
Biblia llama a María “madre” de Jesús (Mt 12,46; Jn 19,25), su respuesta es que
El nunca le dio ese título, y que por tanto no tenemos por qué llamarla “Madre
de Jesús, Madre de Dios”. A pesar de que lo engendró y lo dio a luz (cf Mt
1,25), no le reconoce su lugar en la historia de la salvación. ¿Así se puede
dialogar serenamente?¿En eso hacen consistir ser cristianos, como si este
nombre fuera contrario al de católicos?
ACTUAR
Los católicos
somos cristianos, discípulos de Jesús. No hay por qué contraponer lo cristiano a
lo católico. Sería absurdo que los católicos no fuéramos cristianos. Lo que nos
define en nuestra fe, quien nos da identidad, es Jesucristo. Lo católico no
quita nada a lo cristiano, sino que nos califica como seguidores de Cristo, pero
en la Iglesia que El fundó, sobre Pedro y sus legítimos sucesores, no sobre
otros líderes fundadores de iglesias de tiempos posteriores y recientes, que
pululan por todas partes e interpretan la Biblia cada quien según su personal
inspiración, cayendo en contradicciones entre unos y otros (cf 2 Pedr 1,20).
A pesar de
estos encuentros anecdóticos, que son más bien des-encuentros, aprecio y respeto
a los hermanos protestantes, que prefieren ser nombrados “evangélicos”. La
mayoría son de buen corazón, toman muy en serio la Palabra de Dios, se esfuerzan
por adecuar su vida a ella y nos dan ejemplo de audacia y creatividad para
evangelizar. Pidieron la entrevista conmigo para tratar de convertirme… ¿Quién
hace lo mismo con ellos?
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