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LA
INTOLERANCIA OBSTRUYE LA PAZ
+ Felipe
Arizmendi Esquivel
Obispo de San
Cristóbal de Las Casas
VER
En dos o tres
municipios de Chiapas, aún suceden casos de intolerancia religiosa. Las notas de
prensa afirman que “católicos” tradicionalistas, los que no siguen en todo los
caminos de nuestra diócesis, amenazan, perjudican y expulsan a quienes practican
una religión diferente. Les imponen cuotas para fiestas religiosas católicas;
les impiden practicar su culto y que los visiten sus pastores.
Por otro lado,
a nosotros nos insultan como idólatras, no cristianos ni evangélicos, borrachos
e ignorantes de la Biblia. Las familias católicas se quejan del acoso en sus
domicilios para que cambien de religión. En emisiones de radios piratas de
hermanos protestantes, se escuchan persistentes insultos a nuestra Iglesia. Nos
atribuyen calificativos del Apocalipsis que fueron escritos para otros
destinatarios.
Sucede lo mismo
entre partidos y organizaciones. Basta analizar las luchas para que los
diputados federales se pongan de acuerdo en torno al próximo informe del
Presidente de la República. A pesar de que, según nuestras leyes,
constitucionalmente gobierna en forma legítima, quienes le niegan ese derecho lo
desconocen y hasta lo insultan con palabras intolerantes. Con estas actitudes,
se perturba la paz social que el país requiere.
JUZGAR
Hay
dos pasajes bíblicos muy ilustrativos. En una ocasión, Jesús iba a Jerusalén y
“había mandado mensajeros delante de él, los cuales, caminando, entraron en
un pueblo samaritano para prepararle alojamiento. Pero los samaritanos no lo
quisieron recibir, porque iba a Jerusalén. Al ver esto, los discípulos Santiago
y Juan le dijeron; ‘Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que los
consuma?’ Pero Jesús, dándose vuelta, los reprendió, y pasaron a otra aldea”
(Lc 9,52-55).
Los samaritanos rechazan a
Jesús. El reprende a sus discípulos los deseos de venganza. La violencia nada
resuelve. Las ofensas, agresiones y descalificaciones dañan más a sus autores.
La intransigencia perjudica a todos. Lo ideal es el respeto entre unos y otros,
sean de cualquier religión, partido, organización o grupo.
Nuestra Iglesia Católica no
promueve la intolerancia hacia otras religiones. Reconocemos que hubo tiempos en
que, por circunstancias ya superadas, se veía la disensión religiosa como un
peligro para la unidad de las naciones. Hoy no pretendemos imponer a todos
nuestra religión. Reprobamos tanto la intolerancia de “católicos
tradicionalistas” hacia los protestantes, como el agresivo proselitismo de
algunos de ellos contra nosotros. Lamentamos que esas mismas intransigencias
prevalezcan en quienes rechazan a la autoridad legítimamente constituida.
En otra ocasión, el apóstol
Juan dijo a Jesús: “Maestro, vimos a uno que hacía uso de tu Nombre para
expulsar a los espíritus malos, pero se lo prohibimos porque no es de nuestro
grupo. Jesús le contestó: No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro
en mi Nombre y luego hablar mal de mí” (Mc 9,38-39). Es decir, no debemos
llenarnos de envidia, cuando otros hacen el bien, aunque sean de otra religión,
de otro partido u organización. Lo importante es servir a los pobres, como dice
Jesús: “Cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo y
llevan su Nombre, les aseguro que no quedará sin recompensa” (Mc 9,41).
ACTUAR
Desechemos la
intolerancia, religiosa y política, y aprendamos a respetarnos, para que haya
paz en los pueblos y en el país. Desconfiemos de quien insulta y agrede, de
quien arremete contra todos. Sepamos escucharnos y no neguemos sistemáticamente
a otros el derecho a decir su palabra. Valoremos lo positivo de los demás,
aunque no militen en nuestras filas.
Los católicos
debemos respetar el derecho que tienen otras religiones a practicar su fe, a
construir templos, a predicar su modo de entender la Sagrada Escritura.
Esperamos el mismo respeto y que no nos ofendan llamándonos “idólatras”, porque
no lo somos. Y que prevalezcan la cordura y la democracia en la Cámara de
Diputados. ¿Sería mucho pedirles que se amen como hermanos, pues la mayoría son
creyentes en el mismo Cristo?
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