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LA
POLÍTICA, CARIDAD SOCIAL
+ Felipe
Arizmendi Esquivel
Obispo de San
Cristóbal de Las Casas
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El próximo
domingo, en Chiapas habrá elecciones para legisladores locales y presidentes
municipales. Hay cansancio y desaliento en la población, porque cada poco tiempo
hay procesos electorales, sin coordinación entre federales y estatales, con
campañas caras y repetitivas, lo que genera un creciente abstencionismo. Para
algunos, la política es sólo negocio, interés económico, ambición de dominio,
desvirtuando su nobleza. Los mecanismos comunes de atracción de simpatizantes en
los mítines a base de regalos y espectáculos circenses, ha degradado la
democracia y ha mal educado al pueblo, haciéndolo dependiente, interesado e
infantil.
Como decimos en
el Documento de “Aparecida”, “en amplios sectores de la población, y
especialmente entre los jóvenes, crece el desencanto por la política y
particularmente por la democracia, pues las promesas de una vida mejor y más
justa no se cumplieron o se cumplieron sólo a medias” (No. 77).
JUZGAR
Los obispos hemos invitado a
la población a participar, a analizar candidaturas y emitir un voto razonado.
Por ello, no faltan personas que nos atacan, como si invadiéramos campos que no
nos corresponden. Al respecto, el Papa Benedicto XVI ha dicho: “La Iglesia no
tiene como tarea propia emprender una batalla política para realizar la sociedad
más justa posible; sin embargo, tampoco puede ni debe quedarse al margen de la
lucha por la justicia. La Iglesia debe insertarse en ella a través de la
argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales
la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni
prosperar” (“Sacramentum caritatis”, 89). Nuestra palabra no es para
apoyar a un partido. No somos parte de la maquinaria electoral de un candidato;
sólo ofrecemos fuerzas espirituales a todos, para afrontar las elecciones
con madurez ciudadana y cristiana.
Vamos a elegir
diputados locales. Muchos ciudadanos dan poca importancia a este cargo; sin
embargo, es de vital trascendencia, porque “algunos Parlamentos o Congresos
legislativos aprueban leyes injustas por encima de los derechos humanos y de la
voluntad popular, precisamente por no estar cerca de sus representados ni saber
escuchar y dialogar con los ciudadanos, pero también por ignorancia, por falta
de acompañamiento, y porque muchos ciudadanos abdican de su deber de participar
en la vida pública” (Aparecida, 79).
A quienes nos dicen que nos
dediquemos a celebrar Misas y ritos, les respondemos con el Papa Benedicto XVI:
“El culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin
consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio
público de la propia fe… Los políticos y los legisladores católicos, conscientes
de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados
por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas
en los valores fundados en la naturaleza humana” (Sacramentum caritatis, 83).
ACTUAR
La lucha política partidista
es legítima. Sin embargo, insistimos en que los candidatos y los gobernantes han
de ver el servicio público no sólo como un puesto de poder, una fuente de
riqueza económica, una posición de privilegio y de presunción, sino como un
desgastarse a sí mismos para que los pueblos tengan una vida digna. Dar la vida
en la política, cuando sinceramente se hace por el pueblo, es un acto de amor,
que puede ser camino de santidad. Así entendida, es un acto de “caridad
social”, como acaba de decir el Papa al nuevo Embajador de Nicaragua ante la
Santa Sede.
Invitamos a los electores a
acudir a las urnas. No hacerlo, es dejar que unos pocos decidan la suerte de las
mayorías. Abstenerse es indicar que no somos parte integrante de la sociedad,
que nos colocamos al margen y dejamos que otros marquen el rumbo de la historia.
Hay que votar en forma consciente y crítica: no por quien nos regaló algo en su
campaña, ni por quien nos prometió cosas irreales, sino por quien ha demostrado
honestidad, rectitud y capacidad para servir al pueblo. Es quien nos merece
confianza.
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