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“QUE LAS IGLESIAS NO SE METAN”
+ Felipe
Arizmendi Esquivel
Obispo de San
Cristóbal de Las Casas
VER
Marcelo Ebrard,
Jefe de Gobierno del Distrito Federal, con ocasión de un foro sobre interrupción
legal del embarazo, dijo: “Pensamos firmemente que si queremos cambiar
nuestra sociedad tenemos que cambiar nuestros patrones culturales, porque si no,
no lo vamos a lograr. Entiendo que es un trabajo que nos va a tomar tiempo, pero
hay que empezar ya”. Y pidió que en esto las iglesias “no se metan”,
porque los asuntos de gobierno los decide el gobierno por medio de sus
autoridades legítimamente elegidas.
María Consuelo
Mejía, en nombre de las mal llamadas “Católicas por el Derecho a Decidir”,
llamó, según notas de prensa, a todos los sectores de la sociedad y en especial
a la jerarquía de la Iglesia católica, “a que respete la decisión de las
mujeres, a que se respete nuestra libertad de conciencia, nuestra dignidad y la
autoridad moral que tenemos para tomar decisiones. Las mujeres deciden, la
sociedad respeta, el Estado garantiza y las iglesias no se meten”.
JUZGAR
¿Cómo quieren que no nos
metamos en estos asuntos? ¿Acaso nos podemos quedar indiferentes ante la
destrucción encarnizada, aunque sea legal, de tantos seres inocentes en el seno
materno, cuando el quinto mandamiento de la Ley de Dios ordena no matar?
¿Podemos asumir la postura cómoda de no hablar, cuando se está destruyendo la
familia y la dignidad del matrimonio, como Dios los estableció?
Si los obispos calláramos y
nos adaptáramos a esas corrientes de pensamiento, que no son exclusivas de estos
tiempos, sino de siempre, no daríamos el servicio profético que Dios nos pide, y
nos haríamos cómplices de crímenes sociales (cf Ez 33,7-9). Si ellos presumen
del asesinato de inocentes, ¿qué conciencia, qué dignidad, que autoridad moral
tienen?
Como ha dicho Benedicto XVI
en Austria, “El derecho humano fundamental, el presupuesto de todos los demás
derechos, es el derecho a la vida misma… El aborto no puede ser un derecho
humano; es exactamente lo opuesto. Es una profunda herida social… Al afirmar
esto, no expreso solamente una preocupación de la Iglesia. Más bien, quiero
actuar como abogado de una petición profundamente humana y portavoz de los niños
por nacer, que no tienen voz. No cierro los ojos ante los problemas y los
conflictos que experimentan muchas mujeres, y soy consciente de que la
credibilidad de mis palabras depende también de lo que la Iglesia misma hace
para ayudar a las mujeres que atraviesan dificultades. En este contexto, hago un
llamamiento a los líderes políticos para que no permitan que los hijos sean
considerados una especie de enfermedad, y para que en vuestro ordenamiento
jurídico no sea abolida, en la práctica, la calificación de injusticia atribuida
al aborto”.
No tengan miedo de que
invadamos campos que no nos tocan. Dice el Papa: “Es propio de la estructura
fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es
de Dios, esto es, entre Estado e Iglesia… El Estado no puede imponer la
religión, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de
las diversas religiones… La doctrina social católica no pretende otorgar a la
Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten
la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento…No es tarea de la
Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina; quiere servir
a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la
percepción de las verdaderas exigencias de la justicia” (Deus caritas est,
28).
ACTUAR
Vivimos en un Estado laico,
y no pretendemos imponer nuestras convicciones religiosas a toda la sociedad.
Pero tenemos el derecho y la obligación de proclamar la verdad del Evangelio de
la vida y del matrimonio, para quien quiera escucharnos. No pueden caer en un
totalitarismo, que nos impida hablar. ¿Eso es democracia?
Quienes deseen ser
verdaderamente católicos y católicas, formen su conciencia no según sus
caprichos, ni según los dictados de quienes les financian, ni por justificar lo
que quizá han practicado, sino por la Palabra de Dios, que urge respetar siempre
la vida.
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