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¿RELIGIÓN EN LAS ESCUELAS PÚBLICAS?
+ Felipe
Arizmendi Esquivel
Obispo de San
Cristóbal de Las Casas
VER}
Se desató una
andanada de insultos contra la jerarquía católica, por apoyar la iniciativa de
reformas a la Constitución, pidiendo que haya más libertad religiosa y se pueda
enseñar religión en las escuelas públicas, si los padres de familia lo piden,
como es su derecho. Esta petición no es para imponer a todos los mexicanos el
catolicismo, sino para que haya opciones diversas, según la decisión de los
papás. El mismo derecho tienen los protestantes, los de otras religiones, y los
que no profesan ninguna. Queremos libertad educativa, no imposición del Estado.
JUZGAR
El artículo 26 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, de la ONU, ratificada por
nuestro país, indica: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de
la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y
a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la
amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos… Los
padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de
darse a sus hijos”.
En nuestro país, este
derecho humano no se respeta en las escuelas públicas, pues no hay libertad para
que los padres de familia escojan una educación que sea conforme a su fe. El
Estado impone un solo tipo de educación, y hay algunos temas, como la educación
sexual, que no toma en cuenta los principios católicos sobre la sexualidad. No
estamos en contra de que se imparta, sino rechazamos algunos contenidos de los
libros oficiales.
En muchos países
democráticos se respeta este derecho, sin mayor problema, desde hace muchos
años. En Alemania, por ejemplo, el Estado reconoce que los padres de familia son
quienes han de escoger qué tipo de educación prefieren. Si deciden que la
escuela imparta una materia religiosa, pueden seleccionar entre la católica y la
luterana, que son las mayoritarias. Si no quieren religión, se imparte a los
alumnos clases de civismo, de valores humanos. El Estado paga a los maestros de
religión y los implementos pedagógicos. De esta forma, reciben formación
religiosa no sólo los ricos y las clases medias, que pueden pagar colegiaturas
en las escuelas privadas, sino todos los ciudadanos que así lo deseen. Es lo
mismo que pasa en muchos otros países. ¡Ojalá nuestros críticos conozcan otras
legislaciones y comparen!
Los obispos de América
Latina expresamos en el Documento de “Aparecida”: “Un principio irrenunciable
para la Iglesia es la libertad de enseñanza… Por el hecho de haberles dado la
vida, los padres asumieron la responsabilidad de ofrecer a sus hijos condiciones
favorables para su crecimiento y la grave obligación de educarlos. La sociedad
ha de reconocerlos como los primeros y principales educadores.” (No. 339).
“Este intransferible
derecho… ha de ser decididamente garantizado por el Estado. Por esta razón, el
poder público, … atendiendo a la justicia distributiva, debe distribuir las
ayudas públicas –que provienen de los impuestos de todos los ciudadanos– de tal
manera que la totalidad de los padres, al margen de su condición social, pueda
escoger, según su conciencia, en medio de una pluralidad de proyectos
educativos, las escuelas adecuadas para sus hijos”
(No. 340).
ACTUAR
No pretendemos que el Estado
imparta religión. No es esa su tarea. Eso corresponde a la familia, en primer
lugar, y a la comunidad creyente de las diferentes denominaciones. Pero debe
respetar la decisión de los progenitores, que pagan con sus impuestos el trabajo
de los maestros, los libros de texto y todo el aparato institucional. El Estado
no es dueño de la educación, sino su servidor y administrador.
Sabemos que van a pasar
muchos años para que se reconozca este derecho humano a la libertad religiosa en
la educación pública, pero hay que luchar por ello. No queremos que el Estado
haga nuestro trabajo, sino que respete el derecho de los padres de familia.
Sabemos que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación no está
abierto a esta demanda, pero llegará el tiempo que sus dirigentes comprenderán
las razones y aceptarán.
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