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Grandes líneas de “Aparecida”
RECOMENZAR DESDE CRISTO
+ Felipe
Arizmendi Esquivel
Obispo de San
Cristóbal de Las Casas
VER
Los obispos
mexicanos estamos reunidos, en nuestra LXXXIV Asamblea ordinaria, para estudiar
el Documento de Aparecida, que elaboramos en mayo pasado en Brasil, aprobado ya
por el Papa Benedicto XVI. Lo mismo están haciendo las demás Conferencias
Episcopales de los países de nuestro subcontinente. Junto con nuestras
comunidades, queremos responder a lo que el Espíritu ha dicho y pedido a
nuestras Iglesias.
No faltan
comentaristas, incluso un protestante furibundo contra todo lo católico, que
sólo resaltan los cambios que hicieron los colaboradores del Papa, como si esto
quitara autoridad y densidad al documento. Otros le quieren buscar deficiencias,
como alguien que me preguntó, en una conferencia di sobre el tema, qué le
faltaba al documento; era su gran inquietud. Es obvio que el texto no es una
enciclopedia, que trate de todo, sino sólo remarca lo que en este momento
requiere nuestra Iglesia.
¿Cuáles son las grandes
líneas del documento? Trataré de exponer, en artículos sucesivos, algunas de las
que considero más importantes. Ahora resalto la que juzgo como básica.
JUZGAR
Desde la
introducción, el documento nos invita a centrarnos en lo fundamental, que es el
encuentro personal con Cristo: “A todos nos toca recomenzar desde Cristo,
reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una
gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da
un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (No.
12).
No nos podemos
confiar ni estar tranquilos porque en México los católicos somos mayoría, pues
no sólo disminuye el número, sino que la fe de muchos es muy débil y
fragmentaria. Por ello, “la Iglesia está llamada a repensar profundamente y
relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias... Se
trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en
nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que
suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y
estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y
novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas
de vida nueva” (No. 11).
La Iglesia
no es fin en sí misma; es para Cristo y el pueblo. “Aquí está el reto
fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y
formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen
por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con
Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra
prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que
Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a
todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Éste es el mejor
servicio –¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y
naciones” (No. 14).
ACTUAR
“Conocer a
Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este
tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha
confiado”
(No. 18). Por
ello, nuestro empeño es que todos los católicos –y aún los no creyentes-
conozcan más a Jesucristo, se apasionen por su Evangelio y lo contagien a su
alrededor.
Nos sentimos
dichosos de ser cristianos y católicos. “En el encuentro con Cristo queremos
expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el
tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos
ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (No. 28). “La
alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, … deseamos que llegue
a todos... Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier
persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida,
y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (No. 29).
¿Quieres ser
auténtico creyente? Atrévete a conocer a Jesús y ábrele las puertas.
¡Encontrarás vida plena y no quedarás defraudado!
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