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Grandes líneas de “Aparecida”

LA DICHA DE SER DISCÍPULOS DE JESÚS

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

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Hay algunos católicos que se sienten acomplejados, porque no valoran el don tan precioso que recibieron desde el bautismo, y porque no saben cómo responder a las preguntas, críticas y burlas que se hacen a nuestra religión, de parte de quienes hacen del dinero, del placer, del poder y del saber, los dioses que rigen sus vidas. 

Otros se sienten desconcertados, porque varios de sus conocidos y hasta familiares han dejado el catolicismo y se han adherido a diversas confesiones cristianas; no saben qué pasa y a qué se debe que cambien la religión que les transmitieron sus padres; tampoco se han preparado para responder a las dudas que les siembran sobre las imágenes, los sacramentos, la Virgen María, la misión del Papa, etc. Desconocen la Biblia y la tradición de la Iglesia, y por ello hasta se avergüenzan de ser católicos. No se atreven, en los foros públicos y en los medios informativos, a dar testimonio de su fe, porque ésta es muy débil e insegura. 

JUZGAR

En el Documento de Aparecida, queremos resaltar la gran dicha que nos significa ser cristianos y católicos, discípulos de Jesús. Por eso, expresamos: “Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. Con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo resucitado, podemos y queremos contemplar al mundo, a la historia, a nuestros pueblos de América Latina y de El Caribe, y a cada una de sus personas” (No. 18). 

Yo me siento muy feliz de haber recibido el bautismo en la Iglesia Católica y de ser parte de la misma. Si cambiara de religión, saldría perdiendo muchos de los tesoros que Jesús nos dejó y que nuestra Iglesia conserva íntegra y fielmente. Perdería la Eucaristía, que es la presencia viva y sacramental del mismo Cristo. Perdería otros sacramentos y la seguridad del amor de la Virgen María y de los Santos que están con Dios en el cielo. Perdería la unidad y universalidad que Cristo dejó a su Iglesia, presidida por Pedro y sus sucesores.  

“Damos gracias a Dios y lo alabamos por todo lo que nos ha sido regalado…Sobre todo, nos ha sido dado Jesucristo, la plenitud de la Revelación de Dios, un tesoro incalculable, la “perla preciosa” (cf. Mt 13, 45-46), el Verbo de Dios hecho carne, Camino, Verdad y Vida de los hombres y mujeres, a quienes abre un destino de plena justicia y felicidad. Él es el único Liberador y Salvador que, con su muerte y resurrección, rompió las cadenas opresivas del pecado y la muerte, que revela el amor misericordioso del Padre y la vocación, dignidad y destino de la persona humana” (No. 6). “En el encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (No. 28).

ACTUAR

Debemos reemprender una evangelización más intensa, que no es sólo acumulación de conocimientos religiosos, sino una relación personal con el Señor, que transforma la persona, la familia y la sociedad. Este es el gran reto que tenemos, más que discutir con otras religiones. 

“La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna y compasión. La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (No. 29).