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“CATÓLICOS DE VERDAD”
+ Felipe Arizmendi
Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
VER
Estamos iniciando la
Cuaresma. Su finalidad es prepararnos para celebrar el misterio central
de Cristo: su muerte y resurrección. No se trata sólo de recordar un
hecho pasado, sino de actualizar, tanto en la liturgia como en nuestra
propia vida, la pascua, que es el paso de la muerte a la vida, del
pecado a la gracia, de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la
libertad.
El signo con que se inicia
este tiempo es la ceniza, que nos recuerda que somos polvo, que la vida
es transitoria, que hemos de enriquecernos con valores trascendentes. Se
nos invita a arrepentirnos y creer en el Evangelio. Sin embargo, muchas
personas reciben la ceniza sólo por tradición, pero no hacen un esfuerzo
serio por ser discípulos auténticos de Cristo, que eso significa ser
católicos de verdad.
Como decimos en Aparecida,
“nuestra mayor amenaza es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de
la Iglesia, en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero
en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”
(12).
JUZGAR
No nos podemos confiar
porque en México los católicos somos mayoría. Nos preocupa que algunos
cambien de religión; pero lo más doloroso es que el catolicismo de
muchos es muy débil y fragmentario. Delincuentes, narcotraficantes y
asesinos se declaran católicos, pero su vida está alejada de la Palabra
de Dios y de lo que como Iglesia proponemos. Y esto no pasa sólo con
católicos, sino también con protestantes de las más diversas
denominaciones. Ante ello, decimos en Aparecida, “la Iglesia está
llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su
misión en las nuevas circunstancias... Se trata de confirmar, renovar y
revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia,
desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite
discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y
estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha
tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su
Reino, protagonistas de vida nueva” (11).
La Cuaresma es tiempo
propicio para hacer una revisión de nuestra vivencia cristiana. Con
creyentes mediocres e ignorantes, la Iglesia seguirá disminuyendo en
número. Con cristianos corruptos, borrachos, ladrones, secuestradores,
la sociedad mexicana no recibirá la influencia transformadora de la fe,
sino que cada día caerá en un grave secularismo, en una creciente
increencia, en una destrucción de la familia y de la convivencia social.
Si no hay una evangelización profunda, un encuentro con Cristo, ni con
todo el Ejército se detendrá la ola de violencia y de inseguridad.
En Aparecida, expresamos:
“Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad
de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que
respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde
de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos
otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser
instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea
encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no
obstante todas las dificultades y resistencias. Éste es el mejor
servicio –¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas
y naciones” (14).
ACTUAR
No basta criticar al gobierno y al sistema en que estamos
inmersos. No basta gritar y pintar consignas contra lo establecido. No
basta culpar a otros de todos los males. “A todos nos toca recomenzar
desde Cristo, reconociendo que ‘no se comienza a ser cristiano por una
decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un
acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y,
con ello, una orientación decisiva’ (12). “Hay que fortalecer la
fe para afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo
armónico de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos. No hemos
de dar nada por presupuesto y descontado. Todos los bautizados estamos
llamados a recomenzar desde Cristo” (549). Para eso es la Cuaresma.
Vivámosla con autenticidad.
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