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PEREGRINACIÓN POR LA VIDA DEL PUEBLO

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
 


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Cerca de diez mil personas participaron en una peregrinación que organizamos en nuestra diócesis, dentro del espíritu de oración, ayuno y solidaridad, propio de la Cuaresma. Su objetivo fue unirnos en la súplica al Señor y encontrar fuerza en Él, porque hay muchos problemas que generan tristeza y dolor: Aumenta la venta y el consumo de alcohol. Hay división en las organizaciones por falta de acuerdo. Unas autoridades no cumplen las obras que prometieron. Algunos jóvenes se matan. Amenazas de desalojo a algunas comunidades. Muertes de migrantes. Presencia del ejército que entra a revisar a las comunidades y en los cruceros. Intento de privatizar el agua. Despojos de tierras entre organizaciones. División por los partidos políticos. Alza de los productos de primera necesidad y alta tarifa de la luz. Conflictos agrarios. Abandono y empobrecimiento del campo. Problemas entre autoridades autónomas y oficiales. La persistencia de la tortura, como método policíaco para presionar a los detenidos, violando sus derechos humanos fundamentales.

 

Estamos perdiendo la fuerza de la unidad y la fraternidad, porque hay desacuerdo y desánimo. Algunos catequistas ya no cumplen su servicio. Se pierden los valores religiosos, la identidad, el respeto, el sentido de la vida, la fe, nuestra cultura, las costumbres, las reuniones comunitarias, nuestra forma de pensar y de cultivar la tierra, las semillas. Estamos perdiendo el respeto al medio ambiente. Por la migración, se pierden las costumbres y los acuerdos de las comunidades. Algunos buscan una salvación fácil, sin querer ver la realidad, y se cambian a otras religiones y sectas. Los jóvenes ya no quieren servir, sino sólo ver películas e ir a las drogas y la prostitución. Los programas de gobierno generan divisiones, porque muchos los aceptan, pues tienen necesidad y reciben lo que en justicia merecen para remediar en parte su pobreza; pero otros los rechazan, porque los consideran como una forma de perder su libertad y su dignidad. Nosotros respetamos la decisión de los pueblos, pero nos duelen sus divisiones internas.

 

JUZGAR

Dice el profeta Ezequiel: “Purifíquense de todas sus iniquidades; renueven su corazón y su espíritu” (Ez 18,31). Isaías se dirige a los príncipes y a todo el pueblo: “Lávense y purifíquense; aparten de mi vista sus malas acciones. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, busquen la justicia, auxilien al oprimido, defiendan los derechos del huérfano y la causa de la viuda…Si son ustedes dóciles y obedecen, comerán los frutos de la tierra. Pero si se obstinan en la rebeldía, la espada los devorará” (Is 1,10.16-20).

 

Todos estamos invitados a la conversión: gobernantes, autoridades, legisladores, jueces, educadores, comunicadores, ministros pastorales y el resto del pueblo. No seamos como los escribas y fariseos, que “dicen una cosa y hacen otra… Hacen cargas muy pesadas y las echan sobre las espaldas de los demás, pero ellos ni con el dedo las quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente”. Asumamos nuestras propias responsabilidades.

 

ACTUAR

Sigamos orando y acudiendo a las instancias competentes, para que los presos salgan libres; que se haga plena justicia en el caso de Acteal; que los migrantes encuentren una vida digna y se respeten sus derechos, dentro y fuera del país. Que no sean abortados los niños concebidos, y que la Suprema Corte de Justicia de la Nación los proteja. Que no haya más violación de los derechos humanos. Que demos a las mujeres su lugar en la familia, en la sociedad y en la Iglesia. Que se encuentren soluciones a los desequilibrios por la apertura agrícola del TLC. Que Dios nos conceda más vocaciones autóctonas al sacerdocio y a la vida consagrada, que sientan y compartan el dolor de los pobres. Que podamos nuevamente ordenar diáconos permanentes. Que seamos católicos de verdad, discípulos y misioneros de Jesucristo. Que vivamos en unidad, en la familia y en la Iglesia, y también con los hermanos de otras religiones. Que la fuerza del Espíritu nos lleve a construir una paz justa, permanente y fraterna