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PROS Y CONTRAS DE LA
GLOBALIZACIÓN
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
VER
Ante el aumento incontrolado del precio de la tortilla y de
otros alimentos básicos, el gobierno federal ha intentado hacer algo para
regularizar esta situación. Sería injusto negar su esfuerzo. Sólo los enemigos
sistemáticos de cuanto hace el gobierno, no lo valoran. Sin embargo, hay un
manejo de la economía globalizada que rebasa al gobierno, por más buena voluntad
que éste tenga de proteger a los pobres. Hay mecanismos del libre mercado, que
se imponen a gobiernos y a pueblos; ante ellos, campesinos, indígenas, obreros y
subempleados, están desprotegidos. Los que ganan son los acaparadores y
especuladores.
Hace tres o cuatro años, cuando se empezaba a pavimentar la
carretera desde Margaritas hasta San Quintín, en la Selva, pasando por Guadalupe
Tepeyac y La Realidad, zona zapatista, algunos hermanos comentaban: “Dicen que
esta carretera es parte del Plan Puebla Panamá, y que nos va a perjudicar (con
palabras mexicanas); pero, ¡qué buena está y cómo nos sirve para sacar nuestros
productos y llevar nuestros enfermos al hospital!
El mundo globalizado en que vivimos, ¿en qué ayuda, y en qué
perjudica?
JUZGAR
Ante las graves injusticias que padecen los pobres, y ante el
progresivo desorden que impone el sistema económico reinante, de corte
capitalista, neoliberal y economicista, algunos han propuesto un nuevo
socialismo. Sin embargo, ya desde fines del siglo XIX, el Papa León XIII, en su
Encíclica Rerum novarum, decía: “Para solucionar este mal (la injusta
distribución de las riquezas), los socialistas instigan a los pobres al odio
contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada, estimando mejor
que, en su lugar, todos los bienes sean comunes...; pero esta teoría es tan
inadecuada para resolver la cuestión, que incluso llega a perjudicar a las
propias clases obreras” (No. 99). Y comenta al respecto el Papa Juan Pablo
II: “No se podían indicar mejor los males acarreados por la instauración de
este tipo de socialismo como sistema de Estado, que sería llamado más adelante
‘socialismo real’ ” (Encíclica Centesimus annus, 12).
Pero el mismo Papa se pregunta: “¿Se puede decir quizá
que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo,
y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los Países que tratan de
reconstruir su economía y su sociedad?... La respuesta obviamente es compleja...
La solución marxista ha fracasado, pero permanecen en el mundo fenómenos de
marginación y explotación, especialmente en el Tercer Mundo, así como fenómenos
de alienación humana, especialmente en los Países más avanzados; contra tales
fenómenos se alza con firmeza la voz de la Iglesia. Ingentes muchedumbres viven
aún en condiciones de gran miseria material y moral” (Ib 42).
Ya decíamos los obispos latinoamericanos en el Documento de
Santo Domingo: “La política de corte neoliberal que predomina hoy en América
Latina y el Caribe profundiza aún más las consecuencias negativas de estos
mecanismos. Al desregular indiscriminadamente el mercado, eliminarse partes
importantes de la legislación laboral y despedirse trabajadores, al reducirse
los gastos sociales que protegían a las familias de los trabajadores, se han
ahondado aún más las distancias de la sociedad” (SD 179).
Y esto nos preocupa más porque sucede en un continente
mayoritariamente cristiano, donde casi todos los empresarios y gobernantes se
consideran católicos. Así lo anotaban los obispos en el Documento de Puebla:
“En pueblos de arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de
injusticia” (No. 437).
Concretamente sobre la globalización, fenómeno sobre el cual
muchos hablamos sin saber en qué consiste, dijo el Papa Juan Pablo II: “Una
característica del mundo actual es la tendencia a la globalización... Se trata
de un proceso que se impone debido a la mayor comunicación entre las diversas
partes del mundo, llevando prácticamente a la superación de las distancias, con
efectos evidentes en campos muy diversos. Desde el punto de vista ético, puede
tener una valoración positiva o negativa. En realidad, hay una globalización
económica que trae consigo ciertas consecuencias positivas, como el fomento de
la eficiencia y el incremento de la producción, y que, con el desarrollo de las
relaciones entre los diversos países en lo económico, puede fortalecer el
proceso de unidad de los pueblos y realizar mejor el servicio a la familia
humana. Sin embargo, si la globalización se rige por las meras leyes del mercado
aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias
negativas. Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la
economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de ciertos servicios
públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las
diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las
naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada. La
Iglesia, aunque reconoce los valores positivos de la globalización, mira con
inquietud los aspectos negativos derivados de ella” (Exhortación Ecclesia
in America, 20).
ACTUAR
¿Qué podemos hacer? Algo muy importante: “Denunciar
aquellos mecanismos de la economía de mercado que dañan fundamentalmente a los
pobres. No podemos estar ausentes en una hora en la que no hay quien vele por
sus intereses” (SD 202).
Los gobernantes y legisladores deben buscar mecanismos, a
nivel nacional e internacional, que regulen las leyes del mercado y de la
economía globalizada.
Los empresarios, si quieren ser verdaderos discípulos de
Cristo, han de pensar no sólo en proteger y aumentar su capital, sino aprender a
“globalizar la solidaridad” (Juan Pablo II).
La sociedad, las iglesias y las personas con capacidad de
liderazgo, impulsemos y apoyemos programas de desarrollo social, para que los
pobres sean autosuficientes, y no eternos dependientes de ayudas privadas u
oficiales.
Los pobres han de vencer la tentación del alcoholismo y del
consumismo. Por ejemplo, no comprar todo lo que impone la publicidad, como
cambiar celulares a cada rato, ni malgastar en comida y bebida “chatarras”.
Organizarse para trabajar en forma comunitaria. Ser creativos, para buscar
nuevas fuentes de generar ingresos a la economía familiar.
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