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SER ATEO ES ENAJENARSE
+ Felipe Arizmendi
Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
VER
Karl Marx, con su
materialismo histórico, hizo una crítica a la religión cristiana,
diciendo que, al poner la esperanza en el cielo, en la otra vida, en los
ritos, el creyente se enajena, se abstrae de la realidad, deja de
interesarse por los problemas de la injusticia y la explotación, no
lucha por la transformación social y, de esta manera, se hace un
elemento justificante del sistema opresor, del desorden establecido.
Todavía algunos siguen sosteniendo lo mismo, a pesar del fracaso
histórico de esa ideología. Donde se estableció, ahora reina el
capitalismo.
Esa crítica afectó a
algunos servidores de pastoral, que ponen mucho empeño en la promoción
social y el desarrollo comunitario. Esta actividad pastoral es muy
laudable y esencial a la fe; sin esta proyección, caeríamos en un
ritualismo anticristiano, en un sacramentalismo reduccionista. Sin
embargo, la falta de equilibrio entre las dimensiones vertical y
horizontal de nuestra vocación pastoral, ha dejado a muchas personas con
sed y hambre de Dios. Al no estar centrados en Cristo, ni llevar a
nuestro pueblo más explícitamente a El, lo que queda es amargura, rabia
y frustración ante las realidades políticas, sociales y económicas, como
si no hubiera esperanza de solución.
JUZGAR
Dice el Papa Benedicto
XVI: “¿Qué nos da Cristo realmente? ¿Por qué queremos ser discípulos
de Cristo? Porque esperamos encontrar en la comunión con Él la vida, la
verdadera vida digna de este nombre, y por esto queremos darlo a conocer
a los demás, comunicarles el don que hemos hallado en Él. Pero, ¿es esto
así? ¿Estamos realmente convencidos de que Cristo es el camino, la
verdad y la vida? La prioridad de la fe en Cristo y de la vida en Él,
¿no podría ser acaso una fuga hacia el intimismo, hacia el
individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los
grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y
del mundo, y una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual?
Como primer paso podemos responder a esta pregunta con otra: ¿Qué es
esta realidad? ¿Qué es lo real? ¿Son realidad sólo los bienes
materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está
precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último
siglo, error destructivo, como demuestran los resultados tanto de los
sistemas marxistas como incluso de los capitalistas. Falsifican el
concepto de realidad con la amputación de la realidad fundante y por
esto decisiva, que es Dios. Quien excluye a Dios de su horizonte
falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, sólo puede
terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas. La primera
afirmación fundamental es, pues, la siguiente: Sólo quien reconoce a
Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y
realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el
fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis… Si no
conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte
en un enigma indescifrable; no hay camino y, al no haber camino, no hay
vida ni verdad. Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o
hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el
Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión
de este amor de Cristo hasta el extremo, no puede dejar de responder a
este amor sino es con un amor semejante: "Te seguiré adondequiera que
vayas" (Lc 9,57)”
(Discurso inaugural en Aparecida).
ACTUAR
Quien conoce en verdad a
Jesús, indeclinablemente descubre su rostro en los que sufren y se
apasiona por servir a los pobres. Nuestra fe cristiana no nos enajena.
Es el materialismo el que enajena a las personas, pues las concentra en
lo material, y les impide trascender; les encierra en el egoísmo y en
las cosas pasajeras y muchas veces banales. Por ello, si queremos ayudar
a que nuestro mundo cambie, acerquémonos más a Dios, y El nos dará la
sabiduría y la fuerza para transformar el mundo, de acuerdo no a
nuestros limitados criterios y gustos, sino al verdadero valor de las
cosas y de lo que nos hace efectivamente humanos.
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