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REVITALIZAR LA EVANGELIZACIÓN

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+ Felipe Arizmendi
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Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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En México
sigue en descenso el número de católicos. Muchos lo son sólo
porque fueron bautizados, participan ocasionalmente en
celebraciones y mantienen alguna devoción, pero no estudian
ni reflexionan la Sagrada Escritura, no educan en la fe a
sus hijos, desconocen su religión, no sacramentalizan su
unión conyugal, están a favor del aborto y de la eutanasia.
Por su ignorancia bíblica, son presa fácil de cualquier
propuesta religiosa, protestante o de otro signo, como el
creciente culto a la llamada “santa muerte”.
Lo más
preocupante, sin embargo, no es la reducción de católicos,
sino el estilo de vida de muchos, que está en contradicción
con el Evangelio, como comprobamos en estos hechos, que no
son privativos de nuestros fieles: El narcotráfico y la
corrupción han invadido el país. La violencia, los
asesinatos y los secuestros dejan en la indefensión a miles
de compatriotas. La lucha por el poder, al interior de los
partidos políticos y en las contiendas electorales, desgasta
y divide. Los jóvenes crecen desorientados, sin una figura
paterna bien definida, sin identidad personal y sin
esperanza, refugiándose en la droga, el sexo, los videos, la
música, el ruido y la moda. La familia se desvanece y se
pierde más y más el respeto a la vida desde el seno materno.
Los abismos sociales y culturales se hacen más profundos,
entre los pocos ricos y riquísimos, y los millones de pobres
y marginados.
Ante esta
realidad, ¿cuál es la misión de la Iglesia? Para reflexionar
sobre ello, los obispos mexicanos estamos reunidos, durante
esta semana, en asamblea plenaria.
JUZGAR
No podemos
ocultar o minimizar estos datos, sino afrontarlos con
seriedad. Es lo que hicimos en la V Conferencia en
Aparecida. Como nos dijo el Papa Benedicto XVI, al
inaugurarla, “se percibe un cierto debilitamiento de la
vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la propia
pertenencia a la Iglesia Católica”. Confesamos que
“vemos con preocupación, por un lado, que numerosas personas
pierden el sentido trascendente de sus vidas y abandonan las
prácticas religiosas, y, por otro lado, que un número
significativo de católicos está abandonando la Iglesia para
pasarse a otros grupos religiosos” (DA 100, f). “Es
limitado el número de católicos que llegan a nuestra
celebración dominical; es inmenso el número de los alejados,
así como el de los que no conocen a Cristo” (DA 173).
ACTUAR
¿Qué hacer?
“A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que
“no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una
gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con
una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con
ello, una orientación decisiva” (DA 12).
En el
documento de Aparecida, se señalan varios lineamientos para
impulsar una nueva evangelización: la pastoral bíblica, la
lectio divina, la catequesis más kerigmática, la
formación permanente de todos los servidores de la pastoral,
la adecuada preparación de los seminaristas, la atención a
la vida consagrada, la promoción de los laicos, la comunión
eclesial, la pastoral familiar, juvenil y vocacional, la
renovada opción por los pobres, la pastoral social para la
promoción humana integral, las comunidades eclesiales de
base, la misión permanente, la integración parroquial y
diocesana de los nuevos movimientos, la formación de equipos
misioneros de laicas y laicos, sobre todo en las ciudades,
etc.
Se pide una
conversión pastoral, que se resume en una renovación de las
parroquias: “Uno de los anhelos más grandes … es el de
una valiente acción renovadora de las Parroquias a fin de
que sean de verdad espacios de la iniciación cristiana, de
la educación y celebración de la fe, abiertas a la
diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas
de modo comunitario y responsable, integradoras de
movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la
diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los
proyectos pastorales y supraparroquiales y a las realidades
circundantes” (DA 170).
En vez de sólo quejarte de la situación y culpar al clero,
¿qué puedes hacer tú?

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