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COHERENCIA EUCARÍSTICA

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+ Felipe Arizmendi
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Obispo de San Cristóbal de Las Casas
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En el reciente
Congreso Eucarístico Nacional, realizado en Morelia, el
Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de
Tegucigalpa, Honduras, nos insistió en asumir la dimensión
social de la Eucaristía, lo cual implica que nuestra vida
sea coherente con lo que recibimos en la Comunión, tanto en
lo personal y familiar, como en lo social, político,
económico, cultural y estructural. Un legislador, juez,
político, empresario, ministro, maestro, comunicador, que se
dice católico pero actúa contra principios del Evangelio, no
puede comulgar de la Eucaristía, porque sería una
incoherencia. No es coherente con su fe en Jesucristo si no
respeta ni defiende la vida humana desde su inicio; si no
actúa con justicia, verdad y solidaridad; si no le importa
la doctrina de la Iglesia sobre moral sexual, bioética y
justicia social.
El Sr. Iuliani,
ex alcalde de Nueva York, quien públicamente se ha declarado
católico, pero a favor del aborto, se acercó a comulgar, con
ocasión de la visita del Papa Benedicto XVI a los Estados
Unidos. Uno de los cardenales de ese país ha denunciado este
hecho como indebido, pues comulgar con Cristo en la
Eucaristía exige comulgar con sus criterios. Él ha
respondido que no se metan con su conciencia; pero se le ha
dicho que eso es una incoherencia contra la fe que dice
profesar.
En un programa
semanal de radio que tenemos en nuestra Diócesis, personas
que viven en unión libre, en amasiato, o fueron casados por
la Iglesia, se separaron y se unieron a otra persona, con
frecuencia preguntan si pueden comulgar en la Misa.
JUZGAR
Dice Jesús: “Dios no
envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el
mundo se salvara por él” (Jn 3,17). Es verdad. Dios
quiere estar cerca de todos para salvarnos, y su obsesión no
es condenar y reprochar. Sin embargo, también dice: “Si
ustedes me aman, guardarán mis mandamientos… El que guarda
mis mandamientos, ése es el que me ama. El que me ama a mí,
será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me
manifestaré a él” (Jn 14,15.21). Y también:
“Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad… Que
también ellos sean santificados en la verdad” (Jn
17,17.19). Por tanto, si queremos comulgar con Cristo, hemos
de obedecer su palabra, que ordena respetar la vida humana y
no matar, evitar el adulterio, no robar ni cometer
injusticias, ser solidarios con los pobres y no explotarlos
ni despreciarlos, amar al prójimo, perdonar y no ofender a
los demás. La coherencia eucarística es esforzarse por vivir
según Cristo. Quien no procura comulgar con sus
mandamientos, no puede comulgar.
San Pablo es muy claro:
“El que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente,
peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. Cada uno, pues,
examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de
la copa. El que come y bebe indignamente, come y bebe su
propia condenación por no reconocer el cuerpo” (1 Cor
11,27-29).
ACTUAR
El Papa
Benedicto nos dice: “El culto agradable a Dios nunca es
un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras
relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio
público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos
los bautizados, pero tiene una importancia particular para
quienes, por la posición social o política que ocupan, han
de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el
respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción
hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio
entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos
y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos
valores no son negociables. Así pues, los políticos y
los legisladores católicos, conscientes de su grave
responsabilidad social, deben sentirse particularmente
interpelados por su conciencia, rectamente formada, para
presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados
en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación
objetiva con la Eucaristía. Los obispos han de llamar
constantemente la atención sobre estos valores. Ello es
parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha
confiado” (Sacramentum caritatis 83).
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