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CONSTRUIR ESPERANZA

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+ Felipe Arizmendi
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Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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Cuando
contemplamos el panorama local, nacional y mundial, nos
sentimos abatidos, como si nos encamináramos a un caos y no
hubiera esperanza de que la situación cambie. La crisis
alimentaria, con su dimensión planetaria, nos asusta, porque
rebasa fronteras y gobiernos, y pareciera que nos deja
indefensos, es particular a los pobres. ¿Nada se puede
hacer? ¿Se abre la puerta para dar la razón a quienes
insisten, a pesar de que la historia ha demostrado su
inoperancia, que la única opción es la violencia?
Durante estos
días, en nuestra Diócesis tenemos la Asamblea anual, que
siempre parte de un análisis de la realidad. Entre otras, se
han resaltado estas realidades: migración creciente,
desintegración familiar, aumento de la pobreza, alza de
precios en la canasta básica, enfermedades, machismo,
pérdida de cultura, de identidad y dignidad, sobre todo
entre los jóvenes; invasión de tierras, suicidios,
pornografía, alcoholismo, narcotráfico, prostitución, bandas
juveniles, ambivalencia de programas de gobierno, compra de
tierras por grupos de poder, falta de producción en el
campo, endeudamiento con los bancos, sida, abortos, madres
solteras, descuido de proyectos alternativos, transgénicos,
ataques a la biodiversidad, incapacidad de los padres para
educar a sus hijos, injusticias entre hermanos,
descomposición social.
A nivel
eclesial, se resaltaron: incoherencia y antitestimonio de
agentes de pastoral, espiritismo, sectas, grupos
discoordinados, divisiones internas, falta de respeto a
nuestra fe, apatía de los laicos para los cursos de
formación, increencia, iglesia donde predominan los
ancianos, indiferencia ante la injusticia, sacramentalismo,
faltan diáconos permanentes y sacerdotes autóctonos, falta
más compromiso en la opción por los pobres.
JUZGAR
Ante estas
realidades tan agobiantes, nos dice San Pedro: “Viviendo
siempre atentos y vigilantes, pongan toda su esperanza en la
gracia que les va a traer la manifestación gloriosa de
Jesucristo” (1 Pe. 1,13). Es decir, nuestra fe en El nos
alienta en la seguridad de que no todo está perdido. Quien
encuentra a Jesucristo, da una nueva dimensión a su vida; no
valora más de la cuenta los bienes materiales, y abre el
corazón a quienes sufren. La fe no es evasión ante la
realidad, sino un real compromiso que nos crucifica, para
tener siempre el corazón y los brazos abiertos ante el
prójimo doliente.
La Iglesia debe ser fiel a su misión
profética, para denunciar el mal y anunciar que Jesucristo
nos libera de cadenas y nos señala el rumbo. Dice el Papa
Benedicto XVI: “Quien no
conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el
fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene
toda la vida. La verdadera, la gran esperanza del hombre que
resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser
Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta
el extremo. Jesús que dijo de sí mismo que había venido para
que nosotros tengamos la vida y la tengamos en plenitud, en
abundancia, nos explicó también qué significa vida: Ésta es
la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero,
y a tu enviado, Jesucristo”
(Spe Salvi, 27).
ACTUAR
¿Qué nos
proponemos? Mantenernos firmes en nuestra fe, a pesar de
dificultades. Cultivar el encuentro personal con Cristo.
Iluminarnos por la Palabra de Dios. Asumir el III Sínodo
Diocesano. Conocer y aplicar el documento de Aparecida. Ser
sensibles y acompañar al pueblo. Trabajar en unidad con
nuestros pastores y entre nosotros. Seguir el trabajo de
reconciliación y de paz. Estar abiertos a corregir errores.
Cultivar un trato respetuoso y fraterno. Integrar en nuestra
vida la mística y la espiritualidad. Ser conscientes de la
realidad, para responder a las necesidades de nuestro
tiempo. Mantener una pastoral profética, liberadora y
solidaria. Valorar y rescatar nuestras culturas.
Intensificar los proyectos alternativos, en particular la
pastoral de la tierra. Acompañar a los migrantes.
Relacionarnos con grupos que comparten nuestras inquietudes.
Ser signo de esperanza para los pobres.
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