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ABORTOS: ¿TRIUNFO O DERROTA?
+ Felipe Arizmendi
Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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Al cumplirse
un año de que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal
despenalizó el aborto a partir de las 12 semanas de
gestación, se practicaron 7,820 abortos en centros de salud
del gobierno capitalino. Leticia Bonifaz, consejera jurídica
de ese gobierno, afirmó que este hecho es “un logro
histórico de las mujeres de la ciudad de México”. Víctor
Hugo Círigo, legislador del PRD, rechazó que el feto sea
persona humana. Arnoldo Graus, editorialista de un periódico
nacional, dice que el aborto es una “cultura de la vida”,
pues protege la vida de las mujeres. ¡Cuántos defensores del
aborto quizá cargan algunos en su historia, y con sus
ofensas y argucias pretenden descargar lo poco que les queda
de conciencia!
La
Procuraduría
General de la República y la Comisión Nacional de los
Derechos Humanos interpusieron una demanda de
inconstitucionalidad, ante la Suprema Corte de Justicia de
la Nación. Los Ministros han abierto espacios para escuchar
posturas a favor y en contra, y están próximos a dictaminar.
Se insiste que, por ser nuestro país un Estado laico, ante
esa instancia sólo valen argumentos jurídicos, no morales ni
religiosos. Sin embargo, para quien quiere vivir en
coherencia y no en esquizofrenia, su fe le ilumina para
discernir qué leyes dan vida, y cuáles muerte. La fe es una
luz, que no va contra la verdadera ciencia.
JUZGAR
No soy
especialista en derecho; pero me llama la atención que el
mismo Código Civil del Distrito Federal, en su artículo 22,
establece que “la capacidad jurídica de las personas
físicas se adquiere por el nacimiento y se pierde por la
muerte; pero desde el momento en que un individuo es
concebido, entra bajo la protección de la ley y se le tiene
por nacido para los efectos declarados en el presente
Código”. ¿Esto ya no vale?
Según
expertos, los artículos 1, 4, 14, 16 y 22 de nuestra
Constitución reconocen el derecho a la vida. En 2005, se
abolió la pena de muerte en nuestras leyes. La Suprema Corte
ya ejerció jurisprudencia, en las sentencias 13/2002 y
14/2002, al dictaminar que el producto de la concepción está
protegido por la Constitución. Nuestro país ha suscrito
tratados internacionales, que protegen el derecho a la vida.
Esos tratados están por encima de leyes de menor categoría,
como las del Distrito Federal. ¿No hay obligación de
respetar estos acuerdos?
El pasado 12
de mayo, decía el Papa Benedicto XVI: “Defender la vida
humana se ha vuelto hoy prácticamente más difícil, porque se
ha creado una mentalidad de desprecio progresivo de su
valor, confiado al juicio de cada persona. Como
consecuencia, se ha derivado un respeto menor a la misma
persona humana, un valor que está en la base de toda
convivencia civil, por encima de la fe que se profesa… Para
los cristianos es indispensable proteger la vida
humana con valentía en todas sus fases… El respeto a la vida
es la primera justicia que se debe aplicar. Para quien tiene
el don de la fe, esto se convierte en un imperativo
inderogable… Se comprende por qué la Biblia afirma: quien
profana al hombre, profana la propiedad de Dios… Estos
valores no son negociables”.
Y el 31 de
enero: “Cuando seres humanos, en la fase más débil e
indefensa de su existencia, son seleccionados, abandonados,
eliminados o utilizados como mero material biológico, no se
puede negar que ya no son tratados como ‘alguien’, sino como
‘algo’, poniendo así en tela de juicio el concepto mismo de
dignidad del hombre”.
ACTUAR
Al defender a
los concebidos, que son seres humanos en proceso de
crecimiento, no olvidamos la situación de las mujeres que se
sienten impulsadas a abortar. El Papa nos “estimula a
promover toda iniciativa en apoyo de las mujeres y de las
familias para crear condiciones favorables a la acogida de
la vida”.
Exhortamos a
los Ministros de la Suprema Corte a interpretar las leyes
con un espíritu fiel a sus raíces cristianas, para que les
podamos aplicar estas palabras del Papa: “¡Cuántas vidas
humanas habéis salvado de la muerte! Proseguid por este
camino y no tengáis miedo, para que la sonrisa de la vida
triunfe en los labios de todos los niños y de sus madres”.
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