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PADRES EGOÍSTAS E INJUSTOS
+ Felipe Arizmendi
Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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En el reciente
encuentro diocesano de catequistas de niños, con casi 400
participantes, se trataron los valores y derechos de los
niños. Me llamó la atención cómo se repitió cuánto sufren
éstos por el alcoholismo de sus padres, por sus pleitos, por
sus infidelidades y, sobre todo, cuando se separan. Una
joven catequista comentaba las penas de los hijos de una
madre soltera, porque viven inseguros, expuestos a
comentarios y burlas, desconfiados de su futuro. Se resaltó
cómo unos padres egoístas, que sólo piensan en sus propios
derechos, violan los de los niños y son injustos con ellos.
En una familia desavenida, está la raíz de muchos complejos,
de la violencia y agresividad social, de la adicción al
alcohol y a las drogas, de la huida del hogar, del suicidio,
de la confusión en la identidad sexual.
Son
innegables, a veces inevitables, los problemas entre
esposos; pero es muy preocupante que cada quien alega sus
razones, y no tienen en cuenta la mente y el corazón de los
hijos, que requieren, para un crecimiento sano e integral,
de un hogar estable y afectuoso. Los catequistas son
testigos del sufrimiento de los niños, y tienen la misión de
acompañarlos, con la luz de la Palabra de Dios, para que
sepan enfrentar positivamente el mundo egoísta e injusto en
que se desenvuelven, empezando por su propio hogar.
JUZGAR
Según
Jesucristo, la propia felicidad se logra sólo cuando uno
renuncia a sí mismo, incluso a sus derechos, por el bien de
los demás, como es el bienestar de los hijos. Esto puede
parecer injusto e inhumano, pero es el único camino para
construir personalidades fuertes y seguras. Cuando alguien
sólo sabe alegar sus derechos y sólo piensa en sí, se lleva
entre los pies su hogar y expone gravemente a los hijos a
muchas desventuras en la vida. El egoísmo se paga muy caro,
tarde o temprano.
Conocemos ejemplos preclaros de padres, en particular de
madres, que soportan todo, con tal de no afectar a sus
hijos. Son mártires de la familia, pues exponen su propia
vida por ellos. Sin embargo, cada día hay menos jóvenes
capaces de asumir esta actitud generosa; muchos ya no
quieren ni casarse, mucho menos por la Iglesia, porque no
están dispuestos a comprometerse de por vida; sólo quieren
darse gusto, aunque sea en forma transitoria y pasajera. Aún
más, ni hijos quieren, pues éstos les quitan tiempo, dinero
y libertad. No fueron educados para el sacrificio, para el
perdón, para el amor, para la generosidad, y no advierten
que su egoísmo les traerá una soledad espantosa, que con
nada se podrá llenar. ¡Los impulsores del liberalismo sexual
y conyugal, no se dan cuenta del mal que hacen a la
sociedad!
La
Iglesia
reconoce el derecho de uno de los cónyuges a separarse del
otro, cuando se comprueba una infidelidad, o cuando los
golpes, los malos tratos y las ofensas hacen casi imposible
la convivencia conyugal; sin embargo, recomienda el perdón y
la reconciliación, teniendo en cuenta el bien de los hijos y
de los mismos esposos.
El 9 de
febrero pasado, dijo el Papa Benedicto XVI: “Desde su
concepción, los hijos tienen el derecho de poder contar con
el padre y con la madre, que los cuiden y los acompañen en
su crecimiento. Por su parte, el Estado debe apoyar con
adecuadas políticas sociales todo lo que promueve la
estabilidad y la unidad del matrimonio, la dignidad y la
responsabilidad de los esposos, su derecho y su tarea
insustituible de educadores de los hijos”.
ACTUAR
¡Salvemos la familia! Es un tesoro que con ningún otro se
puede comparar, ni comprar. Esposos: ¡salven su hogar, por
encima de todo! Ante los problemas, no piensen como primera
opción separarse. Si están casados por la Iglesia, sean
fieles a su compromiso sagrado de amarse y respetarse todos
los días de su vida. Acérquense a la oración, a la Sagrada
Biblia, a la Eucaristía, para que encuentren la luz y la
fortaleza que necesitan, para seguir adelante. Si no están
casados por la Iglesia, de todos modos su unidad y
estabilidad es la que mejores frutos produce, para ustedes y
los hijos. ¡No sean egoístas ni injustos con ellos! ¡Que no
sufran por la inmadurez, el egoísmo y el orgullo de ustedes!
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