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JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD
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+ Felipe Arizmendi
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Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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Se está
realizando, en Sydney, Australia, la Jornada Mundial de la
Juventud. Está allá el Papa Benedicto XVI, como signo de la
importancia que la Iglesia reconoce a los jóvenes. En
comunión con este evento, organizamos, con indígenas y
mestizos de la misión jesuita en Bachajón, un “desierto
juvenil”, que es un retiro espiritual y pastoral, centrado
en Cristo.
La semana
pasada, estuve en comunidades tseltales de Ocosingo,
celebrando el sacramento de la Confirmación, que en las tres
diócesis de Chiapas se imparte a partir de los catorce años.
Una madre de familia comentó las dificultades que tienen con
sus hijos, que ya no hacen caso a sus padres, menosprecian
las buenas costumbres de sus mayores; al emigrar por estudio
y trabajo, copian vicios de la ciudad. De regreso a San
Cristóbal, tres jóvenes iban borrachos por la carretera, uno
de ellos invadiendo los dos carriles, con grave peligro para
ellos y para nosotros, pero sintiéndose feliz y realizado
con su botella en mano.
Unos
profesores de la zona urbana me platicaron el clima de
violencia que impera en varias escuelas; los mismos alumnos
provocan pleitos sólo para grabarlos y subirlos a “You-Tube”;
llegan con droga y allí mismo la comercializan; no se les
puede llamar la atención, porque se rebelan contra toda
autoridad; se nota su inestabilidad emocional, causada por
tantos hogares destruidos.
JUZGAR
Dice el
Papa Benedicto XVI: “Adán -y Adán somos nosotros- creía
que el ‘no’ era el culmen de su libertad. Sólo sería
realmente libre quien puede decir ‘no’; para realizar
realmente su libertad, el hombre debe decir ‘no’ a Dios;
sólo así cree que es él mismo, que ha llegado al culmen de
la libertad… Adán deseaba ser como Dios, es decir, ser
completamente libre. Pero el hombre que se encierra en sí
mismo no es divino, no es completamente libre; lo es si sale
de sí; en el ‘sí’ llega a ser libre. Cambiando la voluntad
humana por la voluntad divina, nace el verdadero hombre; así
somos redimidos. El grado máximo de libertad es el ‘sí’, la
conformidad con la voluntad de Dios. El hombre sólo llega a
ser realmente él mismo en el ‘sí’; el hombre sólo llega a
estar inmensamente abierto, sólo llega a ser ‘divino’, en la
gran apertura de sí, en la unificación de su voluntad con la
voluntad divina… El hombre no encuentra su unidad, su
integración, su totalidad en sí mismo, sino superándose a sí
mismo, saliendo de sí mismo… Sólo en Dios nos encontramos a
nosotros mismos; sólo en él encontramos nuestra totalidad e
integridad. Así se ve que el hombre que se encierra en sí
mismo no está completo; por el contrario, el hombre que se
abre, que sale de sí mismo, es un hombre completo y
precisamente en el hijo de Dios se encuentra a sí mismo,
encuentra su verdadera humanidad… Jesucristo es el punto de
referencia que ilumina todos los demás valores” (25 de
junio).
¡Esta es
nuestra fe! Para quien no tenga esta experiencia religiosa,
las palabras del Papa les sonarán a música celestial, a
cuento piadoso, a evasión de la realidad, a enajenación. Sin
embargo, cuando los jóvenes -como cualquier otra persona-
se encuentran vivencialmente con Cristo, toda su vida
cambia. Se siente feliz, realizado, bien cimentado para
enfrentar el futuro. Es la honra de sus padres. Se convierte
en un servidor de la comunidad, con entrañas de misericordia
hacia los pobres y los que sufren.
ACTUAR
Como Iglesia, no tenemos recetas mágicas para la
transformación de los jóvenes. Ofrecemos lo que creemos:
“Proponer a los jóvenes el encuentro con Jesucristo vivo y
su seguimiento en la Iglesia” (No. 446). “No tenemos
otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra
prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en
Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado,
adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas
las dificultades y resistencias. Éste es el mejor servicio
–¡su servicio!– que la Iglesia tiene que ofrecer a las
personas y naciones” (No. 14).
Padres de
familia, maestros, comunicadores: acérquense a Jesús y
propongan a los jóvenes que lo conozcan y se hagan sus
discípulos. ¡Todo puede cambiar!
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