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CONVERSIÓN A LA MISIÓN
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+ Felipe Arizmendi
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Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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Del 12 al 17
de agosto, se realizó en Quito, Ecuador, el III Congreso
Americano Misionero, con el lema "América con Cristo:
escucha, aprende y anuncia". En la clausura, el Presidente
del CELAM, Mons. Raymundo Damasceno Assis, lanzó el inicio
oficial de la gran misión continental evangelizadora,
convocada por la Quinta Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe. Resaltó lo que dijimos en
Aparecida: "Conocer a
Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier
persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha
ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y
obras es nuestro gozo".
Recordó que esta gran misión tiene como protagonistas a
todos los católicos, y su objetivo es "promover la
conciencia y la acción misionera permanente para que el
espíritu misionero penetre todas nuestras vidas y las
estructuras de las Iglesia".
Muchos
católicos no tienen conciencia de esta responsabilidad
misionera, al interior mismo de su familia y de nuestra
Iglesia. Otros cambian de religión, o se alejan de toda
práctica religiosa. Muchos agentes de pastoral no vibran con
este llamado misionero, preocupados sólo por conservar lo
que hacen habitualmente, anclados en un pasado pastoral cuya
validez no se discute, pero sin apertura a los nuevos
requerimientos del Espíritu.
JUZGAR
El Papa
Benedicto XVI, en su mensaje a los participantes en el
Congreso, dijo: "El servicio más importante que podemos
brindar a nuestros hermanos es el anuncio claro y humilde de
Jesucristo, para que el Señor sea cada día más conocido,
amado, seguido y alabado en esas benditas tierras". Nos
exhortó a "proponer a Jesucristo con claridad y humildad.
Él ha vencido el pecado y la muerte, nos otorga
cotidianamente su perdón, nos enseña a perdonar y nos llama
a vivir una vida alejada del egoísmo que nos esclaviza y
colmada del amor que nos engrandece y dignifica. Él nos
instruye para que permanezcamos en su amor sin amoldarnos a
los dictados de este mundo".
El Papa
nos invitó a ser "instrumentos válidos para que Él siga
atrayendo a todos con la misericordia que brota de su Cruz.
Beban el agua vivificante que mana del costado del
Salvador y sacien de su frescura cristalina a todos los que
están sedientos de justicia, paz y verdad; a los que están
sumidos en la cerrazón del pecado o en la oscuridad de la
violencia. Sientan el consuelo de Cristo y ofrezcan el
bálsamo de su amor a los atribulados, a los que andan
apesadumbrados por el dolor o han quedado heridos por la
frialdad del indiferentismo o el flagelo de la corrupción".
Nos
animó "a compartir con otros este tesoro, pues no hay
riqueza mayor que gozar de la amistad de Cristo y caminar a
su lado. Merece la pena consagrar a esta hermosa labor
nuestras mejores energías, sabiendo que la gracia divina nos
precede, sostiene y acompaña en su realización". Y
agregó: “Que se despierte en cada bautizado el misionero
que lleva dentro de sí y se venza la vacilación o la
mediocridad que a menudo nos asalta. Los invito a no dejarse
vencer por el miedo, abatir por el desánimo o arrastrar por
la inercia".
ACTUAR
¿Qué
hacer? Ante todo, que cada bautizado profundice su propia
fe; que la conozca y la viva con coherencia; que sea una
persona que lee, medita y ora con la Palabra de Dios, que
participa consciente y activamente en la liturgia, que se
distingue por su amor preferencial a los pobres. Vivir esta
fe católica en las familias cristianas es un antídoto contra
el ambiente contrario a los criterios del Evangelio, y un
dinamismo para contagiar a otros del tesoro de nuestra fe.
Hay que promover grupos bíblicos, de oración, de servicio a
los pobres.
Ser
creativos para evangelizar a las más personas posibles. Ir
de casa en casa anunciando a Cristo no es tarea exclusiva de
protestantes, sino que nos compete sobre todo a quienes
poseemos en plenitud el mensaje evangélico. Hay que usar los
medios de comunicación y revitalizar la parroquia como
“comunidad de comunidades y de movimientos”. Que los
laicos asuman el lugar que les corresponde. ¡Animo! ¡Que
nadie se avergüence de ser católico! ¡Seamos todos
misioneros!
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