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DE
TODOS DEPENDE LA SEGURIDAD
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+ Felipe Arizmendi
Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
http://www.diocesisancristobal.com.mx
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Ante la onda
expansiva de violencia, inseguridad, narcotráfico,
secuestros y asesinatos que envuelve a varios Estados del
país, el Presidente de la República convocó a una reunión de
alto nivel, para tomar acuerdos que ayuden a enfrentar el
problema. No faltan, sin embargo, quienes desconfían de todo
cuanto haga la autoridad, y sólo aprueban lo que ellos
piensan. Tienen enfermos los ojos de la mente y del corazón,
y todo lo ven oscuro.
Por otra
parte, muchos piensan que la solución depende sólo de las
autoridades, y esperan que todo lo resuelvan los
gobernantes. No advierten que todos, la familia, la
educación, los medios informativos y las mismas iglesias,
somos responsables de construir un país seguro y próspero.
JUZGAR
Se ha
dicho que una de las causas de esta inseguridad es la
pobreza y el desempleo. Esto es verdad en algunos. Sin
embargo, muchos delincuentes no son de los más pobres.
Algunos poseen grandes recursos, pero son insaciables;
quieren más y más, a costa de lo que sea. No todo es por
culpa del sistema neoliberal. Yo soy hijo de un campesino, y
nunca mis padres me enseñaron a robar, a asaltar, a destruir
a otros para tener algo. Me enseñaron a trabajar, a respetar
los derechos de los demás y a compartir. Pero ahora muchos
papás ya no inculcan estos y otros valores; su esfuerzo se
reduce a tener y dar bienestar material. El máximo ideal es
poseer lo último y lo mejor. Y cuando no se logra esto con
un trabajo honrado y paciente, se arrebata. Una familia que
no educa, produce violentos, ladrones, secuestradores,
asesinos, corruptos.
Analicemos cómo forma la escuela. Se había eliminado la
materia de civismo, como si lo que hace valer a una persona
es lo tecnológico, las ciencias, lo pragmático, sin valores
éticos, que son la base de la convivencia social. Se pone
mucho empeño en dar información sexual, pero sin moralidad,
sin educar para el control de sí mismo. Así, niños y
adolescentes son inducidos a saciar sus apetitos, sin
restricciones, como si la felicidad consistiera en gozar de
todos los placeres posibles. Con una niñez y una juventud
sin freno de ninguna clase, ¿qué se puede esperar? ¿Por qué
se espantan de los resultados? ¿Eso es lo que querían: que
cada quien sea dueño de su cuerpo y haga lo que le venga en
gana, sin respeto a nada ni a nadie?
¿Qué
responsabilidad tienen los medios de comunicación? Dentro de
indudables cosas buenas, muchos programas han propiciado una
ola impetuosa de desenfrenos de todo tipo. Nos critican
cuando advertimos los excesos, el libertinaje y la
banalidad, la falta de respeto a todo, las burlas a lo más
sagrado, y no advierten que están minando los cimientos
sólidos de una sociedad, que son los principios morales, los
mandamientos mínimos de comportamiento social. ¿No caen en
la cuenta de que incitan al libertinaje? ¿La libertad de
expresión incluye la facultad para promover una sociedad sin
moral? Con ello, cavan la fosa de las instituciones y de la
convivencia social.
ACTUAR
Padres
de familia: Inculquen a sus hijos el temor reverencial a
Dios, que no es miedo al castigo divino, sino respeto a un
Ser superior. Acérquenlos a Jesucristo, quien les puede
guiar con toda seguridad en su vida, y les enseña el método
eficaz de ser felices. Sepan exigir, con bondad y cariño,
que sean responsables, obedientes y compartidos con los
demás, sobre todo con los pobres.
Maestras
y maestros: No trabajen sólo por un sueldo; formen personas.
Éstas se forman no sólo en la mente, sino también en el
corazón, en los sentimientos, en las actitudes, en el
respeto a los derechos de los otros y en la generosidad para
servir a la comunidad.
Comunicadores: Midan la consecuencias de lo que producen, y
no se reduzcan a obtener ganancias monetarias. Pueden
construir un pueblo, o destruir sus cimientos.
Agentes
de pastoral: procuremos que nuestras catequesis y
celebraciones no sean etéreas y sin incidencia en la vida,
sino profundamente enraizadas en el misterio de Cristo, y
transformadoras de los corazones de los fieles.
Todos
asumamos nuestra responsabilidad, y tendremos un México
seguro, justo y fraterno.
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