BUENAS NUEVAS PARA LOS POBRES

 III Domingo Ordinario

                                                                                                       

+ Enrique Díaz Díaz

                                                                   Obispo Auxiliar de San Cristóbal de las Casas

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            Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Ya también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado.

 

            (Después de que Jesús fue tentado por el demonio en el desierto), impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen de profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: ‘El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor’.

 

            Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. (Lc 1,1-4; 4,14-21).

 

Sólo malas noticias

 

Doña Carmen ha tomado una seria decisión: “No vuelvo a oír noticias. Ya me cansé de que puras malas noticias nos dan. Ahí la tienen a una toda apurada por la guerra, por los pleitos políticos, por los descabezados de Michoacán y por tantas cosas malas que pasan. ¿Por qué será que sólo las cosas malas son noticias? Casi nunca dicen noticias buenas. Bueno, sólo en las campañas que prometen y prometen. Pero, ya ve después lo que pasa. Primero que subió la gasolina, pero decían que eso no nos afectaba a los pobres sólo a los que tenían carros buenos y no es cierto porque ellos verán de donde sacan el dinero y siempre nos friegan a nosotros. Y ahora que subió la tortilla, algunos dicen que no es problema tan grave o que a la gente del campo no le afecta. Pero no saben lo que es tener que buscar la tortilla para los hijos y no encontrar de dónde sacarla, a lo mejor ni tortilla comen. Aquí en el barrio todos están bien enojados y ya están subiendo todas las cosas. Así que mejor ya no quiero oír noticias. Bueno, aunque después una se entera de todos modos y duele más…” Y así sigue Carmelita lamentándose y narrando su letanía de pesares a causa de la situación tan difícil que estamos atravesando y quisiera taparse los oídos como si eso resolviera el problema.

 

San Lucas, nuestro compañero de viaje para este año.

 

Si hace ocho días el pasaje de las Bodas de Caná nos exigía ponernos en una actitud de renovación y de búsqueda, hoy escuchamos el primer pasaje del Evangelio de San Lucas que nos acompañará durante todo el tiempo ordinario, estos primeros domingos hasta el inicio de la Cuaresma (21 de febrero).  Posteriormente, después de las fiestas de Pascua, retomaremos este evangelio  hasta el fin del año.

 

Los evangelistas no son meros recopiladores, sino que han escuchado y vivido la Buena Nueva y tratan, a su forma y en sus circunstancias, de transmitirla para que dé vida al pueblo en el que están viviendo. Así lo expresa Lucas al iniciar el escrito: “pensé escribírtelo por orden para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado”.  Al pueblo cristiano recién nacido, que se encuentra hostigado tanto interna como externamente, Lucas quiere ofrecerle una seguridad y por eso presenta “su investigación” y su propuesta que no es otra que la del mismo Jesús. El mundo griego y el mundo romano, le ofrecían la salvación basada en el poder, la fuerza, el dinero, la gloria humana. Pero estos medios no salvan ni a toda persona, ni a todo hombre, al contrario marginan a los que no tienen, a los débiles, y así se convierten en causa de sufrimiento.

 

En cambio, la salvación  que nos propone Lucas, la salvación de Jesús, único Salvador, es total, porque salva toda la persona y salva a todos, es universal. San Lucas nos deja ver que si bien esta salvación llega a todos los hombres y mujeres, los privilegiados para Jesús son los marginados de la salvación humana, especialmente los “anawin”, los pobres entre los pobres, los miserables y los pecadores.

 

Así el Evangelio de Lucas, se convierte en buena nueva y todas sus narraciones, sus milagros y sus parábolas, estarán fuertemente influenciados por este deseo de presentar a Cristo muy cercano al dolor, a la pobreza, a la oración, a una salvación universal pero con preferencia de los más pequeños. Nos presenta a un Cristo humano, que sufre,  muy comprensivo con el pecador, pero muy exigente para poner en primer lugar a los más necesitados.

 

Por eso, después de narrar los acontecimientos de la infancia, nos pone este texto que podríamos llamar el “programa de Jesús”. Jesús, retomando las palabras del profeta Isaías, las asume como propias y se reconoce enviado por el espíritu y con una misión especial: “para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”.

 

“Buena Nueva” anunciada por Jesús.

 

La palabra “Ev-angelio” significa “Buena Nueva” y es lo que viene anunciar Jesús. El texto que ha tomado del profeta Isaías recuerda al pueblo de Israel,  oprimido y golpeado que, vuelto a Palestina después del destierro, no ha encontrado la paz y prosperidad que esperaba. Pues a esos pobres y desamparados, Dios les muestra que cuida de ellos enviándoles un profeta. Las palabras que toma Jesús para anunciar su misión hoy nos parecerían subversivas y despertarían a más de uno graves sospechas: llevar a los pobres buenas nuevas (no despensas ni dadivas asistenciales para seguirlos explotando); anunciar la liberación a los cautivos (¿cuántos presos hay injustamente en la prisiones, no precisamente por maldades sino por otros motivos o como chivos expiatorios?); curación a los ciegos (a los físicamente ciegos a causa de su pobreza, de la marginación y del olvido como los encontramos en Chiapas, pero también a los ciegos quienes se les tapan los ojos y no se les reconocen sus derechos ni su dignidad); y vuelve a hablar de los oprimidos pero no como discurso político, sino como una opción para acceder a una nueva vida.

 

“Hoy se cumple esta palabra”

 

A muchos de los que estaban en la sinagoga no parecieron gustarle estas palabras, como veremos en el próximo domingo, esperarían alguna reflexión más piadosa pero menos comprometida. Sin embargo Jesús dice que esta palabra se cumple, no porque ya no haya pobres, ciegos u oprimidos, sino porque Él está de su lado y ha comenzado a anunciar la buena noticia. Esta también es la misma misión del cristiano de hoy. Debemos vivir conforme a la propuesta de Jesús, debemos  luchar porque hoy se haga realidad esta causa de Jesús. Y todavía nos falta mucho. Es más, a veces parece que ni siquiera hemos iniciado. Nos preocupamos mucho de ideologías y de doctrina, y los pobres siguen sin ser tenidos en cuenta, y nos se les anuncian buenas noticias, y no se devuelve la libertad a los cautivos.

 

Algo muy curioso nos propone el evangelio de San Lucas: estamos viviendo esta salvación pero aún no; hoy se cumple pero al cristiano le queda la tarea pendiente. Porque la salvación no es estática, sino algo dinámico que cada día se va construyendo, porque nunca debemos dejar de trabajar, porque luchamos por construir un Reino Nuevo que no termina y no se limita a este mundo, pero que tiene que iniciar y hacerse realidad desde nuestra historia, sino será una gran mentira.

 

Las palabras de Isaías no podemos solo aplicarlas a Jesús, si no se deben aplicar a cada unos de nosotros: ¿Soy yo una buena noticia para mis hermanos, para los que hoy están sufriendo? ¿Cómo estamos, como Iglesia y como humanidad, comprometiéndonos en una verdadera liberación para los miles de marginados que desde su pobreza solamente ven pasar de largo el progreso, los alimentos y la tecnología, y ellos se quedan olvidados? ¿Qué acciones concretas podemos hacer para que “hoy se cumpla” esta palabra del Señor?

 

      ORACION

 

Dios eterno y todopoderoso, conduce nuestra vida por el camino de tus mandamientos para que, unidos a tu Hijo amado, podamos producir frutos abundantes y comprometernos en la construcción del Reino de justicia, paz y amor que él viene a anunciarnos.

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