Ante el fracaso, nuevas propuestas
V Domingo Ordinario
Mons. Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San Cristóbal de la Casas Chiapas
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En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron. (Lc 5, 1-11).
ANTE EL FRACASO
Hay personas que dejan una honda huella cuando entramos en contacto con ellas. Hace algunos meses encontré una catequista, madre de familia, en la zona fronteriza con Guatemala. De todos es conocida la dificultad que esta zona tiene por el tráfico de drogas, por la lucha de organizaciones y por el mosaico de diferentes grupos étnicos llegados de todas partes tanto de la República Mexicana como de Guatemala. Sostenerse en la fe implica no solamente una grandeza de corazón, sino graves peligros, burlas y ataques. El narcotráfico todo lo penetra y todo lo corrompe. El hijo mayor de esta mujer, un buen día, empezó a ganar más dinero, cambió sus costumbres y la catequista sospechó lo que estaba pasando. Trató de aconsejarlo. “No tenga miedo, mamá. Yo solamente soy chofer y no me voy a meter en problemas”. Fue la respuesta que recibió. Pocos días después tuvo que ir a reconocer un cadáver. Habían asesinado a su hijo porque estaba participando en el narcotráfico. Cuando yo la visité, aunque tenía una gran tristeza, me sorprendió diciendo: “Ahora tengo que trabajar con más ganas en la Palabra de Dios. No quiero que les pase esto mismo a mis nietos. Les tengo que enseñar que con cuidar bien nuestra tierra, con lo que nos da nuestro huerto familiar, conociendo la Palabra de Dios y viviendo en paz con los demás, con eso nos basta para ser felices”
“NO HEMOS PESCADO NADA”
Cuando una persona se enfrenta al fracaso, se muestra la verdadera grandeza de su corazón. Hay quienes se rebelan, insultan y culpan a otros de las propias fallas. Hay quienes caen en depresiones y se dejan llevar por el abandono. No faltan los que se ahogan en el alcohol o en la droga, quienes se entregan a los excesos y a los vicios queriendo olvidar los propios fracasos. Tenemos que reconocer que personas muy buenas, han caído en las redes del narcotráfico acosadas por el hambre y la desesperación. Desgraciadamente también encontramos, sobre todo en los últimos tiempos, el suicidio como una de las puertas de escape.
Y lo que encontramos a nivel personal, también lo podemos constatar a nivel colectivo. Parece que nuestros sistemas están fracasando, que cada día producen más pobres, que el narcotráfico y la violencia lo invaden todo. Las respuestas que ofrecen los diferentes sistemas parecen cada día más pobres y unilaterales. Van produciendo más excluidos; hay menos ricos pero con más riqueza tenemos que constatar que se abre más la brecha entre los poderosos y los que nada tienen. Parece que nuestro universo está a punto de derrumbarse. ¿Qué hacer frente a la catástrofe? ¿Esconder la cabeza y hacer como que no pasa nada? ¿Mirar solamente el bien personal?
Ciertamente se han intentado muchos caminos y se han buscado respuestas, y, al igual que Pedro, hoy podríamos exclamar: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada”. Pero no podemos quedarnos con los brazos cruzados; esperar que el gobierno todo lo solucione; dejarnos llevar por la rabia y la desesperación hasta acabar de destruir este mundo en que vivimos. ¿Qué estamos haciendo frente al fracaso de tantos sistemas? ¿Qué nos proponemos nosotros como cristianos?
“LlEVA LA BARCA MAR ADENTRO Y ECHEN LAS REDES PARA PESCAR”
Parecería que Cristo no sabe nada de estar toda la noche en el lago pescando, cuando en la madrugada llega mandando remar mar adentro y lanzar nuevamente las redes. ¿Sabrá del cansancio? ¿Sabrá del fracaso? Claro que lo sabe, pero de lo que no sabe es de la derrota, de lo que no sabe es de darse por vencido. El que venció a la muerte y al pecado, no puede darse nunca por vencido. Y así, desde el inicio, lanza a sus discípulos a luchar nuevamente, a insistir, a redoblar esfuerzos. Pero algo tiene de especial este mandato. No es nuevo intento del que tercamente se golpea contra el aguijón. Tiene ahora nuevos significados: es en su nombre, es desde el pequeño, es en su compañía y es para dar vida. Lo que alguien decía: “urge ir más allá de unos remedios, urge emprender iniciativas que creen espacios nuevos, con otros parámetros, con otras maneras de entender la vida”. Y esto es lo que Cristo propone, como se ve en al concluir el pasaje, cuando los invita a ser pescadores de hombres: no se puede pescar porque sí, nada más por el producto, lo que importa es el hombre, la mujer, el niño, que tiene que alimentarse; lo que importa es la vida.
Esta es la invitación de Jesús: no tanto ver qué pasa con los pobres, sino cómo construimos una nueva sociedad con una cultura que incluya a todos. Propone un camino diferente, con una economía diferente. Lo especial de Jesús es que quiere construir desde lo pequeño, desde abajo, con los pobres, con los marginados, con los que se reconocen pecadores. Todos están llamados a construir el Reino, pero para ello Pedro ha tenido que reconocerse “pecador” e indigno; Isaías se confiesa “hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros” (Is 6,1-2.3-8); y Pablo se presenta “a mí, que soy como un aborto, porque perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol” (He 15, 1-11). Antes de iniciar el proyecto de Jesús, se han tenido impotentes, pequeños y pecadores.
Esta es la invitación y el estilo de trabajar de Jesús: opta por la vida pero desde los pequeños y pecadores.
Pedro, Isaías y Pablo, para entender el proyecto de Jesús, se han tenido que desnudar de toda ambición y ¡vaya si les ha costado! Se han caído, cada uno a su manera, de su caballo, para intentar caminar al estilo de Jesús. Pero lo han entendido y han buscado construir, no los han doblegado las dificultades, no han dejado que las cosas marchen por si solas. Con la presencia y la palabra de Dios, se han fortalecido y han buscado la construcción de ese nuevo Reino.
“NO TEMAS”
Se necesita no tener miedo, se necesita aventurarse y buscar nuevos caminos como hoy nos los propone Jesús. No bastan las excusas de cuánto hemos trabajado y cuántas veces hemos fracasado. La palabra de Jesús es imperiosa y nos ordena intentarlo una vez más. Ahora nos lanzamos en su nombre, con su palabra y a su estilo. El va en el mismo barco con nosotros, no tengamos miedo. Me parece que la catequista, de la que les hablaba al inicio, con la palabra de Dios y su pequeño huerto familiar, ha hecho mucho más que muchos que solamente nos dedicamos a quejarnos, a criticar sistemas o a invocar nuevas teologías o nuevas economías. Es necesario trabajar, en comunión con Dios y en comunidad con los hermanos, donde todos sean respetados y tenidos en cuenta, donde todos se sientan amados y reconocidos como Hijos de Dios.
“DEJÁNDOLO TODO, LO SIGUIERON”
¿Qué tenemos que dejar nosotros para poder seguir a Jesús? Pedro y sus amigos dejaron sus redes que era todo lo que poseían y se enamoraron del camino de Jesús ¿qué estamos haciendo nosotros? Como Iglesia, ¿nos sentimos derrotados por los problemas o estamos enamorados del camino de Jesús? Es cierto hay críticas y problemas ¿qué proponemos de novedad a este mundo?
Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que han puesto en tu gracia toda su esperanza. Que el fracaso no nos lleve nunca a dejar de luchar y que la Resurrección de tu Hijo sea el ejemplo y el modelo de toda nuestra vida. Amén.
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