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TESTIGOS DE AMOR Y UNIDAD
Solemnidad de la Santísima Trinidad
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+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San
Cristóbal de las Casas
“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y
subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a
Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido
dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y
enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a
cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré
con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.
(Mt 28, 16-20).
Un icono ortodoxo
El año pasado para la celebración de la fiesta de la
Santísima Trinidad, el sacerdote colocó en el altar un bello
icono ortodoxo de Andrei Rublev que representa a Abraham
invitando a los tres ángeles a participar de su comida, y
que fue considerada como símbolo de la Santísima Trinidad,
aunque aún en el Antiguo Testamento. Una anciana, muy
contrariada, me comentó: “Esta Trinidad está muy moderna. No
aparece Dios Padre como un venerable anciano. Ni tampoco el
Hijo cargando la cruz y mucho menos el Espíritu que todos
conocemos y que es una palomita, muy bonita, que simboliza
la paz. Hasta parecen tres jóvenes que se disponen a comer”.
En vano intenté explicarle que las pinturas o esculturas que
tenemos, sobre todo de Dios Trino, más que verdaderas
imágenes, tienen el sentido simbólico para encaminarnos al
misterio y hacerlo más cercano. Ni Dios Padre es un viejito,
ni la imagen del Hijo es su retrato, ni el Espíritu es una
paloma, sino sólo son signos que nos puedan ayudar a tener
una idea de Dios Trino. Y que lo más importante es la
presencia de este Dios Trino en nuestra vida.
La Trinidad
Hoy nuestra celebración tiene un sentido muy especial. Es
cierto que cada día, y en especial los domingos, nuestra
alabanza y contemplación están dirigidas a nuestro Dios, es
cierto que siempre todo lo que hacemos tiene su origen y su
finalidad en Él, pero hoy lo queremos hacer de un modo más
consciente, detenernos un momento y contemplarlo,
experimentar su vida interior, y dejarnos “bañar”, envolver,
por su amor. Moisés, en la primera lectura de este domingo,
se deshace en elogios y alabanzas a un Dios que ha mostrado
su poder a favor del pueblo, que ha creado con amor especial
al hombre, que le habla, que lo acompaña, que lo ha sacado
de la esclavitud para hacerlo su pueblo. Dios es alguien que
se ha revelado, se ha descubierto y ha dejado entrever su
rostro en medio del fuego. Se vincula con toda la persona;
ha convertido a Israel en su pueblo predilecto; ha pasado a
ser su propiedad personal. Todos estos beneficios han sido
gratuitos, inmerecidos por parte de los hebreos. Y por eso
Moisés le pide al pueblo que no lo olvide, que su ley es ley
de vida para mantener la relación con Dios, fuente de
felicidad.
Un Dios cercano
Cuando escucho a Moisés hablar y expresarse así de Dios, me
resulta extraño oír a quienes afirman que el Dios del
Antiguo Testamento es un Dios cruel y castigador… Es cierto,
es celoso, pero por amor. Pero me extraño más de las
imágenes que muchos de nosotros tenemos de Dios, reducido a
caricatura de lo que no es. A una especie de tapagujeros
para solucionar lo que nuestra ignorancia o pereza no han
descubierto. Alguien a quien echarle la culpa de nuestros
complejos y fracasos. Alguien lejano y al mismo tiempo
inquisidor. Y entonces, como se tiene este concepto tan
erróneo de Dios se acaba por negarlo, aunque después se le
busque en la belleza, en la justicia, en el deseo de
comunidad y de amor.
Cristo rostro del Padre
Si ya en el Antiguo Testamento encontrábamos destellos de
esta bondad y belleza de un Dios cercano, con Cristo, “el
Verbo hecho carne”, Dios rompe los muros donde lo
habíamos encerrado, el cielo, el templo y el santuario, y se
hace caminante, compañero, amigo y hermano. Un rostro que
descubre y devela un gran misterio y que nos llama a
conocerlo y vivirlo: “Ven y lo verás” “No los
llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace su amo,
los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que he
aprendido del Padre” Y nos invita a participar de esa
vida, unidad y dinamismo que en compañía del Espíritu están
viviendo. Su deseo es que “todos sean uno como tú en mí y
yo en ti somos uno”. Nuestro Dios en su misterio más
íntimo no es soledad, sino una familia. Y a esta unidad y
vitalidad nos invita el Señor Jesús. Es el misterio que nos
quiere revelar, pero no para examinarlo científicamente,
sino para vivirlo en amor y amistad. Los científicos ahora
se preocupan de las glándulas y hormonas que ayudan o
estorban a despertar el amor o la amistad, pero quien ama de
verdad, quien es amigo de verdad, no necesita descripciones
sino la experiencia del amor. Así también Jesús nos llama y
nos invita a vivir en esta armonía, dinámica y creadora, de
la Santísima Trinidad, donde todo es unidad, creación y
explosión de amor.
Envío
El envío que hoy nos hace Jesús en el evangelio no tendría
ningún sentido si no hemos vivido el amor en primera
persona. No tiene sentido “bautizarse”, sumergirse, perderse
en la Trinidad, si no estamos llenos del Espíritu de Amor.
No es cuestión de aprendizaje, es cuestión de vida, de
dejarse amar, de perderse en el infinito de este Dios Trino
que nos llena de toda su vida, de su amor y de su Espíritu
creador. Nuestro envío tiene el mismo sentido y el mismo
poder de Jesús: “Así como el Padre me ha enviado”.
Entonces también nosotros somos enviados a proclamar, a
vivir y a anunciar el amor que hay en nuestro Dios. A decir
que nosotros lo hemos experimentado y a hacer partícipes de
este amor a todos los hombres. Día de la Santísima Trinidad,
día en que debemos vivir plenamente esta comunión con
nuestro Dios y con nuestros hermanos ¿Cómo lo estamos
viviendo?
Dios Padre, que al enviar al mundo al Verbo de verdad y al
Espíritu de santidad, revelaste a los hombres tu misterio
admirable, concédenos que al profesar la fe verdadera,
reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la
unidad de su majestad omnipotente. Amén.
(Comentarios:
didez@hotmail.com)
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