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NUESTRA SEÑORA, REINA DE LA PAZ
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
 

 

 

Evangelio según San Lucas, capítulo 2, versículos 16 a 21 (Lc 2, 16-21)

 

+ Lectura del Santo Evangelio según San Lucas

 

“En aquel tiempo los pastores fueron a toda prisa hacia Belén, y encontraron a María, a José y al niño recostado en el pesebre. Después de verle, contaron lo que se les había dicho de aquel niño; y cuantos les oían quedaban maravillados.

 

María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.

 

Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, el mismo nombre que había dicho el ángel antes de que el niño fuera concebido”. (Lc  2, 16-21)

 

PALABRA DEL SEÑOR

 

 

REFLEXIÓN

 

Ávido de amor

Los ojos de Bernardino se pierden en el vacío y  sus pensamientos se remontan a su infancia ya lejana. De pronto llegan a su mente imágenes que vienen de mucho más allá de los barrotes de la prisión donde desde hace casi cuatro años ha vivido, más allá del tiempo, más allá de las personas que ahora lo rodean. “No, no recuerdo cariño en mi casa, ni buenas palabras, ni respeto. Desde muy pequeño mi padre nos enroló en la droga y así hemos vivido. Yo no sé hacer otra cosa. Todo me conduce y me facilita ese negocio: los amigos, los lugares, las conexiones. ¡Qué difícil salir del ambiente en que fui educado! La cárcel me ha enseñado otra vida y estoy dispuesto a enderezar mi camino, pero todo se hace cuesta arriba”  Sus palabras van cayendo en una narración de violencia, traiciones familiares, negocios ilícitos, “amigos” y contactos que le han ayudado a sobrevivir. “Necesito como volver a formarme para aprender a vivir en la paz”

 

Un año nuevo

El primer día del año está lleno de ilusiones, de esperanzas, pero en particular este año, también está lleno de incertidumbres y desconfianzas. Siempre un inicio despierta nuevos anhelos y oportunidades, pero también surgen dudas que pueden obstaculizar el camino. Hoy primer día de este nuevo año, hoy empezamos a escribir, ya desde este momento, los nuevos renglones de un año más de nuestra existencia. Por eso con el corazón agradecido, levantamos el ánimo y acogemos como nuestra la bendición que nos ofrece el libro de los Números: “Que el Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz”.  El nuevo camino que recorreremos no lo haremos en solitario, el Señor camina con nosotros. Lo importante es que descubramos su rostro en medio de todos los incidentes, agradables o dolorosos, que tengamos en este año. Buen inicio será tener la seguridad grande que Dios nos manifiesta su amor. Caminar de la mano de Dios será el primer paso para iniciar bien el año. Recibir su bendición y ser bendición para cada uno de los que nos rodean. Descubrir el rostro del Señor en el rostro de cada uno de los hermanos nos ayudará a estar más cercanos a nuestro Dios. No estamos solos en este nuevo año. Dios camina con nosotros.

 

Día de la paz

Hoy se celebra la jornada mundial de la paz y desde hace muchos años el papa en turno envía un mensaje a propósito de la paz, con el anhelo y la oración, con el compromiso de una lucha sostenida por la paz. También este año hemos recibido este mensaje y ojalá lo leamos con atención y renovemos nuestra esperanza y nuestra ilusión en construir un mundo nuevo, un mundo de paz. El Papa Benedicto nos insiste en la relación del hombre con la creación. La responsabilidad que tiene todo hombre de cuidar la naturaleza y buscar un sano equilibrio entre aprovechamiento y conservación. Los bienes son destinados a todos los hermanos de todos los lugares de la tierra y mientras no haya una justa distribución y acceso a ellos, es difícil que pueda perdurar la paz. Mientras el hambre, la miseria, la desnutrición y la falta de medios para la salud y la educación, no estén al alcance de todas las personas, la paz estará lejana. Estos días se ha deseado mucho la paz y se han dado saludos y parabienes con esta finalidad. La paz es un regalo que nos ofrece Dios y es también una responsabilidad de todo hombre. Nadie puede quedar excluido de tan urgente tarea. La paz debe reinar en nuestros hogares, en la comunidad y entre todas las naciones, pero debe primero reinar en cada corazón. A veces queremos construir la paz para los demás, cuando en nuestro interior se desatan terribles guerras, ambiciones y vicios. Hay que recobrar primero la armonía interior. Necesitamos educar, desde la familia, en un ambiente propicio, de amor y compresión, los constructores de la paz.

 

La paz: don y conquista

Es cierto que todos tenemos la vocación a la paz y el seguidor de Jesús lo debe tener entre sus primeras tareas. Pero debemos partir desde nuestra realidad y sobre estos  cimientos levantar la construcción sólida de convivencia y reconocimiento de los hermanos, de búsqueda de caminos que valoren a cada persona, de una lucha sostenida contra toda discriminación y contra toda violencia. Como nos dice el libro de los números la paz es un don que Dios nos ofrece y debemos acogerlo con un corazón abierto, pero también es una conquista que se busca, se construye día a día, y necesita de nuestro esfuerzo. Así como don la pediremos en oración constante, y como conquista, la haremos realidad con cada esfuerzo y con cada manifestación de amor entre los hombres. Siempre partiendo de ese encuentro con Cristo, nuestra paz. Así como hoy llena de alegría a los pastores cuando logran encontrarlo, así nuestros esfuerzos siempre estarán sostenidos en este encuentro con Jesús. “La comunidad humana puede ser organizada por nosotros mismos, pero nunca podrá ser sólo con sus propias fuerzas una comunidad plenamente fraterna ni aspirar a superar las fronteras, o convertirse en una comunidad universal. La unidad del género humano, la comunión fraterna más allá de toda división, nace de la palabra del Dios-Amor que nos convoca. Al afrontar esta cuestión decisiva, hemos de precisar, por un lado, que la lógica del don no excluye la justicia ni se yuxtapone a ella como un añadido externo en un segundo momento y, por otro, que el desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad”.

 

Con María

María del silencio, se nos presenta como el modelo del verdadero constructor de la paz. En su precioso canto del Magnificat nos ofrece un programa para quien se apunte a seguir los pasos de Jesús: desde la pequeñez, en manos del Dios, buscando cumplir su voluntad, sin soberbios que opriman, sin poderosos que aplasten, todos viviendo una verdadera fraternidad. Hoy que celebramos esta fiesta de la Maternidad de María, nos encomendamos a ella y buscamos seguir sus pasos: no olvidarnos de los que “no tienen vino”, ni pan, ni alimentos, ni cobijo, ni esperanza; escuchar la palabra hasta hacerla carne y vida en nuestro propio pueblo; comenzar por las cosas pequeñas y olvidadas guardando todo en el corazón. Cargar la cruz, junto a Jesús y a los hermanos, para poder proclamar el gozo de la resurrección. En esta festividad, junto con María, pidamos la paz y construyamos la paz.

 

Padre Bueno, que en el actuar de María, nos has dejado un ejemplo de participación, responsabilidad y confianza en la construcción de la paz, concédenos que al iniciar un nuevo año, se renueven nuestra esperanza y nuestro compromiso por construir tu reino de justicia, de amor  y de paz. Amén.

 

(Comentarios: didez@hotmail.com)

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