SIGUIENDO A JESÚS

XIII DOMINGO ORDINARIO

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                                                                             + Enrique Díaz Díaz

                                  Obispo Auxiliar de San Cristóbal de las Casas

  

Cuando ya se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén. Envió mensajeros por delante y ellos fueron a una aldea de Samaria para conseguirle alojamiento; pero los samaritanos no quisieron recibirlo, porque supieron que iba a Jerusalén. Ante esta negativa, sus discípulos Santiago y Juan le dijeron: “Señor, ¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que acabe con ellos?” Pero Jesús se volvió hacia ellos y los reprendió.

 

Después se  fueron a otra aldea. Mientras iban de camino, alguien le dijo a Jesús: “Te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las  zorras  tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”.

 

A otro Jesús le dijo: “Sígueme”. Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú, ve y anuncia el Reino de Dios”.

 

Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”.  Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”. (Lc 9,51-62).

 

Caso de intolerancia

Don Andrés, hace algunos años que vive en las orillas de San Cristóbal de las Casas, y aunque añora su natal comunidad Chamula, ha ido poco a poco saliendo delante de todas las dificultades y problemas que para él representa la ciudad. “Yo no tenía ganas de venir a vivir en la ciudad. Tenía miedo. Casi no hablo castilla y me cuesta mucho entender algunas cosas. Pero, ni modo. Un día llegó la Palabra de Dios a mi comunidad y me gustó. Empecé a entender algunas cosas: qué Dios nos hace a todos igual, que no es como el que castiga, que están bien las oraciones, pero que no quiere el pox (el alcohol) para las costumbres (ritos). Y durante un tiempo nadie nos dijo nada. Nos reuníamos varias familias del paraje y estábamos muy contentos. Pero empezamos a hacer una ermita y entonces tuvimos problema. Los tradicionalistas quemaron la ermita, quemaron una casa y nos amenazaron a todos porque ya leíamos la Biblia. Así tuvimos que salir. Nosotros les decíamos que éramos también católicos. Pero ellos dijeron que ya no éramos de la costumbre y nos expulsaron”. Desde entonces, por ser fiel al Evangelio, Don Andrés y su familia viven, o sobreviven, en la ciudad.

 

Seguimiento y apertura

Hoy Jesús nos dice con toda claridad que para seguirlo debemos tomar decisiones firmes y estables; parecería hasta intransigente en cuanto a la decisión de seguirlo, abandonar familia, dejar a un lado los bienes y las comodidades; no volverse atrás en la decisión… parece intransigente. Pero cuando los discípulos quieren hacer caer fuego sobre los samaritanos que se niegan a recibirlo, reciben una fuerte reprimenda. Ese es Jesús y esa es su enseñanza: una clara decisión en su seguimiento, una exigencia en la vida de quien lo sigue; pero un respeto grande para el que es diferente.

 

Nuestro mundo que cada día aparece más plural y que tendríamos que aprender a vivir en relación con la diversidad, se ha dejado también llevar cada vez más por los fundamentalismos religiosos, políticos y raciales. No aceptamos que el otro sea diferente y entonces lo tomamos como enemigo. San Pablo, en la lectura de este día, en una frase que, con insistencia, viene a darnos el sentido del seguimiento de Jesús: “Cristo nos ha liberado para que seamos libres. Conserven, pues la libertad y no se sometan al yugo de la esclavitud” (Ga 5,1.13-18) Seguir a Jesús no es cuestión de ideologías que nos esclavicen sino de vida que brota de nuestro interior.

 

Si entendiéramos estas palabras de Pablo tendríamos la verdadera libertad. Nosotros, igual que los discípulos, caemos en los exclusivismos y en las discriminaciones. ¡Qué dolorosa la historia de la Iglesia y de las religiones que se enfrascan en guerras y matanzas defendiendo a un Dios que es amor! Y ojalá esto hubiera quedado en el pasado, pero hoy está más presente que nunca. En nombre de Dios mueren miles en Irak, en África y en América. Más que vivir la vida de Dios, nos hemos dedicado a defenderla. En nombre de Jesús se condena al que no piensa igual que nosotros.

 

Condiciones del discípulo

En cambio, en la palabra de Dios de este día tenemos casos ejemplares de cómo es el seguimiento. Al primero que se ofrece espontáneamente para seguirlo, Cristo le pide que no se identifique con ninguna institución, que no busque sus propias seguridades pues él no tiene dónde reclinar la cabeza. Y le descubre que si quiere seguirle ha de aceptar vivir en la inseguridad y renunciar a una vida cómoda y tranquila: Jesús nos quiere abiertos a todo y a todos, universales, no apegados a nuestros propios feudos.

 

La segunda invitación, “deja que los muertos…”, que algunos interpretarían literalmente y como una injusticia contra la propia familia, parece indicarnos una nueva forma de la religión: romper con una tradición que esclaviza como el mismo Jesús ya lo ha hecho. Pide que esa ruptura sea total, que no se viva en la indecisión, que no se retrase su opción y se disponga a anunciar la novedad del reino con urgencia y prontitud.

 

Al tercero le dice que el seguimiento sólo es posible con decisión firme y con mucha constancia. No se puede jugar a dos cartas. No se puede se cristiano un día sí y otro día no. No se puede vivir en una religión de comodidades y seguridades. No se puede arreglar un seguimiento a nuestros propios gustos. Hoy como ayer, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres que dejándolo todo se comprometan con la causa del Evangelio y, tomando el arado sin mirar hacia atrás, entreguen la propia vida en la construcción de un mundo nuevo donde reine la justicia y la igualdad entre los seres humanos.

 

El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Es pues un don y una conquista. Una invitación de Dios, y una meta que nos debemos proponer con tesón. Pero sólo por amor, por enamoramiento de la Causa de Jesús, podremos avanzar en el seguimiento. Ni las prescripciones legales, ni los encuadramientos jurídicos, ni las prescripciones ascéticas pueden suplir el papel que el amor, el amor directo a la Causa de Jesús y a Dios mismo a través de la persona de Jesús, tiene que jugar insustituiblemente en nuestras vidas llamadas.

 

Hoy están en juego dos preguntas que parecerían distintas pero que en realidad se unen en su fundamento: ¿Cómo estamos siguiendo a Jesús? ¿Cómo es nuestra actitud con los que piensan diferente a nosotros? Y dijo que están unidas en su fundamento porque si realmente seguimos a Jesús tendremos sus mismos sentimientos: un amor incondicional, incluso a los enemigos

 

Dios Padre nuestro: tu Hijo Jesús, “decidió subir resueltamente a Jerusalén”, sin importarle todo lo que aquel camino le iba a acarrear de sufrimiento y de cruz; ayúdanos, a los que queremos ser seguidores radicales suyos, a tomar también resueltamente la opción de dar nuestra vida día a día en el servicio a la Causa que él con su entrega nos mostró. Amén

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