LLAMADO URGENTE
I DOMINGO DE ADVIENTO
+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San Cristóbal de las Casas
“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en los tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metieran por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”. (Mt 24, 37-44).
Testigos de esperanza
Pequeñita, delgada y frágil físicamente, pero llena de una energía y un entusiasmo que contagian en todas las empresas que se propone. Ya hace algunos años, cuando era inminente la guerra contra Irak, mientras muchos solamente vociferaban y decían que era una guerra injusta y que morirían muchos inocentes; mientras otros insultaban y se desgarraban las vestiduras viendo que la guerra se venía encima, ella se unió a un grupo de personas para formar lo que llamarían “escudos humanos”. Un cerco de personas de diferentes nacionalidades que esperaban proteger e impedir la masacre. Al final, todo fue en vano y tuvieron que regresar. ¿Todo en vano? Ciertamente no. “Yo no estoy de acuerdo en quedarme sentada esperando a que las cosas sucedan. La injusticia, la pobreza, los cambios, no crecen por si solos, ni tampoco se van acabar por si solos. Se requiere de la iniciativa y la fuerza de muchas de nosotras. No pudimos evitar una guerra, pero nos dimos cuenta que hay muchas pequeñas voluntades que se oponen a la maldad y a la violencia. El pacifismo no es cruzarse de brazos. Es construir la paz”. Nos platicaba posteriormente y se ha unido a muchas empresas en las que ciertamente no ha fracasado.
Urgencia de una llegada
¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor; gritaba esperanzado el profeta Isaías en la primera lectura de este domingo. Despierten del sueño, exigía San Pablo en su carta a los Romanos. Velen y estén preparados, amonestaba Jesús a sus discípulos en el Evangelio. Vayamos con alegría a la casa del Señor, repetimos en el salmo. Toda una urgencia de ponerse en movimiento, toda una esperanza y una ilusión que contagian. Eso es el adviento. ¡Para que luego vengan a decirnos que el cristianismo es para tener aplacadas las conciencias! El tiempo de adviento, que señala el principio del año litúrgico, se abre con la exigencia fuerte de despertar y con una orden de partida que no admite excusas.
No nos engañemos: no estamos esperando esa navidad que se reduce a lucecitas y músicas celestiales; ni estamos esperando a que “el último día”, cual ladrón nos caiga encima, agarrándonos desprevenidos y entre más tarde mejor. No, eso no es el adviento. Ciertamente es tiempo de “espera”, pero esperar no significa sentarse a que venga fatalmente nuestro destino; sino un activo “tender hacia”, moverse, procurar, hacer que llegue. Lo que implica la capacidad y el deseo de despertarse y la decisión de ponerse en camino.
Hay quienes juran que no están dormidos solamente porque tienen una actividad febril y andan de un lado para otro. Pero caminan con lo ojos vendados y en somnolencia. El ejemplo que pone Jesús es de lo más claro: comían y bebían, se casaban… pero no estaban despiertos ni atentos a la Venida del Señor. Hoy también la Navidad puede ser un tiempo de inconsciencia y adormilamiento, por más que andemos de pachanga en pachanga y de fiesta en fiesta. Se convierte así en un activismo que nos lleva a enajenarnos y no nos permite pensar. Jesús nos invita a ser reflexivos, a examinar concienzudamente la situación actual y mirar si nuestra vida está preparando la venida del Señor.
De las espadas forjarán arados
Al examinar la situación actual, tendremos quizás la tentación del desaliento frente a los graves problemas que debemos afrontar. A mi me parece iluminador el profeta Isaías cuando propone que de espadas forjemos arados y de las lanzas podaderas. Muy sabio su consejo y muy práctico a la hora de enfrentarnos a la vida. Hay quien de una dificultad sabe sacar un beneficio, de un accidente una enseñanza y de una deficiencia una ventaja. Hay quien reniega de todo: del frío, del calor, de la lluvia o de la sequía, sin darse cuenta que cada estación, cada lugar y cada circunstancia encierra un cúmulo de posibilidades. Hay quien reniega de su carácter sin darse cuenta que tiene un tesoro, que su energía puede impulsarlo a construir y no a destruir. Las dificultades y los problemas son ocasión de crecer, madurar y sacar nuevas soluciones. Los más grandes inventos han nacido de grandes carencias y muchos de los más grandes hombres se han forjado gracias a las dificultades que encontraron en el camino.
Con su lenguaje simbólico Isaías nos da el tono fundamental del Adviento: el futuro que es de por si un lugar de lo incierto, desconocido y nos produce temor, es presentado como una visión gloriosa de la ciudad sobre el monte donde reina Dios y todos los pueblos, en una paz idílica, acuden a ella. El futuro pierde su angustia y desde Dios se convierte en esperanza. Esta es la llamada fundamental del Adviento: llega Dios y el hombre liberado del miedo, tiene derecho a esperar.
Velen y estén preparados
Hoy Cristo nos urge a tomar el momento presente como un tiempo de gracia. No dejarlo pasar, sin antes prestarle toda la atención. Adviento es este tiempo de gracia donde podemos “soñar” con un mundo diferente, porque cuando Dios se acerca al hombre (o quizás deberíamos decir cuando el hombre deja que Dios se le acerque) todos los sueños son posibles. Quizás nos parezcan duras y amenazantes las palabras de Jesús, pero no se pueden leer fuera de todo el contexto de salvación y liberación que Él nos viene a traer. Sin embargo Dios respeta nuestra libertad y solamente puede entregarnos su Reino si nosotros lo acogemos abriéndole libremente la vida. Junto al respeto a nuestra libertad aparece un amor preocupado, un amor que vela cuando nosotros tendemos a descuidarnos: el aviso apremiante y la apariencia de amenaza son reclamos de amor. Son la metáfora del terrible daño que podemos ocasionarnos si, en el descuido, la inconsciencia o la maldad, cerramos la puerta al Dios que viene a salvarnos. Lo heriríamos a Él, precisamente porque nos heriríamos a nosotros, porque nos perderíamos nosotros y perderíamos la fraternidad.
Para este inicio del Adviento las exhortaciones de San Pablo se convierten en preguntas que debemos responder: ¿Qué o quiénes hacen que estemos dormidos? ¿Qué obras de tinieblas nos impiden ver la luz? ¿Cómo debe ser el comportamiento de quien camina hacia la luz?
Señor Jesús, que con tu llamado amoroso a despertar, nos recuerdas tu amor, concédenos que en este Adviento, llenos de esperanza, hagamos presente tu Reino, que se manifieste con mayor claridad que Tú has venido realmente, que el corazón de todas las cosas se transforman porque Tú has venido hasta nosotros. Amén.