HORCONES

III Domingo Ordinario

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+ Enrique Díaz Díaz

Obispo Auxiliar de San Cristóbal de las Casas

 

“Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Nefatlí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

 

Tierra de Zabulón y Nafatlí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

 

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

 

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

 

Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

 

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia. (Mt 4, 12-23)

 

Horcones

A pesar de que está salvajemente destruida la selva chiapaneca, hay todavía sitios preciosísimos de vegetación exuberante. Aunque, como dicen los lugareños, en nada se parece a lo que era antes. Con orgullo me van explicando los indígenas cómo se llama cada árbol, en qué lo utilizan y por qué son apreciados: “Mira, jTatic, ese se llama Canxán, es uno de los más altos y su madera es muy codiciada, sobre todo porque es muy dura y no se echa a perder, sino que aguanta mucho tiempo. Nosotros lo utilizamos como horcón para nuestras casas, porque les da mucha seguridad, ya que nuestras casitas aunque están echas de madera deben ser muy resistentes y seguras para que no se vayan a caer con las lluvias y los vientos”. Mi guía siguió describiendo las bondades del Canxán, y yo me quedé pensando cómo nuestra vida también tendría que tener horcones, bases seguras para que no sea barrida por el viento.

 

Aunque ya sería éste el tercer domingo del tiempo ordinario, apenas hoy iniciamos el evangelio que nos acompañará durante todo este año en los domingos ordinarios: San Mateo. Así, hoy se nos presenta San Mateo como nuestro guía y compañero para el caminar litúrgico y lo hace ofreciéndonos los que serán los puntos centrales de su Evangelio, de la Iglesia y, claro, que serán los puntos centrales de la vida de todo cristiano. No lo hace de una manera exhaustiva, sino enunciando algunos de ellos, dejando entrever otros y sugiriendo las actitudes que nos acompañarán. Son las bases o como dirían los campesinos “los horcones” sobre los que descansa todo el evangelio, presentados en un sumario programático.

 

Vio una gran luz

La base donde descansa la vida del cristiano es la presencia de la luz: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció”. Sí, Cristo viene a un mundo pecador pero no para que siga sumido en las tinieblas sino para hacer resplandecer su luz. Se encarna en el hombre, en su tiempo, en su cultura, en sus límites, pero no se deja aprisionar por ellos, sino abre nuevos cauces y derroteros donde el hombre encontrará luz y libertad. Si a esto añadimos la apertura que nos presentan los primeros versículos, tendremos un gran sueño que no se limita a las fronteras de Jerusalén sino que va mucho más allá hasta “la tierra de Zabulón y Nafatlí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos”. No es un Dios o un salvador mezquino que se encierra y esclaviza a un solo pueblo o a una raza, sino que abre alegre y bondadosamente su amor y su salvación a todos los pueblos. Quien ha encontrado la luz, no puede permanecer anclado en la oscuridad de sus egoísmos y propias utilidades. No puede utilizar el pretexto de la luz para esclavizar a los otros pueblos. Para ser cristiano hay que encontrar la luz, pero una vez encontrada no se debe encerrar, sino que debe iluminar a todos los hombres.

 

Conviértanse

Jesús aparece y comienza a anunciar la buena nueva del Reino de Dios… pero un momento, antes ha proclamado “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos” La conversión es requisito para recibir la buena nueva, abrir el corazón, estar dispuesto a encontrar nuevos caminos, a dejar la oscuridad, a mirar al otro como hermano, a cambiar la mente. La conversión, siempre la conversión, a cada momento. Nadie puede decir que ya está convertido. Es otro de los horcones donde descansa la enseñanza de Jesús: cambiar el corazón. Qué lejos de los fariseos de aquel tiempo y actuales, que nos conformamos con predicar la palabra y nos quedamos tan tranquilos sumergidos en la oscuridad. La razón de la conversión es la cercanía del Reino de los cielos o Reino de Dios: esa nueva manera de vivir que irá apareciendo en las parábolas y enseñanzas de Jesús, un mundo nuevo donde todos participan de la fiesta y del alimento, donde todos tienen oportunidades, donde se habla de familia, de hermanos y de amor. Es la gran enseñanza de Jesús: un reino nuevo de justicia, de amor, universal.

 

Discípulos

No lo hará  Jesús solo, inmediatamente se pone a buscar sus colaboradores: Pedro y Andrés; Santiago y Juan, tú y yo… Ciertamente andamos “enredados” en mil negocios, pero ahí está la invitación entusiasta de Jesús para ir a construir su Reino. Se requiere dejar nuestras redes y enredos, nuestros egoísmos y vacilaciones, para lanzarnos a seguir a Jesús. No es fácil, ya sabemos lo que le pasó a Juan el Bautista. No es fácil, ¡pero es una tarea importantísima! ¡Es Jesús quien lo pide! Jesús no es selectivo, no pone requisitos, invita a todos, solamente pide disposición, corazón abierto, coherencia y ¡amor! Así se construye su Reino. Sí, pide una respuesta generosa y mirar en cada hombre y mujer un hermano. ¿Será mucho pedir para construir un Reino nuevo?

 

La palabra y la acción

Aparecen también muy claro en este breve sumario otros dos elementos que sostendrán nuestra vida: “para que se cumpliera la Palabra…” y “curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”. Horcones importantísimos sin los cuales no se puede construir ni la Iglesia ni la vida del cristiano y ¡a veces los olvidamos! y nos lanzamos ingenuamente a construir un reino sin escuchar la Palabra, sin meditar la Palabra, sin sembrarla en el corazón, sin darle su espacio. O bien, escuchamos la Palabra superficialmente y no la ponemos en práctica y no curamos a la gente de sus enfermedades y dolencias y pasamos desentendidos a su lado. Nos dividimos y peleamos por nada, nos olvidamos que somos hermanos. Ya San Pablo en su carta a los Corintios nos recuerda lo doloroso que son las divisiones y que así no se puede construir la Iglesia de Jesús. El Reino se construye en el encuentro con los pobres.

 

Es apenas un esbozo lo que nos presenta este breve párrafo de San Mateo, pero ya nos cuestiona fuertemente sobre las bases de nuestra vida, de nuestra actividad y de nuestra Iglesia. La aceptación de una luz que rompe las estructuras de la oscuridad, una actitud siempre de conversión, la fidelidad a la Palabra, la actitud de seguimiento, la construcción de un Reino universal donde todos seamos hermanos, la opción por los pobres, son la base que nos pone San Mateo para lanzarnos en seguimiento de Jesús y construir su Iglesia ¿Cómo los estamos viviendo? ¿Son realmente los “horcones” sobre los que se cimienta nuestra Iglesia y nuestra vida?

 

Dios eterno y todopoderoso, conduce nuestra vida por el camino de tus mandamientos para que, unidos a tu Hijo amado, podamos comprometernos en la construcción del Reino de justicia, paz y amor que él viene a anunciarnos. Amén.

 

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