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LA PASIÓN, HOY
DOMINGO DE RAMOS
+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San
Cristóbal de las Casas
“Cuando
se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de
los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles. “Vayan al
pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra
y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los
devolverá”.
Esto
sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la
hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un
burro, en burrito, hijo de animal de yugo.
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado
y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus
mantos y Jesús se sentí encima. La gente, muy numerosa, extendía sus
mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las
tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían
gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”
Al
entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían:
“¿Quién es éste?” Y la gente respondía: “Éste es el profeta Jesús, de
Nazaret de Galilea”.
Mt 21, 1-11
Preparando la
representación
Su barba larga, su cabello
a la espalda, largos ensayos durante más de tres meses y Esteban parece
estar listo para la representación de Semana Santa. Siempre había soñado
con representar a Jesús en las dramatizaciones de la comunidad, pero en
los últimos días ha tenido experiencias muy especiales que le mueven el
corazón y que le hacen cuestionarse seriamente sobre “hacerla de Jesús”
como él dice. Ha tratado de leer no solamente sus parlamentos, sino
también meditar pasajes del evangelio y cada día está más preocupado:
“Me gusta el teatro, pero esto ha sido muy diferente. Mirar a Jesús,
tratar de expresar lo que Él hace, lo que Él piensa y cómo trata a las
personas, me está cambiando la vida. No sé qué pasará en la Semana Santa
y mucho menos después de estos días. Antes me preocupaba por mi
actuación, hoy me preocupa si sabré dar el rostro de Jesús. Me parece
que este encuentro con Jesús va a cambiar mi vida y mi forma de pensar.
Siento como si se fuera a repetir la misma historia de Jesús y que no es
una mera representación”.
El inicio de la
Pascua
Ya está todo listo. Los
personajes han aprendido bien su papel y están dispuestos a participar
como cada año en la representación de la Semana Santa. Miles de
espectadores se agolparán en torno a los nuevos “nazarenos, verónicas y
marías” que escenificarán la Pasión en nuestros pueblos. Otros,
aprovechando los días de vacaciones, preferirán descansar en las playas
de moda, en los ríos o las pozas cercanas al pueblo. ¿Representación?
¿Vacaciones? ¿Recuerdo? La Semana Santa no debería ser un mero recuerdo,
la pasión de Jesús se renueva en medio de nosotros cada día, su muerte y
su resurrección están a cada momento en nuestras vidas. No se trata de
representar, de ser actores, se trata de vivir, de encontrar a Jesús, de
sentirlo en nuestras vidas, de “revivir” en nosotros su muerte y
resurrección.
Domingo de Ramos
Domingo
de Ramos es un día pleno de contrastes, luces y sombras, de un sabor
agridulce. En un momento se llenan nuestras calles con los gritos de
¡Viva Cristo Rey!, ¡Hosanna al Hijo de David!, y momentos después
resuenan en nuestras iglesias las trágicas palabras de la Pasión, como
nos la narra San Mateo, y se van sucediendo, paso a paso, la entrega, el
beso de la traición, la negación de Pedro, las burlas y las aclamaciones
irónicas de los soldados: “¡Viva el rey de los Judíos!”, los gritos de
“¡Crucifícalo!”, hasta la última exclamación en la cruz: “Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has abandonado?”, para que Jesús dando un fuerte grito,
expire. Es la dolorosa realidad que cada día se hace presente en
nuestras vidas. Por una parte se exalta al hombre, se le alaba y por
otra se le desprecia, se le tortura y se le aniquila. Escuchamos la
proclamación de los derechos humanos, la exaltación al respeto y a la
igualdad de la mujer, se defiende apasionadamente a los niños y a los
pobres, y los noticieros dan cuenta de abusos, de drogas, de
violaciones. Es la pasión de Jesús vivida cada día en la persona de cada
hombre y mujer.
Rostro sufriente
El rostro del Siervo de
Yahvé esbozado por Isaías es la primera lectura viene a darnos el
sentido de este domingo y de toda la Semana Santa: el rostro de un
personaje humillado, despreciado y torturado que sin embargo viene a
ofrecer palabras de aliento y a confortar al abatido. Contemplamos al
Cristo humillado, preso, solitario pero al mismo tiempo estamos
encaminados y ya sentimos en medio de nosotros los aires de la
resurrección. La invitación este día nos convoca a leer en primera
persona y en tiempo presente toda la Pasión de Jesús. Encontraremos
grandes similitudes en cuanto al sufrimiento, al desprecio, a la tortura
de Jesús con lo que sucede en nuestros días. Cristo es de nuevo
crucificado en cada hermano y hermana que está sometido al peso de la
cruz. Pero al mismo tiempo cada palabra, cada gesto de Jesús, son un
cuestionamiento del sentido profundo de nuestra vida, de nuestra
concepción del Reino de Dios y de nuestro compromiso como hermanos.
Miremos y contemplemos al Jesús que no quiere usar la espada para
defenderse de los guardias: “Vuelve la espada a su lugar…” y que aparece
como el rey de la justicia y de la paz.
“Sálvate a ti mismo”
Domingo de Ramos es el
domingo de Jesús pero también es el domingo del hombre, porque se
culmina con la proclamación de la grandeza del hombre, pues cualquier
hombre o cualquier mujer son tan importantes que valen la sangre de un
redentor. El amor de Jesús mantiene su palabra en la cruz, no disminuye
ni cuando está reducido a la impotencia. Cristo muere gritando su amor
por todos nosotros, su grito angustioso en la cruz es al mismo tiempo el
grito de su última declaración de amor. Y nosotros debemos dejar
que ese grito penetre en lo profundo de nosotros y no conformarnos sólo
con oírlo. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los
amigos” había enseñado y ahora lo manifiesta clavado en la cruz.
La Semana Santa debe
vivirse en este gran amor de Jesús, pero al mismo tiempo debe vivirse en
un fuerte reclamo por la dignidad del hombre. No podemos vivir una
Semana Santa sin compromisos, sin atención al hermano. Que cada una de
las palabras de Jesús encuentre eco en nuestro corazón. ¿Habrá tiempo
para escuchar a Jesús? ¿Habrá tiempo para aceptar la manifestación de su
amor hacia nosotros? ¿Estaremos demasiado ocupados? ¿Lo dejaremos
muriendo en soledad, en la cárcel, por el hambre y el abandono? Semana
Santa: tiempo de Jesús y tiempo del hombre verdadero.
Padre Bueno que nos has
dado como modelo a tu Hijo, nuestro Salvador, hecho Hombre, humillado
hasta la muerte de cruz, haz que participando vivamente en su Pasión,
manifestemos y vivamos nuestra fe en su Resurrección. Amén
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