 |
SEÑALES
DE RESURRECCIÓN
DOMINGO II DE PASCUA
+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San
Cristóbal de las Casas
“Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas
las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por
miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y
les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró
las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al
Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el
Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de
decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al
Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les
quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les
quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no
estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos
le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si
no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi
dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su
costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta
cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo
en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”.
Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu
dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas
dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios
mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos
los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus
discípulos, pero no están escritos en este libro. Se
escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el
Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida
en su nombre”.
Jn 20, 19-31
Zacario
Al momento de
nuestra visita al penal del Amate, Zacario llevaba ya 28
días en huelga de hambre. Esperábamos encontrar un hombre no
solamente debilitado físicamente, sino quizás agresivo o
falto de coordinación. Sin embargo encontramos un hombre muy
joven que ya lleva cinco años en la cárcel; que, por todos
los testimonios, tenemos la seguridad que es inocente; y sin
embargo refleja una gran paz y una determinación que
asombran. “Ya no creo en promesas. He iniciado mi huelga de
hambre y quiero participar del hambre y el sufrimiento que
tuvo Jesús. Él aguantó el hambre en el desierto durante
cuarenta días. Yo espero que aguante hasta que tenga la
seguridad plena de mi libertad. Un documento firmado y
sellado que garantice que voy a salir libre es lo único que
hará que yo deje mi huelga de hambre” Y así continúa
hablando de las injusticias que hay en la cárcel, de las
torturas y de la inocencia de muchos de los presos. Sabe que
está en peligro de muerte, pero dice: “mi muerte y mi dolor
ayudará a que otros salgan libres”. A los 34 días, el martes
santo, con el papel en la mano debidamente firmado y
sellado, suspendió su huelga de hambre y fue puesto en
libertad. Quedan sus hermanos y otros muchos presos en
huelga de hambre.
A las
pruebas…
Estamos en un
mundo en que han perdido credibilidad la palabra, los
tratados y las promesas. Se sostienen mientras son útiles a
una parte, se quebrantan o modifican al propio gusto. Se
manipula la verdad con publicidad, se engaña y distorsionan
los acontecimientos. Se promete, se jura y después todo
queda en el olvido. Quizás por eso hemos caído en la
desconfianza y en el escepticismo. Nada nos entusiasma y
queremos, igual que Zacario, pruebas claras y contundentes;
igual que Tomás, no creeremos hasta no meter nuestros dedos
en el agujero y hasta no meter la mano en el costado. Somos
incrédulos, así nos ha hecho la vida.
¿Y los que nos
consideramos creyentes? Vivimos a menudo como los discípulos
del Evangelio, “al anochecer”, “cerradas las puertas”,
temerosos, asustados “por miedo a los judíos.
Estamos inmersos en la vieja creación; no hemos visto ni
experimentado al Resucitado, la humanidad nueva parece
ausente de nuestras vidas. Pero el mundo busca señales,
quiere creer, está ansioso de pruebas que le devuelvan la
esperanza y este domingo nos exige señales verdaderas que
nosotros podemos ofrecer a un mundo sumido en las dudas y la
desesperanza.
Señales
La paz que
ofrece Jesús, la alegría que experimentan los discípulos, el
perdón otorgado, el regalo del Espíritu Santo y la vida que
se transmite, vienen a contrastar fuertemente con la actitud
anterior de los discípulos. Es más, se habla ahora del
primer día de la semana, el día de la Resurrección, que nos
invita a la construcción de un tiempo nuevo y de una vida
nueva. Por si fuera poco, la primera lectura, tomada del
libro de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta un
sumario, quizás idealizado, pero que es la más clara señal
de que se sigue a Cristo resucitado: la reunión constante
para la enseñanza, para la vida en común, para la fracción
del pan y para la oración. La vida de comunidad,
compartiendo no sólo el pan sino la propia existencia, es la
mejor señal de que Cristo está Resucitado. ¿Estaremos dando
esta señal quienes nos decimos discípulos?
Shalom
La paz que
ofrece Jesús, el Shalom soñado por los antiguos
israelitas, no consiste en esa paz lograda a base de muros
para contener al adversario o para no mirar al que piensa
diferente. El Shalom es la verdadera armonía
encontrada entre los que nos reconocemos hermanos. De ahí
brota la comunión, koinonía, que nos lleva a
compartir lo nuestro y lo que somos con los demás. No habrá
una verdadera paz cuando está fundada en temores, amenazas y
vetos que disfrazan las relaciones y fomentan odios. Hoy la
palabra “paz”, desgraciadamente, apenas significa ausencia
de guerra, cese de hechos violentos de sangre, o el no tener
conflictos personales. En la cultura bíblica designa la
armonía del ser humano consigo mismo y con los demás, con la
naturaleza y con Dios, el disfrute gozoso y exultante de la
vida, la convivencia en el respeto y la justicia. Queremos
paz pero con respeto y con justicia. Y hoy Jesús repite
incesante su saludo, también para nosotros: “La paz esté con
ustedes”.
El mundo
pide señales
Tomás tiene
razón en exigir las pruebas del resucitado, nuestros
contemporáneos también tienen toda la razón y el derecho en
exigir esas pruebas de que Jesús ha resucitado y solamente
los podremos convencer si somos capaces de vivir en paz, en
armonía, compartiendo y dando, mirando al otro como hermano.
Sólo si metemos nuestros dedos en las llagas del hermano que
ha sido sacrificado y nos comprometemos con él, sólo si
metemos la mano al fuego por el hermano que está en el
dolor, sólo si reconocemos las heridas de Jesús en cada uno
de los hermanos, haremos creíble la Resurrección de Jesús.
Señor mío y
Dios mío, que pueda descubrirte en las llagas y heridas de
mis hermanos, para amándolos y compartiendo con ellos, pueda
encontrar la verdadera paz que tú me ofreces. Amén
|
 |