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A LA HORA DE ESCOGER
Domingo XVII del Tiempo Ordinario
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+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San
Cristóbal de las Casas
“En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los
cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que
lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y
vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en
perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y
vende cuanto tiene y la compra.
También se parece el Reino de los cielos a la red que los
pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces.
Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y
se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en
canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de
los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de
los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el
llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?” Ellos le contestaron: “Sí”.
Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en
las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de
familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas
antiguas”
(Mt 13, 44-52).
Hongos venenosos
Dos ancianitos se debaten entre la vida y la muerte, el
médico pasante hace esfuerzos desesperados para rescatarlos
pero la clínica rural es un desastre. Con apenas unas
cuantas medicinas y unas improvisadas sondas trata de
limpiar el estómago de los ancianitos. “Es que comimos
hongos y al rato empezaron a vomitar, a quejarse y a ponerse
mal” explican los angustiados nietos. No son las primeras
víctimas que la ignorancia o confusión provocan en la sierra
mazahua. “Parecería que todos saben muy bien cuáles son
comestibles y cuáles no. Es uno de sus comidas favoritas y
sin embargo año con año se presentan nuevos casos, algunos
fatales, de intoxicación por hongos venenosos. Hay quien
quisiera prohibir el consumo y la venta de toda clase de
hongos, pero son muy sabrosos y complementan su
alimentación” Trata de explicar el médico. “Así como hay
unos hongos que dan vida, hay otros que llevan a la muerte y
qué difícil es distinguirlos”
Tesoro y perla
Aunque hemos escuchado muchas veces las parábolas de Jesús,
siempre presentan alguna novedad al hacer una nueva lectura.
Hoy Jesús nos habla del Reino en términos de descubrimiento
y de encuentro. Se descubre “un tesoro escondido en el
campo”, se descubre “una perla de gran valor”, casi como por
un golpe de buena suerte, como sacarse la lotería. Solamente
que adquirirlos tiene su costo: hay que renunciar a todo lo
demás, hay que desprenderse de cuanto se posee; tanto el
campesino como el comerciante dejan todo para adquirir “lo
que es más importante”. Pero las dos pequeñas parábolas nos
presentan algo que hoy parece habérsenos olvidado: llenos de
alegría y a toda prisa se deshacen de lo demás para adquirir
el preciado don. Es la alegría de encontrar el Reino. No
como una carga que se impone, sino como una riqueza que
llena y da plenitud. No necesitan nada más, no van a
acumular más, ese tesoro basta para dar la plena felicidad.
Encontrar a Cristo, encontrar su Reino nos llena de la
verdadera alegría.
Radicalidad del Reino
Yo lo siento como un reclamo a la actitud que vivimos los
cristianos actuales: descubrimos a Cristo pero no estamos
dispuestos a lanzarnos a la aventura. Vivimos la gris
mediocridad de sabernos bautizados y no nos arriesgamos a
apostar todo a favor de Jesús. En las parábolas, el Reino no
es un añadido más, sino que es todo lo que se quiere y se
necesita poseer. El Reino es el único valor y hace
superfluas todas las demás riquezas. Lo demás se puede
suprimir, no hace falta. No se llega al Reino acumulando
bienes, sino dejando todo lo que estorba. Ni el campesino ni
el mercader buscan más cosas. Nosotros hacemos al revés,
parece que hemos alcanzado el Reino pero buscamos puestos,
seguridades, títulos o garantías. Somos calculadores y muy
prudentes. No nos confiamos plenamente de Jesús y buscamos
otros apoyos. Hoy Jesús nos exige tomar radicalmente su
Reino. Es más hay quien toma al Reino como negocio para
revenderlo, para sacarle provecho y utilizarlo. ¿Qué
importancia le damos al encuentro con Jesús en nuestras
vidas? ¿Es realmente un tesoro?
Escogiendo valores
Una de las más grandes desgracias de nuestro tiempo es la
escala de valores que rige nuestra sociedad a la cual se
apegan muchísimas personas en busca de felicidad. Una escala
que nos domina y manipula. Hay quienes, con culpa o sin
ella, están atrapados en el anzuelo de engañosos tesoros que
los alienan y dividen. El placer, la droga, la ambición de
poder, el deseo incontrolable de bienes, el alcohol, la
sexualidad desenfrenada, la buena vida, y otros atractivos
por el estilo, son los valores que nos mueven en la
actualidad. Por estos “tesoros” estamos dispuestos a dar
casi todo. O bien hay quienes teniendo ideales, luchan de
una manera tan débil y tan tibia que fácilmente ceden ante
cualquier problema. No se entregan plenamente y al final
piensan que todo da lo mismo. Pero Jesús hoy nos asegura lo
contrario. Las dos primeras parábolas de este domingo nos
colocan de frente al tesoro importante y las otras dos
pequeñas parábolas, no colocan en una actitud de
discernimiento. “Cuando se llena la red, los pescadores
la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados;
ponen los buenos en canastos y tiran los malos” No es
verdad que da lo mismo cualquier religión, no es verdad que
cada quien puede vivir como quiera. Cristo nos presenta el
Reino y valores como piedra de toque para nuestra vida y nos
exige distinguir lo bueno y lo malo. ¿Cuáles son los valores
que mueven a nuestra comunidad? ¿Cuál sería mi escala de
valores? ¿En realidad mi esfuerzo y el tiempo que dedico a
cada una de mis actividades corresponden a la escala ideal
que me propongo?
La última parábola de apenas dos renglones nos da una
actitud muy positiva en la vida: extraer lo mejor de cada
momento. Hay quienes piensan que todo tiempo pasado fue
mejor y se quedan anclados en el pasado; hay quienes se
encandilan por cualquier novedad y parecen veletas a la
espera de un viento nuevo. Cristo nos pone la comparación de
un escriba sabio que va escogiendo lo mejor de cada momento.
Cada etapa tiene sus valores pero es necesario escoger y
actuar conforme a los valores de Jesús. Y los valores de
Jesús son el Reino, el amor al prójimo, la voluntad de su
padre, el perdón y el servicio. ¿Cuáles valores rescato para
mi vida de lo antiguo y cuáles valores nuevos voy
adquiriendo? ¿Cómo juzgo tanto lo nuevo como lo antiguo?
Dios, Padre nuestro, concédenos sabiduría para descubrir el
significado y la importancia del Reino que tu Hijo anunció e
inauguró entre nosotros; que lo acojamos en nuestra
existencia como el tesoro más precioso, y que dediquemos a
él toda
nuestra vida. Amén.
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