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JESÚS, ¿UN FANTASMA?
Domingo XIX del Tiempo Ordinario
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+ Enrique Díaz Díaz
Obispo Auxiliar de San
Cristóbal de las Casas
“En aquel tiempo, inmediatamente después de la
multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos
subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla,
mientras él despedía a la gente. Después de despedirla,
subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba
él solo allí.
Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas
la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada,
Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los
discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y
decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero
Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy
yo”.
Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti
caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro
bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia
Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo,
comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!”.
Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le
dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que
estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo:
“Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”
(Mt 14, 22-33).
“Los sombrerones”
Todos los pueblos, sobre todo donde se conserva una
tradición rural, tienen sus mitos y tradiciones. Oxchuc y
sus alrededores no es la excepción. “Los sombrerones cuidan
el agua de los cerros, protegen los manantiales y no
permiten que nadie entre a las cuevas”, me explican los
habitantes de Jobiltón. Cada quien hace su descripción de
los imaginarios personajes, me dan a conocer las ofrendas
que año con año deben presentarles para que no sufra daño la
comunidad y para que no falte el agua. Hay quien afirma
haberlos visto sobre todo en los tiempos en que deben
acarrear el agua en la penumbra de la madrugada y tienen que
ir hasta el pequeño manantial para alcanzar un poco del
vital líquido. Otros cuentan historias asombrosas sobre cómo
los irrespetuosos e incrédulos quedaron atrapados en el
interior de las cuevas. En fin, circulan fantásticas
leyendas en todos los alrededores sobre los “sombrerones”,
fantasmas protectores o dañinos, según la experiencia y
apreciación de cada persona. “Los sombrerones” son parte de
la vida y cultura del pueblo.
En medio de la tormenta
El episodio de Jesús caminando sobre las aguas es
sorprendente y provocador. Jesús surge entre la neblina de
la madrugada y hace saltar entre los pescadores asustados
los fantasmas más ancestrales. Los discípulos eran marineros
experimentados y curtidos. En muchas ocasiones les había
tocado luchar y trabajar en el fragor de la tormenta en
medio de los vientos. Pero toda esta escena, sin quitar el
realismo evidente, tiene mucho de simbólico. Desde que
acompañan al maestro van apareciendo constantes dificultades
que obstaculizan la construcción del Reino: la oposición de
las autoridades tanto civiles como religiosas, la presión de
la gente, la lucha por el poder que no entiende Jesús, la
exigencia de despojo, el cargar la cruz, el servicio como
primordial, el perdón y tantas otras novedades que les va
clavando Jesús en el corazón. Es una tormenta que se abate
sobre la pequeña comunidad de discípulos. Y por eso esta
narración se mueve en los dos niveles: la narración de un
acontecimiento para manifestar a Jesús y, por otra parte, la
justificación de un proyecto nuevo de Jesús que a ellos
pueden parecerles muy atrevido, diferente y contrastante. En
los dos casos, Jesús se muestra no como un fantasma, sino
como alguien muy cercano que tiende la mano, que los lanza a
caminar sobre las aguas de la inseguridad y del miedo, que
es hijo de Dios.
Jesús, ¿un fantasma?
También hoy, Jesús aparece para mucha gente como un fantasma
y le tienen miedo. Un fantasma que con su doctrina de
igualdad y liberación puede poner en riesgo el sistema
neoliberal; un fantasma que con su pasión por la vida y por
el respeto a la dignidad de cada persona, cuestiona las
ambiciones y la vida placentera a la que el mundo convoca;
un fantasma que con su exigencia de rectitud y justicia pone
en evidencia la economía del más fuerte. Un fantasma que
cuestiona toda nuestra filosofía actual, porque nos dice que
hay más importancia en el servir que en el servirse; que hay
mayor valor en el dar que en el apoderarse; que es más
grande el más pequeño. Y a este “fantasma” se le ataca, se
le denigra o se le desprecia. Preferimos ignorarlo, o decir
que es invención y lo dejamos a un lado. Sin hacerle mucho
caso, con un poco de temor, sin comprometernos con él. Y sin
embargo Jesús nos dice: “Tranquilícense y no teman. Soy
yo” con todo lo que estas palabras indican. La
manifestación de un Dios, “Yo soy”, que viene a dar
paz y a tomarnos de la mano. Un Dios que navega con nosotros
en medio de las peores tempestades. No viene para quitar las
tempestades, sino para asegurarnos su presencia en medio de
ellas y junto con Él vencerlas a pesar de nuestros miedos.
¡Sálvame, Señor!
En contra de lo que muchas veces pensamos, no es malo el
miedo que despierta en nosotros el enfrentarnos a una
situación de peligro o de inseguridad. Es el instinto de
conservación, la señal de alarma, que nos pone en guardia
ante el peligro. El grito de Pedro, “¡Sálvame, Señor!”,
es el grito de todo cristiano que confía firmemente en su
Señor a pesar de sus miedos y angustias. Todo parecería
seguir igual después de este grito, su oración y clamor no
lo dispensan de buscar soluciones concretas y comprometidas
a sus problemas. Pero todo cambia si en el fondo de su
corazón se despierta esa confianza en Dios. Dios no es un
fantasma, como algunos han querido hacernos ver. El concepto
de Dios no es una creación humana para dar solución a
nuestra ignorancia. La experiencia de Dios, el sentirnos en
su mano, es el paso más decisivo de nuestra existencia para
encontrar nuestra verdadera esencia y nuestra plena
realización. Dios es una mano tendida que nadie nos puede
quitar, no es un fantasma. Jesús es el amor de Dios hecho
mano que salva, que acompaña, que consuela, que atiende.
Con frecuencia, aunque no lo digamos explícitamente, hemos
querido reducir a Jesús a una especie de fantasma, a una
imagen o amuleto… y solamente acudimos a Él, en contadas
ocasiones, pero no para los momentos importantes y decisivos
de nuestra vida, no para el acontecer diario donde se
fraguan las grandes obras… ha quedado como fuera de nuestra
vida. En la narración de este domingo me impresiona este
Jesús tan cercano, que se da tiempo para despedir a la
gente, que le roba tiempo al descanso para hacerlo plegaria,
que acompaña al discípulo en la tormenta, que nos lanza a
caminar sobre las aguas de los miedos y temores, que tiende
la mano a quien se hunde ¿Cómo vives y experimentas a Jesús
en tu vida? ¿Cómo lo haces presencia en tu diario caminar?
¿Cómo te dejas acompañar de Él en tus miedos e
inseguridades? ¿A qué le temes de la propuesta de Jesús?
Dios eterno y todopoderoso, a quien confiadamente podemos
llamar ya Padre nuestro, haz crecer en nuestros corazones el
espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que podamos
enfrentar con gozo las dificultades de la vida, venzamos
nuestros miedos y egoísmos y sintamos siempre la mano amiga
de tu Hijo que nos acompaña. Amén.
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